Cambiaso: el hombre detrás del crack

Capaz de afirmar que para practicar el polo no hace falta tener dinero, de compararlo con el fútbol y de confesar que, si no juega, no paga las cuentas. Lo dice en esta entrevista el mejor polista del mundo.
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27 de diciembre de 2009  

Si hay algo relajado, sin apuro, sin tiempo, es el clima que hoy rodea a Aldolfo Cambiaso. Quizá porque sabe que es el mejor, el número uno. El polista que, con La Dolfina, logró triunfar hace pocos días en Palermo. O quizá porque este hombre de 34 años tiene lo que quiere y trabaja sin distraerse para lograrlo. Cualquiera de estos adjetivos le va muy bien: lindo, fachero, bello, buen mozo. Está tranquilo, en su casa de Cañuelas, junto a su mujer, la modelo María Vázquez, con la que hace catorce años comparte su vida. Están también Adolfito, su hijo de 4 años, y Mia, de 6. Nada de lo que ocurre a su alrededor parece fruto de la casualidad. Puro trabajo. Y todo tranquilo, sin estridencias, nada armado para la foto. Ni el mate que pasa de mano en mano y que ceba usando un dispenser. El, Cambiaso, porque ella se lleva su propio termo y sus propios yuyos sin azúcar. El, de jeans y ojotas, con mirada penetrante que no da respiro ni complacencia. Ella, con su cola de caballo, rubia, sin maquillaje, vestido-batón largo y también ojotas. Pocas palabras. Las necesarias. Muchos mimos a los hijos. Nada especial. El pedido de que no saquen fotos a la familia. Un par de mosquitos inevitables.

Si a alguien se le ocurre calificar a la familia Cambiaso de fashion, se equivoca. Les va mejor la definición de glamorosa: "Encanto sensual que fascina", según la Real Academia Española.

Porque Adolfo, cómo él mismo dice, sólo se sube al caballo "para jugar". Dicen que tiene sangre y estirpe de campeón. Dice él que "hay que tratar de ser el mejor y no creerse el mejor".

-Vos encarnás a la persona que pudo mezclar algo de la elite a la que pertenece el polo con lo popular.

-Lo que pasa es que el polo no es de elite. La gente que labura, la gente que realmente es del polo, no es de elite. La gente que va a ver el polo es más de elite. Si vos vas un sábado a la final, el cincuenta por ciento mira el partido y el otro cincuenta...

-Va para mostrarse, para el show de los personajes.

-Exacto. Eso es lo que yo no comparto. Puede ir cualquiera, claro. Lo que yo estoy diciendo a través de traer el fútbol o popularizar el polo es que cualquiera puede ir a verlo. Es un deporte mucho más amplio que ir a hacer "cara" a una tribuna.

-Lo entendiste bien: llevaste a la hinchada de Nueva Chicago...

-Claro, porque creo que todos están equivocados. Una entrada de polo es mucho más barata que una de fútbol. Tiene cosas que nadie sabe, que la gente no sabe. Y a través del fútbol se popularizó mucho, y a través de ShowMatch también. Marcelo Tinelli es un producto muy popular, y creo que le dio una gran mano al deporte, más allá de que se la haya dado a La Dolfina también. Todo esto lo hace más popular.

-Es un poco como el fenómeno que acompañó al tenis en la época de Guillermo Vilas. ¿Cuándo entendiste de qué se trataba?

-Siempre. Lo que pasa es que no tenía la manera ni el acceso para tratar de demostrarlo. Creo que, en los últimos cinco años, el deporte se hizo muchísimo más popular a partir de eso. De no ser tapa en ningún lado -ese año, con Chicago, encima ganamos- a salir en casi todos lados. Hasta en Telenoche, en Telefé, en distintos medios que antes mostraban más la tribuna que el partido en sí mismo. Y eso fue buenísimo, en primer lugar porque muchísima gente que no tenía ni idea acerca del polo se acercó gracias a eso. Me lo dicen, lo siento y lo veo.

-Pero la sensación es que es un deporte para gente que tiene dinero.

-En el interior, la gente que juega al polo no tiene dinero (repite la referencia subrayándola). En el interior del país, si vos vas a Córdoba, Salta, Mendoza, vas a encontrar que hay muchos lugares donde la gente juega un polo de campo, de la misma forma que se puede jugar un picadito de fútbol. Tienen los caballos así nomás, o sea, no son caballos de polo; los ensillan ellos, agarran un taco, una bocha y juegan.

-¿A la gente del polo -a los que juegan y a los que van a ver- le gusta ese fenómeno de popularizarlo?

- (Interrumpe entendiendo al vuelo la idea y contesta tajante) A los que juegan no les molesta para nada.

-No sé si al establishment del polo esto le interesa tanto.

-Yo creo que sí, porque en algún punto, al ser más popular, tienen más sponsors para el torneo, y hoy tienen vendidas entradas que antes no tenían. Hoy vas a todos los partidos de Palermo y están todos casi llenos. Creo que termina sirviéndoles. A la gente de antes, muy de antes, les puede llegar a molestar un poco, pero bueno, el deporte se ha hecho mucho más profesional.

-Es interesante la redondilla (una acción de juego): dicen que es una mezcla de viveza criolla con inteligencia, con habilidad (un poco a lo Messi o Maradona), y que en su momento solamente se la vieron hacer a Charly Menditeguy.

-Sí, es más retener la bocha que otra cosa. Es no rifar bochas. Lo que yo veía en el polo de antes era eso: que se rifaba la bocha, la tiraban para adelante. Hoy, si la tenemos, hay que cuidarla. Ese es el cambio. Hay jugadores de polo que son más divertidos de ver que otros. Volviendo a la redondilla, hoy la hace todo el mundo.

-La harán todos, pero igual dicen que vos sos el artista de la redondilla...

-Lo mismo pasa cuando ves a un Ronaldo, a un Messi, o a un Maradona en su época. Era divertido porque no sabías qué iba a sacar.

-Cuando vas al exterior, ¿jugás con tus caballos?

-Sí. Lo hago desde hace ya dieciocho años.

-¿Van y vienen los caballos o los dejás ahí?

-Tienen una base allá, en Inglaterra y en Estados Unidos, los dos lugares donde juego. Si llego a ir a España, van desde Inglaterra en camión. Siempre tenés una base de veinte caballos en cada sitio, que se quedan todo el año en ese lugar, porque el viaje no les cae muy bien. Tardan un poco en aclimatarse, es un hemisferio distinto. Siempre es bueno tener base de caballos en cada lugar.

-¿Vas con toda la familia todo el tiempo?

-Sí.

-¿Cómo son los tiempos para un jugador de polo?

-A los cuarenta llegás bien, si estás físicamente bien y te sentís útil. El tema es tu cabeza, más que el físico. A veces la cabeza te trae problemas: estar siete u ocho meses fuera de tu país te liquida.

-¿Cuál es tu lugar?, ¿ Buenos Aires?

-Buenos Aires y, hoy, también Córdoba, en un lugar que yo creé, nuevo, donde tengo mi cría de caballos. Pero mi lugar toda la vida fue Cañuelas. Nací y viví acá toda mi vida.

-¿Cómo es vivir cuatro meses en Estados Unidos y cuatro en Londres?

-La verdad es que afuera no me gusta.

-¿Con cuánto dinero contabas cuando empezaste?

-Yo, en realidad, no tenía nada, salvo la ayuda de mis viejos para jugar al polo, en los comienzos. Lo que pasa es que yo tuve una carrera muy rápida.

-¿Con cuántos caballos empezaste?

-En realidad, arranqué con La Martina, que tenía una escuela de polo, y a través de la escuela tenía la posibilidad de jugar seguido. A los catorce años hice mi primer viaje, y a partir de ahí ya iba pateando el colegio, iba dando libre.

-¿Terminaste la secundaria?

-No, porque no pude. Viajaba siete u ocho meses al año. Intenté estudiar particularmente y dar libre. Pero enseguida jugué el Abierto. No. Imposible. No la pude terminar. Ya tenía una carrera por delante. Desde ese momento, ya desde los catorce, me banco solo. Desde ese momento pude hacer mi plata, pude comprar de a poquito mis cosas y fui armándome. Después compré La Dolfina.

-Aparte del polo, ¿en qué sentís que sos diez de handicap?

-Creo que en mi forma de vida. Me gusta; estoy contento con la forma de vida que tengo. Aunque no me gusta viajar tanto.

-Tenés una linda vida, una linda señora, unos lindos chicos. ¡Te armaste un tinglado bien interesante!

-Sí. Estoy bien. Lo único que necesito hoy en día es estar más en mi país. Pero no tengo una empresa que me lo permita. Si no revoleo el taco, no pago las cuentas.

-Sos un tipo que tiene que laburar para vivir.

-(Categórico) Sí o sí.

-No te podés tirar panza arriba.

-Todavía no. Ni cerca.

-¿Cuál es la escena temida, el miedo de cualquier polista?

-El polo es un deporte muy peligroso. De hecho, a mi hermano una caída le arruinó la vida. Quedó en coma tres meses y nunca más pudo volver a jugar, ni a vivir de este deporte. El caballo pesa quinientos kilos: te pasa por arriba y se acabó. Es eso. Pero como yo, en general, tengo tanta confianza con el caballo, no lo pienso. Hay que estar física y mentalmente preparado, y jugar con caballos sanos. Tiene sus riesgos, que podés ir evitando. Pero siempre seguís teniendo riesgos.

-¿Cuánto importa que tengas la cabeza tranquila?

-La cabeza es fundamental. Vos convivís con gente de muchísima plata que te trata de igual a igual; o más, como a un ídolo. Pero vos tenés que saber cuáles fueron tus comienzos, lo que sos, lo que podés ganar y lo que no podés ganar. Vos jugás con gente multimillonaria; ellos quieren que vos seas también multimillonario y no entienden que yo no quiero ser eso, que quiero jugar al polo, divertirme y ganar la plata que me deja revolear el taco y punto.

-¿Cómo se prepara un caballo para que corra como una Ferrari?

-Necesitás un grupo de trabajo. Esto es lo que yo no comparto con la gente de la elite. Hay gente que labura muchísimo durante seis años para lograr un caballo. Ese trabajo la gente no lo ve. Por eso, a la hora de festejar, a mí me divierte hacerlo con esas personas, con las que comparto el trabajo y que son las que me hacen jugar bien a mí.

-¿Sos un poquito fóbico, con respecto a la gente, al público...?

-Y, sí... A mí me gusta estar donde me gusta estar. No miento, en ese sentido. Si no tengo ganas de estar con vos, no estoy. No lo necesito. Pero el esfuerzo lo hago en mi trabajo: tengo que viajar, que no me gusta, y estar en el exterior jugando al polo con gente a la que tampoco tengo ganas de ver; pero ése es mi laburo. Otras cosas, no.

-¿Y cómo fue cuando María bailaba en ShowMatch?

-Ella está en ese medio. María toda su vida compartió y vivió de eso. Lo de ShowMatch fue una cosa que a mí me divierte que haga, y cuando tenés confianza en la pareja, cada uno puede hacer lo que quiere.

-¿Esta persona que sos ahora es influencia de tu viejo, de tu vieja?

-(Categórico) No. Me armé bastante yo solo. Como te digo, desde los catorce anduve bastante y ellos me acompañaban, porque en ese momento, cuando empecé a viajar, no podía llegar a la cancha manejando, dado que no tenía ni licencia de conducir. Me ayudaron en los comienzos, pero después me fui armando solo. Todo lo que fui logrando lo decidí yo solo, desde chico.

-Con el tema de los caballos existe un alto profesionalismo hoy en el polo.

-La gente cree que se gana mucha plata vendiendo caballos. Pero en mi caso no me ha pasado tanto. Porque el caballo bueno lo quiero yo. No lo quiero vender.

-¿Me podés dar los nombres de tus caballos preferidos?

-Hay un montón: Bruma, Cuartetera, Cautiva (o sea, todas yeguas). Pero calculá que tengo más de quinientos. El hecho es que el caballo bueno es, en general, el que te quieren comprar y justamente ése es el que te hace jugar mejor. Entonces, mientras uno esté jugando buen polo y de alto handicap, no vende el caballo bueno.

-¿Cómo es el entrenamiento?

-La verdad, éste es el primer año en que me entreno. Antes, mi entrenamiento era jugar todos los días. Pero cuando jugás tanto empezás: que los aductores, que la edad, que... A los treinta y cuatro ya te empiezan a doler cosas. Tengo un entrenador que me ayuda.

-¿Qué hacés?

-Trote, abdominales, elongación, natación. Todos los días.

-¿Hay libros que te interesan?

-No.

-¿Películas?

-Veo, pero...

-Cuando no jugás al polo, ¿qué te interesa?

-El programa que más me divierte es agarrar a mis dos chicos, irme a Córdoba y andar dos horas a caballo en el medio del campo y que no haya nadie. Eso sí me divierte. Es uno de mis programas favoritos.

-¿Cómo es volver a casa desde otro país?

-Siempre veo todo como de nuevo, no sé por qué; el campo, las plantas que crecen, los petiseros que están contentos porque llegaste, los chicos que están encantados de vuelta en casa. Más allá de que la pasan muy bien afuera, todos estamos contentos de volver. Por ejemplo, el lugar al que nos vamos en Córdoba es un lugar en el mundo para nosotros.

-¿Sos un papá que ha cambiado pañales?

-Toda la vida. Es más, los primeros baños se los he dado yo a los chicos, porque María no se animaba.

-¿Dabas mamadera?

-Sí, todo. Me gusta criar a los chicos con María.

-¿Les contás cuentitos a la noche para que se duerman?

-No. Pero se duermen conmigo abrazados. No necesitan cuentos.

-¿Te analizaste alguna vez?

-No. Todavía no necesito, me parece...

-¿Quién es tu coach con la cabeza?

-(Sin dudar) María. Ella me conoce. Después de tanto tiempo de estar conmigo, me conoce bastante. En lo deportivo, ella sabe cuándo estoy bien y cuándo estoy mal.

Nacido para ganar

  • Adolfo Cambiaso nació el 15 de abril de 1975, en Cañuelas.
  • Está casado con María Vázquez y tiene dos hijos: Mía (6) y Adolfito (4).
  • Con el título que logró el 13 de este mes ya suma ocho conquistas del Abierto de Palermo. Lo ganó en tres ocasiones con Ellerstina (1994, 1997 y 1998) y en cinco con La Dolfina (2002, 2005, 2006, 2007 y 2009).
  • Actuó en Ellerstina en dos períodos, entre 1992 y 1995 y entre 1997 y 1999. En 1996 militó en La Martina. Desde 2000 integra La Dolfina, equipo que él mismo creó.
  • Está considerado el mejor polista del mundo.
  • Tiene diez goles de handicap desde 1994 (en su momento fue el jugador más joven de la historia en lograrlo), un año en el que no solo ganó por primera vez en Palermo, sino que conquistó la Triple Corona.
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