Claves para resolver conflictos en el trabajo

Ponerse en el lugar del otro es un gran recurso para resolver conflictos
Ponerse en el lugar del otro es un gran recurso para resolver conflictos Crédito: Photo by Tim Gouw on Unsplash
Un especialista nos dió 6 herramientas súper útiles para salir airosas de cualquier situación
Inés Pujana
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15 de septiembre de 2017  • 00:01

El conflicto es parte de la vida, y si bien la mayor parte de la gente tiende a huirle, la realidad es que puede ser muy útil, sobre todo porque su consecuencia natural, una vez superado, es el cambio y el crecimiento. Hablamos con Axel Persello, Director del Instituto Americano de Formación e Investigación (IAFI), coach y especialista en programación neurolingüística (PNL) para que nos contara algunas de las claves para resolver los problemas que surgen en el trabajo.

Replanteate tus juicios

Los juicios son las opiniones que tenemos sobre el mundo, pero que tomamos como si fueran la pura verdad. La mayoría de los juicios que hacemos son infundados y se basan en hechos puntuales que tendemos a generalizar porque no vemos la realidad tal cual es, sino tal como somos nosotros. Una simple discusión entre personas de distintas culturas o historias de vida, puede volverse una guerra cuando no se tienen en cuenta sus diferentes cosmovisiones. Cuando nos permitimos poner en duda nuestras creencias, rompemos las barreras que nos limitan y abrimos la puerta a soluciones creativas.

Adoptá la tercera posición

La primera posición es la forma en que vos percibís una situación. La segunda, la forma en que ves la situación poniéndote en los zapatos del otro. La tercera, en cambio, es menos emocional, e implica que te pongas en el lugar de un observador que mira el conflicto desde afuera y lo analiza racionalmente. Es una práctica muy utilizada en los procesos de mediación, con resultados sorprendentes.

Prestale atención a cómo hablás

A la hora de resolver un conflicto, es súper importante expresarte de una forma en la que te hagas responsable de lo que te pasa. Por eso está bueno hablar desde vos y utilizar el “yo”, porque implica un nivel de compromiso más grande con lo que estás diciendo. De la misma manera, proyectar sobre los demás lo que nos sucede tampoco ayuda. En vez de decir: “Me ponés de mal humor”, haciendo responsable a la otra persona, podrías decir: “cuando vos haces X, yo me pongo de mal humor”, comunicándote de una forma más asertiva.

Cuidá la identidad de los demás

No es lo mismo decirle a alguien “lo que dijiste no es verdad”, que decirle “sos un mentiroso”. Cuando te referís a un comportamiento específico, hablás de la acción, mientras que cuando te referís a la persona, estás dando por sentado que es incapaz de un comportamiento distinto.

La ira no expresada se convierte en resentimiento
La ira no expresada se convierte en resentimiento Crédito: Photo by Andre Hunter on Unsplash

Escuchá y preguntá

Como seres humanos vivimos completando lo que los demás dicen con nuestras propias interpretaciones. Escuchamos poco e inferimos mucho. Por eso es importante prestarle atención al relato completo. Por ejemplo, si alguien te dijera: “no voy a hacer este trabajo”, podrías rechequear lo que dijo repreguntando: “si te entendí bien, dadas las condiciones X, vos no querrías hacer este trabajo, ¿es así?”. De esa manera podemos entender de una forma más cabal lo que está pasando.

Comunicate asertivamente

Muchas personas, cuando se encuentran con situaciones conflictivas que les despiertan emociones negativas, tienden a evadir el tema o bien a responder de forma agresiva. Cuando somos asertivos, en cambio, proponemos un equilibrio entre las dos posiciones, en el que no agredimos ni nos sometemos a la voluntad de los demás, sino que manifestamos nuestras convicciones y defendemos lo que pensamos con tranquilidad y seguridad, actuando desde la autoconfianza, en vez de hacerlo desde la ansiedad, la culpa o la rabia.

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