Axel Kuschevatzky: la alfombra roja, a sus pies

Ganó un Oscar en 2010 y va por más. Mientras Relatos salvajes bate récords, el productor construye un nuevo cine argentino
Fabiana Scherer
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18 de enero de 2015  

Vos serías un buen productor." Eso le dijo Juan José Campanella a Axel Kuschevatzky en un encuentro que simulaba ser como tantos otros, pero que se transformó en el momento bisagra en la vida de quien hoy goza del prestigio de ser uno de los productores más exitosos de la Argentina. Su apellido de origen polaco y que tantos dolores de cabeza le ha dado a la hora de deletrearlo está ligado a títulos como Relatos salvajes (preseleccionada entre las nueve mejores películas extranjeras para disputar el Oscar), El secreto de sus ojos (con la que ganó un Oscar en 2010), Papeles en el viento (se estrenó recientemente), Tesis sobre un homicidio, Corazón de León, Metegol, Wakolda, El último Elvis y la lista sigue.

"Si Juan no habría visto eso en mí, probablemente no hubiera pasado –reflexiona ante la nacion revista–. Juan tiene un superpoder, el de la mirada. Muy poca gente mira como él."

¿No creés que hubieras llegado a esta instancia de otra manera?

No lo sé. En ese mismo encuentro Juan me propuso trabajar juntos y ahí arrancamos, primero con Metegol [por ser una película de animación, el proceso es más largo] y después con El secreto de sus ojos. Se me cruzó alguna vez, sobre todo por mi admiración a Oscar Kramer [productor cinematográfico fallecido en 2010], pero no fue hasta la charla con Juan que lo vi posible.

Tu debut como productor llegó con un Oscar.

La primera película y pasó lo que pasó. Obviamente, uno aprende sobre la marcha que no todas son El secreto de sus ojos. Pero volviendo a tu pregunta anterior, viste que hay películas que hablan de la vocación, esa que está implícita en uno, como Ratatouille [el film animado de Pixar]; en mi caso creo que se dio más desde la construcción. Todo lo que hice anteriormente –publicidad, periodismo, guionista– me dio las herramientas para llegar hasta acá, para ser parte de este proceso creativo. De alguna forma sabía que me estaba preparando para otra cosa.

No hay duda de que Campanella tenía razón. Basta pensar en lo sucedido hasta ahora y la coronación que llegó con Relatos salvajes. Un camino que comienza a definirse cuando asumís el cargo de gerente jefe de Desarrollo y Producción de Cine en Telefé.

Mi relación con Telefé arranca en 2000 [al frente como conductor de programas y como guionista y adaptador de las sitcoms La niñera, Casados con hijos, ¿Quién es el jefe?] y a fines de 2009 asumo el cargo en el área de cine. Todo este cambio se dio casi en paralelo con la promulgación de la ley de medios, que en el artículo 67 obliga a los canales de cobertura nacional a participar ya sea en la compra, coproducción o emisión de ocho películas anuales. La ley de alguna manera reforzó lo que el canal ya venía haciendo. Somos coproductores, salvo que haya algún acuerdo comercial, de películas que sean consecuentes con la identidad de la marca. Telefé es un productor clave, con una inversión que oscila entre el 10 y 20 por ciento (la ley pide que no upere el 49 por ciento), además de ser parte de todo el proceso. Incluso generamos proyectos, como la remake de La patota, la película de Daniel Tinayre de 1961 que protagonizó Mirtha Legrand, en la que está trabajando Santiago Mitre [El estudiante].

En 2013 estuviste asociado a cuatro de las películas más vistas –Metegol, Corazón de León, Tesis para un homicidio y Séptimo–, y 2014 lo cerraste con Relatos salvajes, el film que se convirtió en el más visto de todos los tiempos en la Argentina (llevó más de 3.400.000) y ya fue vendido a más de 50 países. ¿Cómo se hace un éxito?

[risas] Las películas no son mejores o peores por los premios, ni mejores ni peores por la taquilla. De hecho hay películas que han sido fracasos y que el tiempo las ha puesto en otro lugar, y otras que han sido muy exitosas y de las que nadie volvió a hablar, como Danza con lobos [el film de Kevin Costner que se quedó con siete Oscar en 1991].

Claro está. Pero detrás de un éxito también hay un gran trabajo.

Hacemos investigación de mercado. Es algo que se hace mucho en televisión. Intentamos saber quién compra las entradas, por qué deciden ver una película en vez de otra, los flujos de público. Qué los motiva a ver una película, si les importa las críticas. Hablamos en términos masivos. Con Relatos... hicimos un laburo muy fuerte. En películas de este tipo, como lo fue también con El secreto de sus ojos, el público es muy amplio y tiene un corte transversal que te permite trabajar desde varias aristas. Con El secreto... teníamos un spot que vendía sólo la historia policial y que trabajamos en los noticieros; teníamos otro que mostraba la historia de amor, que lo mostrábamos en los horarios de la telenovela; otro con los momentos de comedia con Guillermo Francella que metíamos en el segmento de Casados con hijos. Fue como una construcción de muchas películas en una. De esa manera buscábamos llegar a todos los públicos posibles. En el caso de Relatos... lo primero que hicimos fue linkearla con Los simuladores, porque la serie de Szifrón tiene un público amplio y muy fiel. Buscamos establecer la premisa sobre gente que pierde el control, contado por el creador de Los simuladores. En esa primera instancia no se vendió nada más. No queríamos contar todas las anécdotas o rozar algún argumento. Lo más importante era establecer el concepto porque estábamos frente una película diferente, un film episódico que nada tiene que ver con los relatos corales, como Crash [Vidas cruzadas, de Paul Haggis]. Todos confiaron en la estrategia.

Cómo no confiar si fuiste vos el que entregó el piloto de Los simuladores en ese entonces a Claudio Villarruel.

Si hubieras estado en mi lugar y tuvieras las herramientas, ¿no hubieras hecho lo mismo? Cuando leés o ves un material como el de Los simuladores o el de Relatos salvajes querés que exista, que esa historia se haga, sea con vos o con otro.

De las investigaciones de mercado, qué datos son los que tuvieron en cuenta y cómo los aplicaron al film de Szifrón.

Solemos hacer dos investigaciones grandes por año usando mecanismos de Ibope. Lo que obtuvimos es que el cine argentino es mayoritariamente consumido por mujeres de más de 35 años. Ellas son las que llevan a sus maridos o parejas al cine. Por otro lado, también nos encontramos con que el público que menos cine local ve son varones y mujeres de menos de 24. Es un gran problema que tiene el cine argentino porque básicamente no conecta con el público que sí más entradas compra. Con este cuadro de situación armamos un spot para conectar todos estos targets, para atraer a la mujer de menos de 24 y más de 35 y esa era la historia de Érica Rivas, Hasta que la muerte nos separe. De hecho fue el spot al que más vuelta le dimos y lo trabajamos con una frase que pudiera quedar en la cabeza de la gente: Fílmame esto, Nestor. Una vez que la película comenzó a funcionar empezaron a salir con las otras promos que mostraban las críticas internacionales que eran buenísimas y el resto de las historias por separado apuntando a cada uno de los targets. Tanto Telefé como K&S films y El Deseo, que son los productores mayoritarios, y Damián apostaron a esta estrategia, de hecho Szifrón trabajó en la edición de cada uno de los spots. Fue una estrategia muy similar a la que usamos con Metegol y con El secreto de sus ojos: abrís el abanico. El objetivo era muy claro, queríamos que Relatos... se convirtiera en un evento multitarget, que se transformara en algo más que una película, en un fenómeno social, que se instalara como la discusión de oficina del lunes por la mañana.

La masividad sigue teniendo mala prensa en algunos sectores y claramente cargan con los rótulos de pasatista o pochoclera.

¡Es tan subjetivo el concepto de entretenimiento! A mí Michael Bay y sus Transfomers me aburren y es una película taquillera. Relatos... es una película masiva con un código, que entretiene, que despierta interés, que dice cosas. Por suerte me tocó trabajar con productores y directores que no ven lo masivo como un problema, sino como un desafío. Son tipos como Sizfrón, Juan Taratuto, Juan José Campanella, Daniel Burman, Santiago Mitre, que les gusta la narrativa clásica y todos en mayor o menor medida han hecho alguna participación en publicidad o televisión, por lo que entienden el concepto de masividad. Ojalá haya más films como Relatos... que motiven al espectador a acercarse al cine sin dudar. Obviamente no todas las películas van en la misma dirección. No podés forzar a que así sea. En el caso de Damián muchos de sus referentes son directores masivos, como Richard Donner, Robert Zemeckis, Steven Spielberg. ¿Está mal? Además, una película masiva no anula producciones como Jauja [de Lisandro Alonso que también coprodujo Telefé]. El sistema tiene que tratar de proteger la existencia de películas que no son masivas. Creo que debe ser así. Hay que contribuir en sostener ambas cosas.

Hablás de procesos creativos. Por lo general se piensa en el productor como el malo de la película, el que pone la plata y vuelve loco al director.

No, no soy así. Tampoco mi rol queda sólo relegado a la financiación. Los buenos productores son parte del proceso creativo, porque todos estamos tratando de encontrar la mejor versión de la película. No se trata de convertirla en una diferente, sino de dar con lo mejor de la historia. Me gusta la idea de estar trabajando en una película que pagaría por ver. Yo me siento un testigo privilegiado en el recorrido de la realización, de estar rodeado por gente talentosa, porque son los talentosos los que se interesan en tu mirada, en tu comentario. Para mí es muy fuerte mandarle notas de guión a Alejandro Amenábar [lo produjo a través de Telefónica Studios, que preside como director, en el film Regresión, con Emma Watson y Ethan Hawke] o leer un guión delante de un director, u opinar de un montaje. Sinceramente es un privilegio.

Recién decías que te gusta la idea de trabajar en una película que pagarías por ver. Seguís explorando tu costado como espectador.

No podés olvidarte de ese lugar, sería un acto de soberbia. Hago el ejercicio de verme a mí mismo como espectador frente al material. Todo el tiempo me pregunto qué es lo que le puede gustar a la gente. Me imagino cómo podrían reaccionar ante ciertas situaciones. Me gusta ir a la sala a ver la película con gente, pasar por la boletería.

¿Pensaste alguna vez en dirigir?

No, no me gusta. Una de las cosas más lindas de este laburo es la de acompañar el talento. Ser un socio. Me siento más útil de esta manera. De participar, de ser parte del guión [participó en los de Metegol y de El secreto…).

Pero te animaste a aparecer en algunas como actor y hasta pusiste tu voz en películas animadas.

[Risas] Lo que más me divierte es el doblaje. Lo hice en Metegol [el intendente] y en Mi villano favorito [el Sr. Perkins].

Tus hijos te reconocieron [tiene una chica de tres años y un varón de 6 con su mujer, la periodista Patricia Molina].

Es un trabajo que ellos se toman con mucha naturalidad. Julia, por ejemplo, nunca fue a un rodaje, pero a Juan lo llevé al de Todos tenemos un plan y le gustó. Viggo Mortensen trató de convencerlo de que dejara de ser de Boca para pasarse a San Lorenzo. Ahora está enamorado de Santiago Segura [produjo Torrente 5], que estuvo por casa. Es que Santiago es una dulzura de tipo y ahora le dice tío Santi. Le divierte todo esto y lo de las voces. Cuando le preguntan en el cole qué hace su papá, él dice: trabaja en películas. Él ve este universo laboral como si fuera un club de amigos. Es cierto que con muchos tengo una relación personal,

Este año volvés a la alfombra roja de la entrega de los premios Oscar.

Es el decimo primer año que cubro la alfombra para TNT [será el 22 de febrero]. Me divierte mucho. Es una hora en vivo increíble que llega a 45 países y lo ven en más de 80 millones de hogares. Es pura adrenalina y me encanta. Con Liza Echeverría nos llevamos muy bien y con sólo mirarnos nos entendemos. Eso sí, sigo teniendo la fantasía de que me voy a equivocar feo o voy a decir algo tonto al aire. La verdad es que me preparo para estar ahí, veo todo y leo todo lo que hay sobre los nominados. Con los años ya me cruzo con conocidos y con gente con la que ya laburé. Me gusta mucho hacerlo. Recuerdo el año que le dieron el Oscar a El secreto…, muchos me preguntaban a mí por la película.

La patota es una de las apuestas fuertes de 2015 junto con El Clan, de Pablo Trapero. ¿Por qué pensaron en una remake?

Fue Nacho Viale el que me preguntó qué película de su abuelo merecía una remake. No lo dudé y le dije La patota. Y así arrancamos. Lo que tuve claro desde el comienzo es que no quería una remake literal, no hacerla plano por plano, sino tomar diferentes disparadores. Le propuse la idea a Santiago Mitre. Había visto El estudiante, que me volvió loco, y me pareció el tipo ideal para hacerla. Santiago no lo dudó. Ya estamos terminando los primeros montajes. Lo que se va a ver es una película ciento por ciento Mitre. Queremos que cuando ya este lista haga primero un poco de recorrido internacional y estrenarla en el primer semestre del año. Y El Clan [la ciudad hace poco estuvo empapelada con el rostro de Guillermo Francella] es un film muy potente con un Francella increíble [Axel fue el que sugirió en su momento que Guillermo se quedara con el papel en El secreto...]. Trapero se mete con un género que no se trabaja mucho en la Argentina, el true crime. Es una peli brava, está basada en el caso criminal del Clan Puccio, que sacudió al país en los años 80. Francella interpreta al patriarca de los asesinos.

De aquellos primeros años, aún queda intacta la revista La Cosa.

Con Guille [el periodista Guillermo Hernández] nunca dejamos de hacerla. Es parte de un todo.

Un espejo de lo que construyó desde aquellos años en los que atendía un videoclub y sorprendía a Pancho Ibáñez en el programa de preguntas y respuestas Tiempo de siembra. Ahora es tiempo de recoger lo que ha sembrado.

1972

Nació el 28 de octubre en Buenos Aires. Mamá psicóloga y papá pediatra

Cinéfilo

Su pasión por el cine lo llevó a tener un videoclub, a colaborar en diversos medios y hacer su propia revista, La Cosa

Productor

El secreto de sus ojos fue su primera incursión como productor. y en 2010 se llevó el Oscar como mejor película extranjera

El futuro

Kuschevatzky siempre tiene proyectos, y los de 2015 son varios. "Arrancamos el año con Papeles en el viento; le va a seguir El desafío, una comedia para adolescentes. También estrenaremos El Clan; Abzurdah, con la China Suárez y Esteban Lamothe, y después vendrá Truman, con Ricardo Darín, y La patota. No paro nunca."

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