Capitas y marineros

Sergio Sinay
Sergio Sinay PARA LA NACION
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20 de mayo de 2012  

Señor Sinay: Tengo 21 años y una de las frases más escuchadas en mi hogar es: "Donde manda capitán no manda marinero." ¿Qué línea divide el correcto ejercicio de la autoridad y el abuso de ella, que pareciera producir terror en las masas?

Luisina Dagosta

RE:

Un jefe, un padre, un Dios, significan ante todo un límite. No es la obediencia lo que provoca resistencia, sino la certeza del límite. Los límites vienen a recordarnos varias cosas. En primer lugar, nuestra finitud. Luego, que estamos circunscritos en el espacio. Más tarde, que existimos entre otros y con otros y no podemos avasallarlos. Por lo tanto, tenemos deberes y derechos (en ese orden). Y por último, que no se puede todo. La presencia de cualquier figura, real o simbólica, que nos ponga ante estas evidencias, genera rebeldía. A veces es necesario cuestionar a alguna de esas figuras para desarrollar las propias fortalezas y habilidades, y crecer. Se trata de una tensión natural de la vida. En otras oportunidades no hay crecimiento ni desarrollo, sino un caprichoso rechazo de las reglas de convivencia y de las leyes de la vida. Eso es la transgresión, que no es sinónimo de rebeldía. El rebelde muchas veces cuestiona un orden injusto, mientras propone otro mejor. Lo guía una causa. El transgresor no tiene otro impulso que el mero traspaso del límite. Paradójicamente, necesita de la autoridad y del límite, porque carece de un proyecto propio. Cabría preguntarse por qué nuestra sociedad celebra la transgresión mientras no encuentra cauces de rebeldía civil y moral cuando son necesarios. Si los límites naturales y necesarios se imponen criteriosamente, habrá autoridad y aquellos serán respetados. La autoridad no anula la responsabilidad de cada uno, sino que la destaca y la respalda. Las masas suelen colocarse bajo la sombra del autoritarismo (ajeno y opuesto a la autoridad), que promete perversas seguridades a quien deserte de su responsabilidad individual. Anselm Grün recuerda, en Límites sanadores, que nadie está libre de traspasar un límite para conocerse a sí mismo, siempre que dé la cara por esa acción. El tema no es, pues, la autoridad, sino nuestra actitud responsable ante ella. Capitanes y marineros van coordinadamente al mismo puerto o naufragan en el camino.

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