Calentamiento global: nuestra casa está en llamas

Incendios forestales, como los que quemaron 175.000 hectáreas en el país la semana pasada, son un llamado de atención
Incendios forestales, como los que quemaron 175.000 hectáreas en el país la semana pasada, son un llamado de atención Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
Manuel Torino
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5 de septiembre de 2020  

En 2050 Londres tendrá la misma temperatura que hoy tiene Barcelona. Caminar por Madrid se sentirá como hacerlo en una ardiente Marrakech. Y la gélida Moscú tendrá un clima similar al de Detroit. Estas proyecciones surgen de un estudio de la Universidad ETH Zurich, en Suiza, en el que sus investigadores analizaron cómo impactará el cambio climático en más de 500 ciudades de todo el mundo. Sus conclusiones son abrasadoras: de acá a solo treinta años, el 77% de las principales capitales habrán experimentado temperaturas extremas sin precedentes. Y eso que las estimaciones están basadas en escenarios conservadores.

En tiempos de incertidumbre generalizada, algo es seguro: el futuro será caliente. Muy caliente. Buenos Aires tendrá un clima muy similar al que hoy tiene, por ejemplo, Sidney. Según el mismo estudio, el cambio promedio de temperatura que nos espera es de 1,5 grados, con un aumento máximo probable en verano de 2,4 grados. ¿No parece demasiado? En 2003 una histórica ola de calor azotó a Europa. La suba de temperatura fue de 4 grados y le costó la vida a 35.000 personas. Las crónicas cuentan que las familias francesas huían del calor dejando cadáveres descomponiéndose en sus casas de vacaciones.

Y si un peligro inminente de morir por un golpe de calor no es preocupación suficiente, quizás lo sea el golpe al bolsillo. El calentamiento terrestre es una pésima noticia para la economía: un aumento de 2 grados de la temperatura global podría reducir el PBI mundial hasta un 7.5% para 2050, según la consultora Oxford Economics. El impacto es similar al que estiman que nos costará la pandemia del coronavirus.

¿Esto significa que debemos despedirnos de los inviernos fríos y guardar la ropa de abrigo para siempre? No exactamente. El cambio climático es un proceso lento pero acumulativo. Así lo explica la científica e investigadora del CONICET Inés Camilloni: "Existe una tendencia a que los inviernos sean progresivamente más cálidos pero enmarcados en una fuerte variabilidad, esto significa que cada año no es necesariamente y en forma sucesiva más cálido que el anterior".

Pero no hay que esperar a transpirar para darnos cuenta de que ya estamos entrando en la era del calor. Como señala la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la última década ya fue la más caliente jamás observada. El 2016 fue el año más caluroso en la historia de la Tierra. Lo sigue 2019 en segundo lugar. Y el pronóstico para 2020 ya enciende luces amarillas. O rojas, si miramos las elocuentesimágenes satelitales de la NASA mapeando los miles de focos de incendios forestales que en este momento azotan al continente americano desde el Delta del Paraná, pasando por la Amazonia y el Pantanal hasta llegar a California. ¿Están relacionados estos incendios forestales con la crisis climática? Spoiler alert: sí. Aunque muchos de estos fuegos son intencionales, a medida que las temperaturas medias aumentan como resultado de las emisiones de carbono, las condiciones climáticas se vuelven más propicias para los incendios forestales en muchos lugares del mundo, entre ellos Argentina, donde solo la semana pasada ardieron 175.000 hectáreas, el equivalente a ocho veces la Capital Federal, según datos provistos por la ONG Periodistas por el Planeta.

"Más incendios generan más condiciones para la sequía y tanto las masas boscosas como los humedales absorben agua y cuando hay una lluvia intensa, al no tener estas tierras no hay quien absorba el agua y termina yendo a una ciudad o pueblo", dice Inti Bonomo, Responsable de la Licenciatura en Gestión Ambiental de la UADE. Y agrega: "A la vez que propiciamos más sequías e incendios, nos estamos preparando menos para las inundaciones en términos ecosistémicos".

En este punto entra en juego lo que David Wallace-Wells, autor del indispensable best seller El planeta inhóspito llama "el efecto cascada" de la crisis ambiental. Se refiere a que los desastres naturales causados por el ser humano están interconectados y se retroalimentan. Y que cada uno puede desencadenar nuevos desequilibrios con consecuencias inimaginables para la vida tal como la conocemos hoy. ¿Por ejemplo? Un planeta más caliente significa más incendios, lo que a su vez significa menos bosques, lo que a su vez significa menos absorción de dióxido de carbono, y esto a su vez eleva la temperatura del planeta. Y así sucesivamente.

Por otra parte, los especialistas advierten que en el futuro el calor no solo será extremo. Será profundamente desigual. Una reciente investigación del Climate Impact Lab puso el foco en la relación entre temperatura, ingresos y mortalidad. Los resultados revelan que un planeta más caliente no duele igual para todos. "Los impactos del cambio climático no afectan a todas las regiones y personas por igual. En algunas zonas el ascenso del nivel del mar es evidente y una amenaza concreta en el corto plazo. O por ejemplo implica un aumento de eventos extremos en el centro-este de Argentina con olas de calor más severas y duraderas y lluvias intensas que puedan desencadenar inundaciones. Deberemos estar cada vez más pendientes de las alertas ante la ocurrencia de estos eventos y saber cómo actuar para evitar las consecuencias negativas", señala Camilloni.

Hace dos años, una todavía desconocida Greta Thunberg irrumpió en el Foro Económico Mundial, en Davos, y usó una figura para concientizar sobre la crisis climática. "Tienen que reaccionar como si su casa estuviera en llamas", disparó ante un auditorio repleto de los principales líderes globales. En la era del calor, esa frase ya dejó de ser una metáfora. ^^^

El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de www.aconcagua.lat

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