¿Colecho o cuna? ¿Teta o mamadera? 8 mamás hablan sobre crianza flexible

Si bien la lactancia materna es la opción más saludable para un bebé, eso no quiere decir que sea la opción que más les resulta a todas las madres.
Si bien la lactancia materna es la opción más saludable para un bebé, eso no quiere decir que sea la opción que más les resulta a todas las madres. Crédito: Inés Tanoira. Producción de Lula Romero.
Laura Cedeira
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18 de octubre de 2019  • 12:17

De repente llegó el día. Tanto lo buscamos, lo deseamos, lo esperamos y ahí está: ¡tenemos a nuestro bebé con nosotras! Pero pasan las semanas y un mar de preguntas suele instalarse: "¿Y ahora qué hago?", "¿lo estaré cuidando bien?", "¿está mal que lo duerma en mi cama?", "¿le armo rutinas o voy improvisando?". El abanico es muy amplio y las voces que aseguran la efectividad de las distintas opciones son muchas y se hacen sentir. Entonces, como la maternidad está atravesada por convenciones sociales acerca de lo que es "ser (una buena) madre", nos invaden las culpas, las dudas y las inseguridades cada vez que hacemos algo que no está en consonancia con lo que deseamos, o cuando tomamos decisiones que no están socialmente aceptadas del todo. Así, muchas veces con los mandatos a cuestas, necesitamos un otro que nos diga si lo estamos haciendo mal o bien.

Frente a los diversos caminos que se abren para transitar la crianza, tal vez, la mejor (y primera) opción que está bueno que elijamos es la de confiar plenamente en nuestro criterio y nuestras decisiones. Entender y aceptar que, siempre que nos informemos y actuemos con amor, no hay un único -y mucho menos "correcto"- modo de maternar.

Abrazar las opciones

"La culpa parece inherente al ser mamá, sin embargo, puede funcionar como una oportunidad para ser más conscientes. Nos vamos a equivocar muchas veces. Quizás eso que elegimos hacer lo hicimos porque creímos que era lo mejor y luego nos dimos cuenta de que no. Esa conciencia de poder reconocerlo y reparar hace que nuestra crianza sea respetuosa y más saludable para todos", explica la especialista en desarrollo y primera infancia María José Naranjo Urenda. Tomar sus palabras para pensar la crianza desde una perspectiva amplia y que implica abrazar todas las elecciones nos ayuda a liberarnos de las culpas y desterrar viejos y rígidos paradigmas. Esos que nos presentan algunas supuestas dicotomías insalvables de la maternidad: lactancia materna o leche de fórmula, colecho o habitación aparte, rutinas o improvisación, papillas o baby-led weaning (BLW). ¿Y qué tal si, en vez de oponerlas, las integramos y fluimos con lo que nos va ocurriendo durante el camino de la crianza?

Lactancia: teta & leche de fórmula (foto arriba)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda amamantar de manera exclusiva hasta los 6 meses del bebé, para continuar luego con alimentación complementaria oportuna y -en tanto mamá y bebé estén de acuerdo- seguir con la lactancia hasta los dos años o más.

Cuando conocemos los beneficios de la leche materna, queremos que nuestro bebé los reciba. Sin embargo, al momento de alimentar a nuestro bebé, las variables que intervienen son muchas. Desde el mercado laboral que nos exige regresar a trabajar sin facilitar las condiciones para continuar con la lactancia exclusiva hasta la poca información y acompañamiento profesional (y a veces también del entorno) que recibimos. Una serie de obstáculos que terminan entorpeciendo el proceso y dejando a la mujer diciendo "yo no pude". Por otro lado, también están las mamás que, por diferentes motivos, deciden no amamantar. Para saltar esta -supuesta- grieta, está bueno saber que lo que está en juego siempre es el vínculo: ni dar la teta ni no darla garantizan el apego seguro. Además de que nadie puede juzgar la elección que haga cada mujer.

Para que las mamás recorramos sin traumas, inseguridades ni angustias este proceso que se inicia después del parto, es muy importante que la sociedad cuide y respete los procesos fisiológicos y vinculares del bebé y su familia. Que acompañe a la mujer y sus decisiones y difunda los beneficios de la leche materna. Las mujeres estamos recuperando espacios, esos que tienen que ver con poder decidir sobre nuestro cuerpo y respetar nuestros deseos. Ya sea para ser madres o no como para elegir si vamos a amamantar. Entonces, "menos juicios, más unión" sería el lema. Todas buscamos ser la mejor madre que podemos ser, y si lo somos con otras, sostenidas, acompañadas y desde el lugar de la aceptación, seremos nuestra mejor versión.

Mamadera: Marianne Delger (39) y Ciro (6 meses)

"Apenas nació mi bebé arranqué con teta a full, Ciro se prendió espectacular, no tuve ningún problema ni dolor. Venía todo bien, todo fácil, pero él no engordaba nada. Mi pediatra nos aconsejó seguir con la teta un tiempo más, hasta el siguiente control. Yo mientras tanto iba a las reuniones de la Liga de la Leche, que son geniales porque dan consejos y te hacen un seguimiento que ayuda mucho. Es clave lo que escuchamos de nuestro entorno también. A mí me habían dicho cosas terribles sobre dar la teta: mucho dolor, cansancio, complicaciones. Sin embargo, no viví nada de eso. Fue una hermosa experiencia.

Finalmente, la médica nos sugirió darle a Ciro un poco de mamadera para reforzar y complementar. Estuvimos con lactancia mixta 10 días y luego intenté darle nuevamente solo teta. El tema fue que mi hijo, en el siguiente control, estaba por debajo del peso que debía. Ahí arrancamos de nuevo con la leche de fórmula y la teta, hasta que él solito ya no la quiso más. Ese momento fue difícil. A mí me hubiera gustado seguir amamantándolo. Pero sé que hice todo lo que pude, que di todo: me informé, aumenté las tomas y, finalmente, no se dio. Mi postura frente al tema fue dar siempre lo mejor de mí y si no acontece, fluyo con lo que pasa. Pongo todo mi esfuerzo, por supuesto, pero si no se da, listo, cambio el rumbo. Hoy Ciro está con mamadera y es un bebé muy feliz".

Teta: Florencia Daud (31) y Bruna (1 año y 10 meses).

"A pesar de que fue difícil el comienzo de la lactancia -porque a Bruna le costaba el agarre y tuvo alergia a la proteína de la leche, y a mí me dieron una dieta estricta-, hace 22 meses que le doy la teta a mi hija. Siempre le encontré más beneficios que contras a la lactancia materna y en ningún momento pensé en cambiar por leche de fórmula. Elijo las cosas naturales y por eso me gusta lo que produce la leche materna en la salud de los bebés. Todos los anticuerpos y defensas que le transmite. Por ejemplo, Bruna se enfermó solo una vez y le duró dos días nada más. Para mí, darle la teta es volver a ser una, como cuando estaba en la panza. Ese apego que se genera, esa conexión, es muy difícil de transmitir. Siento que la calma mucho en cuanto a inseguridades, o si se golpea y necesita el contacto físico, acude a la teta. También es muy práctica, cómoda y económica. ¿Tiene hambre? Te levantás la remera y listo. Sí reconozco que requiere mucho tiempo y dedicación -sobre todo si lo hacés a demanda como lo hice yo- y esto puede ser algo difícil. El bebé se vuelve súper dependiente de la teta; cuando quiere dormirse, cuando tiene miedo. Justamente por esto es que pronto pienso comenzar con el destete. Pensando en las diferencias con la leche de fórmula, creo que quien le da mamadera le da el mismo amor y lo está alimentando también. La conexión entre madre e hijo se produce igual".

Organización: rutinas & improvisación

Crédito: Inés Tanoira. Producción de Lula Romero.

Los profesionales marcan la diferencia entre rutinas impuestas -que son por necesidad del adulto y no tienen en cuenta la fisiología del niño- y rutinas orgánicas. Estas últimas son las que el bebé va marcando o las que se organizan en función de sus necesidades.

Las rutinas familiares organizadas sobre la base de la observación y decodificación de los ritmos del bebé son muy beneficiosas: le dan un orden y lo ayudan a poder anticipar los diferentes momentos del día, a transitarlos con la calma de saber qué está pasando, a apropiárselos y fluir más con ellos al poder preverlos. Por ejemplo: un bebé duerme más armoniosamente cuando tiene una rutina de sueño que implique acostarlo a cierta hora, quizá con un baño previo, una canción, tomar la teta o mamadera y luego el descanso.

Cuando llega un nuevo integrante a la familia, es imposible que el sistema no se modifique. Hay que hacer un esfuerzo por adaptarnos y van a haber rutinas que cambien y otras que se incorporen, pero es importante responder a las necesidades de ese bebé nuevo en el mundo, que necesita un orden, pero también tiempo y flexibilidad.

Rutinas: María Salinas (38) e Inés (1 año y medio).

"El tema de las rutinas se me fue dando. Como me costó mucho darle la teta a Inés, eso me empezó a regular los horarios. Yo había escuchado que establecer rutinas es bueno, porque les da seguridad, les permite anticipar lo que va a pasar. Además, soy de Virgo, bastante organizada y ordenada.

Inés siempre fue una beba que no lloró. Ella sabía cuándo venía la mamadera, cuándo venía el baño, entonces nunca tuvo la necesidad de llorar para pedir las cosas. Mis amigas siempre se sorprendían por eso: No llora ni para pedir la mamadera. Pero es que ella ya sabe que viene, les decía yo.

También armé rutinas para las siestas. Y ese orden hizo que yo empezara a tener vida, que pudiéramos cenar con mi marido o ver una serie. La contrapartida es que no me sale de otra forma. Soy miedosa, entonces, cuando me corren de las rutinas, me da medio un panic attack, pero lo hago igual porque quiero poder soltarlas cuando hay que hacerlo.

A Inés le cuesta un montón salir de la rutina también. Por ejemplo, si me voy a comer afuera a la noche, no hay chance de que se duerma en el horario de siempre. ¡Y a mí me agarra mucha ansiedad! Por eso tampoco está bueno ser tan estructurada".

No rutinas: Agustina Vissani (33), Nicolás (4 años) y Santiago (2 años).

El primer mes de Nico fue muy movido. Dormía poquísimo. Ahí escuché por primera vez que seguir rutinas era bueno para crear hábitos de sueño. Bañarlo a las 19, darle de comer a las 19.30 y que a las 20.30, a más tardar, estuviera en la cama. ¿En serio iba a tener que quedarme todos los días en casa? En ese momento decidimos que no seguiríamos rutinas, que la prioridad era transmitirles a los chicos eso tan argentino que tenemos de organizar cenas en el mismo día, juntarnos entre semana con amigos, improvisar. Y así fue como nuestras tardes/noches se volvieron flexibles. A veces se bañan antes de cenar; a veces se bañan después. A veces estamos todos dormidos a las 22, pero a veces pisamos la media noche.

Armar rompecabezas, ver alguna peli, hacer maratón de cuentos antes de dormir (aunque arranque a las 22.30 y nos cueste un poco el tercer libro).

No es que no nos salió la rutina. Tampoco sé si hubiera logrado ese desafío. Incluso valoro mucho a las madres que la tienen (siempre que no sea muy radical). La no rutina para nosotros fue una elección y, aunque no sé cuánto tiempo nos va a durar (dicen que en la escuela primaria es difícil sostenerlo), me encanta ese tiempo compartido que nos regala la flexibilidad".

Sueño: colecho & habitación separada

Crédito: Inés Tanoira. Producción de Lula Romero.

La crianza respetuosa dice que los niños saben bien lo que quieren y que nosotros, como adultos, somos los guardianes de enmarcar y cuidar ese deseo. Otro de los caminos que vamos a transitar con la llegada de nuestro bebé es el modo de asegurarle un buen descanso; porque un sueño seguro contribuye a que crezcan bien física y emocionalmente.

Hacer colecho o dormir a los bebés en su propia habitación o cuna es una elección personal de cada familia. Hasta el año 2017, que los padres compartieran la cama con su hijo estaba desaconsejado porque se asociaba esta práctica con la muerte súbita del lactante. Esta concepción cambió a partir de un consenso de la Asociación Argentina de Pediatría, que asegura que no es el colecho en sí lo que aumenta los riesgos sino las condiciones en que se da.

Algunas de las precauciones son que el bebé duerma sobre colchones firmes (sea la cuna colecho o cama), sin utilizar niditos o almohadones; que nunca quede solo en la cama y que duerma siempre boca arriba y en uno de los extremos de la cama, pegado a la pared, no en el medio de los adultos.

Los expertos en crianza y médicos pediatras afirman que el colecho favorece la lactancia materna, reduce el llanto del bebé y regula su respiración, absorción de calorías, temperatura corporal y niveles de hormonas del estrés. También mejora su estado inmunológico.

Si elegimos que duerma en una cuna, en su habitación, las condiciones de seguridad y bienestar son similares a las del colecho. Ambas elecciones son válidas y lo importante es tener en claro que los bebés regulan su sueño de manera diferente a los adultos. No hay ninguna táctica que nos asegure que dormirán de corrido y, de hecho, no tienen que hacerlo; ellos tienen ciclos de sueño más fraccionados, más de día, menos de noche. Está bueno entonces que, cualquiera que sea el modo que elijamos para hacerlos dormir, manejemos nuestras expectativas y ansiedades y entendamos sus ritmos naturales y necesidades.

Colecho: Agustina Ramos (29), Wallace (3) y Rufina (1)

"Antes de que naciera nuestro primer hijo, teníamos la idea de que durmiera en su cuna. Las primeras semanas se despertaba cada dos horas: quería la teta, pedía upa, buscaba contención. La primera vez que probamos dormirlo con nosotros hizo ocho horas de corrido. Al principio me asusté, hasta que me di cuenta de que estaba descansando. Teniendo esta experiencia con él, nos pasó lo mismo con Rufina, pero nos anticipamos y compramos la cama king size. Hoy los dos duermen de corrido con nosotros. La única cuestión que le puedo encontrar al colecho es con relación a la pareja, de no estar solos al momento de dormir. Pero nosotros tenemos otros momentos para estar sin los chicos durante el día.

Al enterarse de que hacemos colecho con nuestros dos hijos, muchas personas nos dicen que no los vamos a poder sacar más de la cama. Sin embargo, nos planteamos la situación y llegamos a la conclusión de que va a haber un momento en que ellos ya no van a querer compartir la cama con sus padres. Van a querer estar en su habitación, solos, y para hacerlo tendrán toda su vida. Así que preferimos aprovechar lo más posible esta etapa, porque muy pronto van a dejar de ser bebés".

Dormir solos: Mailu Quintana (35) y Nina (7 meses).

"Todo el proceso del sueño lo fue marcando Nina. Nunca intentamos que hiciera una rutina, ella determinó sus ritmos y nosotros la acompañamos. Los primeros meses siempre son duros: se despertaba cada una o dos horas para comer y yo dormía 40 minutos, entre toma y toma. Nina tenía su cuna colecho al lado de nuestra cama porque por miedo nunca nos animamos a que durmiera con nosotros. A sus 4 meses empecé a dejarla en su habitación para las siestas de día y dormía muy bien. Un día se durmió a las 22 y yo, creyendo que iba a ser una siesta larga, la puse en su cuarto. Esperando que se despertara, me quedé dormida y resultó que ella se despertó a las 5 de la mañana. Desde ese día siguió durmiendo sola porque entendí que dormía mejor que al lado mío.

Me costó desprenderme, yo la quería cerca, porque sabía que el apego y el contacto físico con la mamá son beneficiosos para el bebé. Pero, contrariamente, creo que el beneficio de que no duerma con nosotros es que ella descansa mejor. Así lo decidió y como padres la acompañamos en sus procesos. De todas maneras, creo que todos los bebés son distintos y estas rutinas también pueden cambiar; de hecho, cambian todo el tiempo".

Alimentación: papillas & baby-led weaning

Crédito: Inés Tanoira. Producción de Lula Romero.

Siguiendo en la línea "cero fundamentalismos", nos encontramos con dos opciones de alimentación: ni mejores ni peores, ni buenas ni malas, solo caminos posibles. La propuesta del método baby-led weaning es ofrecer una variedad de posibilidades a su alcance -en pequeños trozos- para que ellos decidan y experimenten con sus propias manos.

En ambas opciones, lo que recomiendan los pediatras es no obligar a los niños a alimentarse, saber que ellos se autorregulan solos y que, por eso, la cantidad que decidan comer será la adecuada. Que ingiera mucha o poca cantidad de comida no tendrá relación directa con lo saludable que estará ese niño. Cuando hablamos de los primeros alimentos que conocerán nuestros hijos, el consenso se produce en un punto: que sean variados, sanos y nutritivos. Menos enlatados, ultraprocesados y azucarados. Más comida rica y real.

Papilla: Paola Álvarez (37) y Juliana (6 meses y medio).

"A Juli le di teta hasta los cinco meses, cuando la pediatra nos propuso comenzar a alimentarla con papilla. Yo estaba informada de otras modalidades, pero la realidad es que al momento de aplicarla no me animé a darle alimentos en trocitos o enteros. Por una cuestión de tranquilidad mental mía y de mi marido optamos por la papilla. Me gusta porque me permite saber que no se va a ahogar y que puedo controlar lo que va a su boca. Igual, recién hace muy poquito que comenzamos y creo que esto es un proceso: todo es muy de a poco y con paciencia. Lo que no me termina de convencer de la papilla es que, si bien ella toca la comida y juega un poco porque es muy payasa y no termina de tragar todo lo que le doy, siento que le estoy quitando la posibilidad de explorar, conectarse libremente con la comida y decidir qué llevarse a la boca. Al darle yo una porción con la cucharita, me parece que está muy regulado por nuestra decisión lo que está comiendo. Pero hasta ahora es lo que nos surgió, porque no nos animamos a otras propuestas. Así que más adelante veremos de aumentarle un poco las libertades a la hora de comer".

Baby-led weaning: Alfonsina Zazian (35) y Vicente (10 meses).

"Con mi hija más grande, de 4 años, también usamos el BLW desde que empezó a comer. Nos encontramos con que la autonomía es uno de los puntos positivos del método. Está bueno porque podemos compartir la mesa en familia y ellos se autogestionan la comida. Nosotros comemos del plato y Vicente, de su mesita. Además, no tengo que pensar diferentes menúes y desde muy bebés pueden probar todos los alimentos y eso les abre un abanico de sabores y variedades que tal vez otros niños los tienen más focalizados. No existen los alimentos prohibidos para el BLW.

Lo que puede ser incómodo es que se ensucian mucho. Yo le pongo babero, para proteger la ropa y no arruinarla, pero si se mancha, es todo lavable. También puede dar un poco de miedo cuando los bebés hacen arcadas, cualquier detención de la comida en alguna parte de la lengua les produce esa reacción. Entonces, si no sabés esto, te asustás porque ves a un bebé de seis meses haciendo ruidos con un pedazo de comida en la boca. Igualmente, si cumplís con los recaudos, solo hay que esperar a que lo resuelvan. Ellos se autorregulan, saben cómo comer".

Expertas consultadas: Jimena Le Bellot. Médica pediatra. @soymamaypediatra / soymamaypediatra@gmail.com. María José Naranjo Urenda. Lic. en Psicopedagogía, docente, especialista en desarrollo y primera infancia. @crianza_naranja / contacto@mundonaranja.org. Sofia Celeste Lewicki. Lic. en Psicología y escritora. @soymamaypsicologa . sofialewicki@hotmail.com .

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