Campanopolis

Nacida de las demoliciones

Con aire medieval y un toque disneyano, en González Catán se levanta la más insólita ciudad de la Argentina y sus alrededores
Con aire medieval y un toque disneyano, en González Catán se levanta la más insólita ciudad de la Argentina y sus alrededores
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27 de agosto de 2000  

Antonio Campana sigue desde hace años una de las más insólitas inspiraciones creativas de las que se tenga noticia. En González Catán, provincia de Buenos Aires, construye una ciudad para ser habitada por objetos utilitarios -muchos palmariamente bellos, otros no tan agraciados y por lo general melancólicos todos- que la vejez, por un lado, y por otro, los cambios urbanos, van relegando para siempre. Es una ciudad erigida con el propósito de exhibir lo que más tarde o más temprano el futuro olvidará.

Campanópolis, que así se llama esta especie de isla donde se salvan tantos naufragios del tiempo, se levanta aprovechando el heterogéneo material de las demoliciones, hasta la escoria de las fundiciones, y aun escombros y ruinas que otro constructor que no fuera Campana consideraría inútiles. El resultado, que se extiende sobre unas 20 hectáreas largas en un terreno de algo más de 200, es una especie de ciudadela medieval, producto poco menos que casual de la improvisación más absoluta. Campana, que no es arquitecto, no emplea arquitectos ni trabaja con planos en Campanópolis, echó las bases de su emprendimiento hace unos 20 años, con la progresiva adquisición de terrenos y el propósito original de construir un campo de equitación para uno de sus hijos. Cuenta que iba a los remates y "compraba lo que necesitaba y también lo que me gustaba. Amontoné y amontoné". Luego enfermó y le dijeron que su recuperación demandaría cinco años. ¿Qué haría durante ese tiempo, obligado a una relativa inactividad? Decidió hacer Campanópolis donde, entre tanto pasado que se recicla, lo más antiguo ya estaba allí y data de 1840: un puesto que había sido propiedad de Juan Manuel de Rosas. "Por suerte -suspira Campana- lo salvé."

Actualmente, la marcha del proyecto se enfrenta con una expropiación de 20 ha, dispuesta por el gobierno de Duhalde, que impide extender las obras a través de un arroyo sobre el cual ya se había comenzado a tender un puente tan singular como todo lo que hay en Campanópolis. Campana sostiene que la medida es inconstitucional porque carece de la utilidad pública requerida, ya que la tierra se expropió para entregarla a medio centenar de personas que hicieron en el sitio una villa miseria. Dado el aire europeo de Campanópolis, la ley expropiatoria bautizó a la villa Costa Azul.

"Si para ellos es la Costa Azul -bromea ácidamente Campana-, que paguen mi tierra en consonancia con lo que vale en Europa, y que sumen al precio el flete. Pero no quiero plata, sino mi tierra para seguir extendiendo esta Campanópolis, donde el que llega cree estar en un mundo encantado o soñando un sueño fantástico que para mí es una realidad tan querida."

Campanópolis no está abierta al público, pero es posible solicitar visitas a la siguiente dirección de Internet: http://campanopolis.com.ar

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