Bienestar digital. Cómo mejorar tu vínculo con la tecnología

Crédito: Elda Broglio.
Laura Marakofsky
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9 de noviembre de 2020  • 14:22

Tecnología: hoy no podemos vivir sin ella, pero cada vez se hace más difícil vivir con ella. A veces, se parece a esa relación tóxica con la que nos cuesta cortar. Otras veces, se cuela tanto en nuestras rutinas que la pantalla de nuestro celular es lo primero que vemos cuando nos despertamos y lo último que vemos cuando nos vamos a dormir. ¿Y en el medio del día? La usamos para trabajar, para estudiar, para socializar, para hacer compras, para tener citas virtuales, para desenchufarnos y ver una serie, también la llevamos al baño y se la damos a los chicos cuando queremos estar un rato tranquilas. Somos conscientes de que en el mundo actual, y especialmente en este contexto, muchas cosas no serían posibles sin tecnología, pero precisamente porque gran parte de nuestra vida pasa por ahí es que es necesario desandar y reenfocar el vínculo que tenemos con nuestros dispositivos. Y quizás, en algunos casos, dar un paso al costado. Es por eso que desde hace un tiempo se viene hablando de bienestar digital y abundan las propuestas basadas en métodos o enfoques diversos para alcanzarlo. Están los que dicen que hay que hacer un detox digital de vez en cuando, los que proponen recortar y modificar hábitos y también los que creen que el camino es el del opt-out, es decir, salirse directamente. ¿Cómo encontrar cierto equilibrio?

Ganar autonomía y control

¿Qué nos está haciendo exactamente la tecnología? ¿Por qué deberíamos observar y moderar su uso? ¿Y de qué hablamos cuando decimos "bienestar digital"? Si bien este concepto puede incluir una amplitud de temas que van desde el uso de la información personal de los usuarios hasta las fakenews, el grooming y otras ciberestafas, hoy en día se entiende como bienestar digital la capacidad para usar y disfrutar de un modo consciente la tecnología, desarrollando una relación saludable y sustentable a largo plazo. Y, ante todo, poniendo el foco en la capacidad de autonomía y control por parte del usuario. ¿Una utopía? Si nos guiáramos por lo que dicen algunos gurús tecnológicos como Tristan Harris, exdiseñador especializado en temas de ética para Google y una de las voces protagonistas de The Social Dilemma, el documental de Netflix, empoderarnos como usuarios parecería un largo camino. Junto con él, en los últimos años numerosas voces desde dentro de la industria se han alzado para llamar la atención hacia las prácticas en el diseño de la tecnología que llega a nuestras manos y usamos todos los días. Mike Monteiro, autor del libro Ruined by Design, lo dice todavía más claro: los diseñadores arruinaron el mundo y no deberíamos sorprendernos respecto de cómo funcionan plataformas masivas como Facebook o Twitter ya que están haciendo lo que deberían y para lo que fueron diseñadas. El creciente impacto negativo de las redes, al punto de ser declarado un tema de "salud pública" en muchos países, ha hecho que las empresas también empiecen a considerar medidas. Incluso se está proponiendo que el desarrollo y diseño de apps tenga que atravesar fases de tests clínicos. Y es que la analogía con el desarrollo de una droga en un laboratorio no se queda corta si miramos el impacto neuronal y psicológico que tienen las redes y sus posibles "efectos colaterales": dependencia, ansiedad, depresión, dificultad para concentrarse, etc. Sin olvidar el detalle de que Argentina se encuentra en el podio de cantidad de personas conectadas más tiempo a Internet, con ocho horas al día al año pasado.

¿Sos tecnodependiente?

La dependencia a las redes sociales no es la única señal de que la tecnología ha moldeado hábitos y colonizado nuestros estados anímicos. El año pasado el periodista Kevin Roose planteó en una editorial para el NY Times, titulada "Cómo dejé mi teléfono y arreglé mi cerebro", la dificultad de muchos usuarios nativos digitales para dejar el teléfono a un lado: "Mis síntomas eran los típicos: me volví incapaz de leer libros, mirar películas o tener conversaciones sin interrupciones. Las redes me enojaban o me generaban ansiedad y no estaban ayudando". Los psicólogos hasta han acuñado un nuevo término para aquellos que dejan de lado a una persona por prestarle atención continuamente a su teléfono, que es "phubbing" (del inglés snubbing, "desairar"). Otro concepto que se volvió viral en las redes fue el de "escuchar con los ojos", en alusión a esas veces en las que creemos estar prestando atención a algún interlocutor, pero estamos con la vista en nuestras pantallas. ¿Acaso nunca te pasó con tu pareja, tus hijos o compañeros de trabajo?

Propiciar el uso con intención

Catherine Price, autora del libro How to Break Up With Your Phone y periodista especializada en ciencia, explica que no se trata de tirar a la basura el teléfono sino desarrollar estrategias para recuperar el control sobre tu tiempo y atención. Esto es: aprender a usarlo "con intención". Si bien existen enfoques más drásticos como comprar celulares que permitan instalar menos apps, pasar las pantallas a escala de grises (es sabido que los colores juegan un rol crucial en la adicción a las pantallas), moderar a quiénes seguimos y el tiempo que pasamos en las redes sociales e incluso tomarse "sabáticos digitales", el enfoque de Price es más simple, aunque quizá requiere mayor introspección: preguntarnos por qué agarramos los celulares en primera instancia y qué otras cosas podríamos estar haciendo en ese valiosísimo tiempo. Sucede que cambiar hábitos lleva tiempo -los expertos en neurociencias dicen que necesitamos, al menos, 21 días-, y que requiere paciencia y constancia. Pero podemos empezar con algunas preguntas disparadoras para autoevaluar tu relación con la tecnología: ¿Qué emociones sentís cuando agarrás tu teléfono o dispositivo? ¿Cómo te sentís luego de usarlo? ¿Con quién estás, qué estás haciendo y en qué lugar estás cuando pasás mucho tiempo frente a las pantallas?

Tecnología sustentable

¿Podemos confiar en que las compañías tecnológicas avancen hacia diseños "más humanos"? Según un estudio comisionado por Google el año pasado, 1 de cada 4 personas ya había hecho cambios en su uso de la tecnología para obtener un mayor bienestar, con la eliminación de apps, la reducción de notificaciones y la cantidad de tiempo dedicada a ciertas aplicaciones. "Todos los usuarios de Google desde su dispositivo pueden conocer el tiempo que dedican a utilizar el celular, tener un registro de cómo lo utilizan, cuánto tiempo se usa cada aplicación, cuántas veces se desbloquea el teléfono, cuántas notificaciones reciben, etc. Esto contribuye a que los usuarios tengan noción de qué manera están usando los dispositivos", explica Florencia Sabatini, gerenta de Comunicación para Google Argentina y Cono Sur. Conocer la fuente de distracción es importante, ¿pero después qué? Paneles de control, guías y recursos para padres y hasta apps de meditación son algunas de las medidas que otras empresas están sumando a sus dispositivos y apps.

"Muchos teléfonos ya propician el bienestar digital, con funciones para monitorear las actividades y maneras de desconectarse -hay un "Modo concentración" y un "Modo relajación"-, opción de bloquear notificaciones, ajustar el brillo de la pantalla y habilitar el filtro de luz azul", dice por su lado Mariano Dascanio, product marketing manager de Samsung Argentina. Pareciera que la misma tecnología es la que nos invita a desconectarnos, pero los especialistas explican que el usuario promedio no solo no las encuentra, sino que tampoco las usa. "Todo el mismo esquema de diseño tan sofisticado e intuitivo que ponen para que hagas determinadas cosas al usar una app está puesto en el sentido opuesto cuando se trata de estas funcionalidades que le permiten al usuario tener más control sobre su uso", detalla Santiago Bilinkis.

Minimalismo digital en 3 pasos

Otra estrategia en boga es el llamado "minimalismo digital", algo así como una versión virtual de Marie Kondo. Así se explica en el libro Digital Minimalism: Choosing a Focused Life in a Noisy World, de Cal Newport, para entender cómo el mundo digital te distrae de las cosas importantes y cómo puede volverse una fuente de significado y satisfacción, haciendo hincapié en el uso intencional de la tecnología como base de su filosofía. Este plan incluye una metodología de limpieza (decluttering) de 30 días que va recorriendo distintos puntos que abarcan más que tu celular, focalizando también en tu espacio de trabajo virtual, como tu escritorio, los archivos de tu compu, email y navegador. Asimismo, se concentra en conceptos claves que luego te van a ayudar a mantener este estilo de vida: la idea de que la soledad es clave, el lado no social de las redes, la importancia de volverse una maestra en el propio ocio y la resistencia de la atención.

  • Paso 1: orden y limpieza. Si de recobrar el control se trata, lo recomendable es empezar por tu computadora/celu sacando todos los programas/apps que ya no uses, eligiendo un wallpaper o fondo de pantalla que no te distraiga y dejando el escritorio despejado y ordenado. Luego la idea es seguir por todos los archivos con una metodología similar: borrar lo innecesario, uplodear lo que menos uses a la nube y, al final del día, borrar los archivos de Descargas, vaciar la papelera y apagar la computadora (no la dejes suspendida).
  • Paso 2: limitar e-mails y notificaciones. Con respecto al infierno que representa el mail (¿sabías que, en promedio, chequeamos hasta 45 veces al día el correo?), se recomienda apagar tus notificaciones, desuscribirse de todo lo que no leemos, intentar no ver el mail antes de las 11 a. m. para poder hacer otro tipo de tareas que requieran mayor profundidad, evitar enviar emails superfluos y, sobre todo, proponerse un determinado tiempo para revisar el correo y, una vez finalizado, cerrarlo y dejarlo.
  • Paso 3: cuestionar nuestros hábitos de navegación. En cuanto a la web y las redes sociales, lo ideal es llevar un registro de cuánto tiempo navegamos, darle unfollow y unfriend a todo lo que sientas que no te aporta, borrar las redes sociales que menos uses o deshabilitar temporalmente cuentas, y usar algunos programas como SelfControl, Cold Turkey, StayFocusd y LeechBlock para evitar distracciones cuando trabajás. Puede que algunas cosas de estas te suenen familiares, pero lo que los expertos explican es que hay que entender que el minimalismo digital es un proceso, así que no esperes resultados de un día al otro..

Expertos consultados: Santiago Bilinkis. Emprendedor y tecnólogo. Autor de Guía para sobrevivir al presente.Sebastián Bortnik Escritor, especialista en seguridad informática y educación. Florencia Sabatini Gerente de Comunicación para Google Argentina y Cono Sur.Mariano DascanioProduct marketing manager de Samsung Argentina.Cecilia Calós Especialista en psicología positiva & mindfulness.

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