Café que no has de beber...

Sabrina Cuculiansky
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22 de febrero de 2015  

No crean a quienes digan que el proceso del oro negro comienza en su cultivo y termina en la taza. Este concepto hace tiempo que fue desterrado, ya que luego de bebernos la untuosa infusión podemos sacarle un gran provecho al grano molido usado.

Entre las opciones más novedosas está la llamada cafeterapia: utilizar el café molido para, entre otras cosas, sanear la piel, tonificar el cuerpo y relajar la mente. En esta técnica que consiste en disfrutarlo sin beberlo se utiliza el grano como materia prima para ungüentos, esencias y baños.

Algunos centros de estética de América latina, Estados Unidos y Europa ya lo utilizan, por sus propiedades desintoxicantes, en los tratamientos corporales y de la piel. ¿Cuáles? Masajes para eliminar las várices y descongestionar la circulación, exfoliación de la piel, peeling con granos tostados –a lo que se suma el efecto estimulante y antidepresivo que produce sentirte envuelto en su aroma al energizar y aliviar el cansancio mental–. Aunque no tan glamoroso, el enema de café es uno de los novedosos tratamientos para la limpieza del hígado.

Hay muchas opciones si la idea es reutilizar el café molido de la mañana en tu casa. Si lo colocás en un vaso dentro de la heladera, neutraliza los olores; lo mismo ocurre que si te lo frotás en las manos y después las enjuagás con agua tibia. Funciona como compost para plantas que necesiten tierra ácida, porque contiene cobre, potasio, magnesio y fósforo. En el ámbito verde también funciona como repelente de hormigas y algunos animales, al esparcirlo en las superficies afectadas. Para una olla muy sucia, basta mezclarlo con agua y jabón y su poder abrasivo y ácido resolverá el tema.

Uno de mis preferidos es usarlo como ambientador gracias a su aroma fuerte y penetrante. Para placares hay que poner el café molido en una bolsita de tela porosa y en un vaso o latita abierta para los ambientes a perfumar.

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