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Grandes Esperanzas

Casi pierde la pierna por un mal diagnóstico; así salió adelante y recuperó la movilidad

Jimena Barrionuevo
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31 de mayo de 2019  • 00:08

"Tenés una fractura por estrés en el peroné. Quedate tranquila, es una lesión común en los corredores. Con reposo y algunos ejercicios vas a estar mejor", le dijeron a Daiela Nasif esa tarde en la guardia de traumatología del Hospital Español de Mendoza. Un dolor punzante por debajo de la rodilla la acompañaba hacía días, especialmente mientras entrenaba. Había elongado a conciencia, se había hecho masajes, hasta que una mañana una compañera de trabajo le sugirió que no dejara pasar más tiempo: "estás arrastrando la pierna, mejor andá al médico".

Volvió a su casa con una orden para comenzar con sesiones de fisioterapia y, además, tuvo que empezar a usar una bota ortopédica. Pero el dolor no cedía. Daniela caminaba y sentía ese mismo dolor punzante que la dejaba paralizada y sin poder dar un paso más. Entonces decidió consultar nuevamente con un especialista, llevó la radiografía que le habían hecho hacía unos meses en aquella guardia del Hospital Español. Pero esta vez el diagnóstico fue distinto. "El médico me dijo que tenía un tumor en la tibia, un osteoma osteoide. En ese momento estaba sola, yo trabajo en un área vinculada al cáncer (Daniela trabaja en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM) perteneciente al CONICET y está en el cuarto año de su tesis doctoral desarrollando un proyecto en cáncer de mama y epigenética). Si bien no me dijo que tenía cáncer, yo sabía de lo que estábamos hablando. Salí del consultorio, me comuniqué con mi familia, mis amigos , ellos me animaron y apoyaron".

Daniela fue derivada a un especialista, se hizo estudios y todos los trámites necesarios en su obra social para una operación. En enero de 2017 entró al quirófano para la cirugía. "Fue una intervención terrible, no me olvido más, el médico llamaba a gritos a sus compañeros porque le faltaban materiales. El mismo día de la operación volví a casa. A la noche y llorando del dolor, llamé a uno de los médicos y me dijo: ¡Uy, no te dimos los calmantes!".

Nadie podía creer lo que estaba atravesando. Mientras se recuperaba estuvo más de 20 días en cama, desplazándose con la ayuda de una muleta para lo mínimo e indispensable. Cuando llegó el momento de que le retiraran los puntos, el médico le dijo que ya podía hacer vida normal. Con el alta y una nueva bota ortopédica, Daniela regresó a su trabajo. "Tuve que volver de urgencia al hospital: tenía un agujero en el hueso, que todavía no cicatrizaba. Estuve dos meses más en reposo, con fisioterapia y rehabilitación. Fue necesario que volviera a aprender a caminar de nuevo, había perdido todo el equilibrio".

¿Volver a empezar?

No estaba dispuesta a bajar los brazos y con el objetivo de volver a correr en la mente, Daniela apostó por un nuevo centro de rehabilitación para ejercitar su pierna. "Allí empecé a entrenar muy despacito. En julio del 2017 intenté correr nuevamente, no me olvido más ese día, lo que lloré y le agradecí a Dios por volver a correr. Pero con el paso de las semanas me volvió a doler la pierna. Volví al médico y me pidieron un centellograma".

El resultado que arrojó el estudio no fue claro y fue necesario repetir el procedimiento. Pero antes de comenzar, la médica a cargo le pidió a Daniela mirar su pierna. "La pierna está hirviendo, tenés infectado el hueso.Yo ya no entendía más nada, era inexplicable mi tristeza. Me hice el estudio, ella salió de la cabina y me dijo: podés perder la tibia, tenés una infección grande, salí a buscar un equipo de médico de infectólogo, clínico y traumatólogo. Le escribí al médico que me había operado diciéndole que tenía osteomielitis. Esto fue un jueves, me dijo que lo viera el lunes. Por supuesto no lo vi nunca más".

Era el momento de buscar nuevos profesionales. Y en septiembre de ese año se sometió a una nueva cirugía. Al día siguiente de la intervención, el dolor era insoportable. "Me pusieron una bomba de dolor y me colocaban de mañana y noche antibióticos, con calmantes. Me pinchaban la panza, el brazo, por todos lados. Estuve internada en el hospital 15 días. Además, me pusieron un catéter vía corazón para pasarme los antibióticos (otra cirugía muy dolorosa). Estuve internada en casa 15 días más. Venían los enfermeros de día y noche a medicarme. La pasé muy, muy mal. No recuerdo haber sufrido tanto. Este fue uno de los momentos más dolorosos. Finalmente me sacaron el catéter y volví a rehabilitar".

La pierna estaba débil. Daniela lo sabía. Por eso se propuso entrenar y no parar. Al año siguiente, corrió 16k en la carrera Ansilta en San Juan. Siguió con ejercicios de fortalecimiento y su entrenamiento. Este año, en abril, corrió 45k en Patagonia Run, en San Martín de los Andes. "Voy a seguir corriendo hasta el día que no me pueda levantar. Hoy día mis piernas tienen otro valor para mi. Amo correr y la libertad que me produce hacerlo. Sonrío mientras corro, porque soy feliz corriendo. Y después de pasar esto, sé que van a seguir pasando cosas buenas y malas. Pero sé que cuento con los recursos y herramientas para atravesar la tormenta que sea".

Si tenés una historia propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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