Qué podés hacer si tus hijos odian ir a la colonia de vacaciones

Si trabajás y no tenés con quién dejarlos, las alternativas para los chicos no son muchas y a veces la respuesta molesta
Si trabajás y no tenés con quién dejarlos, las alternativas para los chicos no son muchas y a veces la respuesta molesta
Cecilia Acuña
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11 de enero de 2019  • 20:30

Cómo en El día de la mascota, la escena se repite en loop todos los días desde hace dos semanas. Mi hija de cinco se trepa como una garrapata a una de mis piernas mientras yo desde arriba intento decirle que la va a pasar bien, que están los amigos del jardín, que van a jugar en la pileta. Pero no hay caso. Al fin, una media hora después de que todos ya entraron y los pasillos están vacíos ella hace su entrada a upa de la profesora llorando y yo me voy secándome las lágrimas, con una presión de angustia en el pecho. Mientras salgo sigo escuchando los gritos y se me parte el corazón, pero, ¿cómo hacen los padres si tienen que trabajar y no mandan a la colonia a sus hijos en verano? Y ni siquiera eso, ¿qué se hace en un departamento todo el día con los niños en casa?

Pienso si será que me huele el odio que le tengo a la colonia desde mis veranos de la infancia. Jugar al béisbol, nadar, saltar el cajón, competir, actividades y deportes que durante el año ya me parecían una tortura y que se repetían como un calvario todos los días que duraba enero. "Hay muchos chicos a los que no les gusta ir, es normal, están muy cansados del colegio y, aunque la colonia sea más flexible, no deja de tener un horario, de estar coordinada por docentes, se parece bastante a la escuela y si al chico no le gustan los deportes es peor", señala Marisa Russomando, psicóloga especialista en crianza y maternidad. Entonces, bien, no estoy sola en el malestar, ni tampoco ella que me dice "mamá me aburre, hay que correr todo el tiempo y estar mucho en la pileta".

Vamos en el colectivo y la voy abrazando como preparándola para la guerra, le doy besos, la hago reír más de lo normal y ella se debe dar cuenta. Como la que más se angustia soy yo armo un mundo alrededor de lo que debería ser natural porque pienso que llevarla es arruinarle su estructura psíquica. Pero, por suerte, Russomando explica que "de todas maneras, aunque no le guste ir, no es algo traumático que vaya, salvo que uno vea a su hijo que se queda mal y que sale también mal. En ese caso, habrá que ver si hay alguna opción diferente", indica la especialista y agrega que, cuando no hay otras opciones porque los padres trabajan y no tienen dónde dejarlos, conviene tener una conversación con ellos para explicarles por qué es necesario que se queden en la colonia y así acompañarlos.

Para colmo, nos queda lejos. Hay que caminar diez cuadras a la parada del colectivo y después otras cinco cuando bajamos. No es que es acá la vuelta y ya, sino que requiere de esfuerzo y decisión para ir. La mando porque trabajo y necesito tiempo, pero aunque no fuera así igual la mandaría para que no se pase el día pegada conmigo, para que socialice y expanda sus posibilidades de hacer amigos por todas partes. Se trata en parte de un operativo antipantallas, es cierto, pero también de una estrategia para abrir horizontes. Y según Russomando tan equivocada no estoy: "La colonia es un lugar de socialización y además hay que tener en cuenta que, aunque uno vaya o no a trabajar, no asistir implica la opción de que el niño se quede todo el tiempo tirado frente a una pantalla".

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