Autoleete el tarot

Sí, es posible. No hace falta ser una experta para poder recorrer este universo y tener una conexión con tu interior.
Crédito: Nicole Arcuschin
Sí, es posible. No hace falta ser una experta para poder recorrer este universo y tener una conexión con tu interior.
Cecilia Tedin
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7 de diciembre de 2014  • 00:00

Una imagen vale más que mil palabras, reza el famoso dicho. Y si querés comprobarlo, ¡preguntale al tarot! No vas a ser la primera en sucumbir ante la fuerza y la fascinación de este lenguaje –sí, ante todo, es un lenguaje, visual y simbólico– que cada día gana más peso como una poderosa herramienta de guía y autoconocimiento. Tal vez por su costado lúdico, su poesía y su belleza, el tarot tuvo desde siempre una gran cantidad de seguidores y adeptos, muchos de ellos famosos: Salvador Dalí, André Breton, Xul Solar, la artista plástica Silke y Osho son algunos de los fans que lo usaron y se animaron también a diseñar sus propios mazos. Pero hubo también filósofos, teólogos y psicólogos que lo estudiaron, entre ellos, Carl Jung en el siglo XX, que lo proponía como un camino de crecimiento personal, tomándolo como un mapa de viaje en el que cada carta funcionara como un reflejo de nuestra propia experiencia interna.

El origen exacto del tarot es incierto; la tradición cuenta que surgió entre el año 1000 y el 1500 en las cortes del norte de Italia, como fruto del intercambio entre sabios de las religiones católica, judía e islámica. Lo que sí es seguro es que surgió como un juego –un juego social del cual proceden muchos de los juegos de cartas que usamos hoy en día– y que, más allá de su uso adivinatorio, fue cobrando peso como espejo de la conciencia y como camino de crecimiento espiritual. Tanto es así que, a fines del siglo XIX, investigadores del esoterismo anunciaban que sería una de las herramientas espirituales más importantes para Occidente en el siglo XXI. ¿Entonces, estás lista para probarlo y escuchar lo que este amigo sabio tiene para decirte?

¿QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA?

Está organizado a base de arquetipos que funcionan a través del principio de correspondencia –como es arriba es abajo, como es adentro es afuera–. Son como espejos en los cuales podemos leer en qué aspectos de nuestro desarrollo estamos fluyendo y en cuáles estamos estancados. En su mayoría, los mazos tienen la estructura de 22 arcanos mayores y 56 menores con que hoy lo conocemos –78 cartas que se organizan en un gran mandala para representar el mundo–.

Los arcanos mayores se pueden leer como un viaje del héroe –desde el loco hasta el mundo– y mezclan en sus imágenes dioses antiguos con iconografía cristiana y escenas de la vida cotidiana. Los arcanos menores se dividen en cuatro palos, cada uno con 14 cartas: los números del 1 al 10, más el paje, el caballero, la reina, el rey. Es fácil encontrar la analogía entre los palos y los cuatro elementos: las espadas están vinculadas con el aire, el mundo mental; las copas, con el agua, el mundo emocional; los oros, con la tierra, el mundo material; los bastos, con el fuego, el mundo creativo, sexual.

¿POR QUÉ ESTÁ BUENO LEÉRTELo A VOS MISMA?

Desarrolla la intuición: con el tiempo y la práctica, se va activando cada vez más el lado derecho del cerebro y se van abriendo niveles de intuición muy fuertes.

Moviliza tu crecimiento personal: más allá del costado adivinatorio, es una poderosa herramienta de autoconocimento que te reconecta con tu guía interior y con tu recorrido heroico fundamental.

Lo podés usar en cualquier momento: como esa amiga cercana a la que llamás cuando querés un consejo, ¡está siempre a mano cuando lo necesitás!

Es fácil de transportar: podés llevar el mazo en la cartera o en un bolso si te vas de viaje y tenerlo a mano para cualquier consulta. Incluso hay mazos en tamaño extra small. ¡El saber no ocupa lugar!

Es económico: la plata no es un impedimento. Existen mil formatos, presentaciones y calidad de cartas, pero hay opciones súper accesibles online, tiendas especializadas y librerías.

CONSEJOS A LA HORA DE PREGUNTAR

A medida que vayas practicando, encontrarás tu propio estilo, pero si querés, para empezar, cerrá los ojos y conectate con la pregunta. Después, mezclá bien las cartas, cortá (preferentemente con la mano izquierda, la del corazón), desplegá el mazo boca abajo y dejate llevar por la intuición hasta elegir la carta que sientas que te va a dar el mensaje.

Tomate tu tiempo: elegí un lugar en el que te sientas cómoda. Si querés, podés utilizar un paño –muchos lo usan de color violeta, el color de la transformación– para desplegar las cartas.

Lectura: una opción simple es sacar una carta cada día, visualizarla y meditar unos minutos en torno a qué te quiere transmitir. Otros sugieren la variante de preguntar en tercera persona, como si fuera otra la que está sentada enfrente: "¿Cuál es el mayor obstáculo de Fulanita con respecto a este problema?". Podés ir variando los lugares y viendo qué sentís al alternar entre la que pregunta y la que interpreta la respuesta.

La pregunta: está bueno que la formules en el presente. En vez de plantear: "¿Voy a conseguir trabajo?", preguntá: "¿Qué es lo que me impide hoy encontrar trabajo?". El tarot te va a mostrar dónde está la traba y qué es lo que tenés que hacer para que los aspectos inconscientes se unan con los conscientes y vayan en la misma dirección.

¿Cómo interpretarlo? Muchos mazos vienen con manuales que te pueden servir de referencia. No tengas miedo, acordate de que el significado no es literal y no hay arcanos mejores o peores, solo situaciones fluidas o estancadas.

¿Con qué frecuencia usarlo? No hay una regla. Podés hacer preguntas puntuales cada tanto o armar una rutina diaria. Pero acordate de que, en definitiva, es un lenguaje sagrado; tratá de no abusar, así no te confunde.

Los arcanos mayores

El Loco: irrupción de lo nuevo.

El Mago: el comienzo, la conciencia creadora.

La Papisa o Sacerdotisa: dualidad consciente e inconsciente. Lo profundo femenino.

La Emperatriz: crecimiento, vitalidad y fructificación.

El Emperador: el padre. La ley. La forma.

El Papa: el sentido. El comienzo de la espiritualidad.

El Enamorado: la decisión libre. La afirmación del corazón.

El Carro: poder de la voluntad personal, deseo consciente, independencia.

La Justicia: balance, equilibrio, armonización.

El Ermitaño: sabiduría e iluminación interior.

La Rueda de la Fortuna: la Totalidad en movimiento. Fin y comienzo de ciclos.

La Fuerza: fortaleza. Autoestima, nobleza.

El Colgado: suspensión, espera, no actuar según nuestra voluntad.

La Muerte: transformación, transmutación hacia algo nuevo.

La Templanza: la sanación. Alquimia y fluidez entre los opuestos.

El Diablo: traer a la luz y superar los aspectos oscuros.

La Torre: la destrucción de las estructuras rígidas. La caída del ego.

La Estrella: la esperanza. El crecimiento. La conciencia en expansión.

La Luna: la receptividad, lo inconsciente. Superar el umbral del miedo.

El Sol: la luz creadora. Claridad, lucidez, conciencia.

El Juicio: retomar y cerrar el pasado, recapitulación. Renacimiento, renovación.

El Mundo: unión total. Realización. Llegar a la meta, la completitud, el logro, el éxito.

Para leer

Crédito: Nicole Arcuschin

La vía del tarot, de A. Jodorowsky y M. Costa. Ed. Siruela - $167.

Jung y el tarot, de Sallie Nichols. Ed. Kairos - $300.

¿Te animás a leerte el tarot? Más sobre la movida del tarot y qué carta rige tu vínculo de pareja .

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