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Vinos

Bonarda: 10 vinos para descubrir y enamorarse de la segunda tinta más plantada del país

Joaquín Hidalgo
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26 de octubre de 2019  • 00:47

Los que tenemos algunos años recorriendo las góndolas de los vinos y leyendo o degustando lo que sucede en el mundo de los descorches, hemos escuchado largo y tendido que la Bonarda es candidata puesta al podio de los tintos. Y, sin embargo, rara vez vimos cumplida esta promesa.

La realidad está lejos de ser un panacea. Mientras que la Bonarda circula como un bien preciado entre algunos consumidores, con vinos sobresalientes, para otros continúa siendo una completa desconocida. Y eso que es la segunda tinta más plantada de nuestro país, con 18 mil hectáreas (bastante lejos del Malbec, 42 mil y apenas arriba del Cabernet con 16 mil).

¿Por qué es así?

La mayoría de la Bonarda está plantada en zonas calientes porque, como es una uva de ciclo largo, no madura en climas fríos. Pero en términos generales, en las regiones del este de Mendoza o San Juan, donde hace calor y la uva completa su madurez, se la usa para los vinos más sencillos. Ahí, como es costumbre entre los productores, se la sobremadura ya que está entre las últimas que entran la bodega.

Ese parece ser el error para dar con un estilo atractivo al gran público. Sin embargo, los que están en el punto de madurez correcta, cumplen con el doble propósito de los buenos vinos: por un lado encanta al paladar con buen perfume frutal y boca suave y carnosa; por otro, acompaña bien las comidas, desde las cotidianas a las algo más sofisticadas.

10 Bonarda para descubrir

La Bonarda -conocida en el mundo como Charbono- ofrece ricos tintos cuando está bien hecha. Incluso en las zonas calientes. La fórmula parece rendir frutos en la nueva añada que presentaron ayer en Buenos Aires. Saint Felicien Bonarda (2018, $1200), elaborado con uvas de El Mirador en el Este de Mendoza, ofrece un perfil con una fruta tan delicada e inspiradora, como el paladar carnoso y de frescura moderada.

En la misma línea hay otros Bonarda. Una linda novedad es Proyecto Las Compuertas Charbono (2018, $823) que, usando el sinónimo internacional y echando mano de uvas de Las Compuertas, Luján de Cuyo, propone un tinto de una fruta bien expresiva y paladar amable y jugoso. En un camino similar y con uvas de Maipú destacan La Linda (2018, $375), cuyos taninos mullidos son ideales para una copa aperitiva, y Las Perdices Bonarda (2018, $380), más cargado de tintas y peso en boca.

En otro estilo, que abona la plasticidad de la uva, despunta Colonia Las Liebres (2018, $470). Tinto de un perfume cautivante, el paladar es suelto y fresco, perfecto para las comidas cotidianas y las picadas. De mayor frescura incluso y paladar más fluido, Paso a Paso Bonarda (2018, $460) está elaborada con uvas de Pampa el Cepillo, en Valle de Uco, y resulta un tinto de elevada frescura y paladar fluido.

Completan la alta gama de la variedad un puñado de tintos. Una es El Enemigo Bonarda (2016, $1200), pura suavidad y sabor. Otro Emma Zuccardi (2017, $1508) que, con uvas de Uco, ofrece aromas de fruta negra, paladar jugoso y de frescura elevada. Y un tercero, de estilo encorpado y buenos aromas frutales maduros, Nieto Senetiner Edición Limitada (2016, $950), uno de los clásicos fundadores de la alta gama para la variedad.

Hay muchos más ejemplares en las gamas más accesibles de vinos.

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