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Cómo influye tu linaje familiar en tu trabajo: la respuesta de las constelaciones laborales

Identificá desde qué actitud te movés en tu equipo, sin juzgarte.
Identificá desde qué actitud te movés en tu equipo, sin juzgarte. Crédito: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM).
María Soledad Cotelo
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18 de febrero de 2019  • 00:50

Cuando repetimos mecanismos, lo hacemos por una cuestión de supervivencia: alguna vez nos resultaron y, en lugar de resolver la ecuación buscando alternativas, nos vamos a lo conocido porque nuestro cerebro prefiere evitar la innovación. Eso que en algún momento fue una solución o fue celebrado dentro de un sistema es muy difícil de soltar aunque hoy ya no funcione, porque más vale malo conocido que bueno por conocer.

Una forma de observar qué está pasando para poder cambiarlo son las constelaciones laborales.

¿Qué son?

Las constelaciones organizacionales son las que se aplican a lo laboral y nos pueden guiar para reconocer cómo contribuimos a toparnos siempre con los mismos patrones y cómo aprender a construir una nueva ruta en las relaciones con nuestros compañeros. Por eso, la primera pregunta es: ¿por qué nos pasa siempre lo mismo?

¿Cómo te relacionás con tu equipo?

Está bueno identificar desde qué actitud te movés en tu equipo, sin juzgarte. Con sinceridad, qué arquetipo te resuena más.

  • Las proactivas o positivas

Son quienes están a tu lado, te apoyan y te cubren las espaldas. En general, tu reacción es felicitarlas, lo cual no está mal. Pero si lo hacés demasiado, ¿será porque están trabajando de más?, ¿porque su sueldo es muy bajo? Vale revisar si, en ese afán de "ayudar", no se encargaron de tareas que no les correspondían y, en lugar de jugar el partido a favor, meten goles en contra. Por otro lado, cuando te focalizás en trabajar con las "rebeldes", tenés que hablar antes con las personas proactivas para que no se sientan abandonadas y se alejen o pasen a ocupar otro rol.

  • Las reactivas o "rebeldes"

¿Sos de las que separan o "castigan" a los que le dicen que "no" a todo? "Para qué me voy a hacer problema si no le interesa", puede ser una de tus reflexiones. Hacer esto es agrandar el punto. El "rebelde" es una voz en el sistema, un mensaje que necesita ser escuchado. Si la silenciás o sacás, alguien más va a tomar esa voz. Intentá acercarte y relacionarte de otra manera. Contale a ese otro que hasta ahora no supiste cómo relacionarte, que entendés que tiene algo valioso para aportar y que querés escucharlo. De ahí en más, revisar si está en tus manos generar un cambio o si es algo que los excede. Lo importante es que escuches lo que la organización tiene para decirte a través de este representante.

  • Las indiferentes

Nunca opinan, parece que todo les da lo mismo. Es muy común que una líder esté siempre alentando a los resistentes, buscando la manera de engancharlos en alguna tarea o diseñando alguna actividad exclusivamente para ellos. Son personas que esperan ser incluidas, que desean ser miradas, pero no de manera forzada. Transmitiles que será bienvenida la manera en que quieran contribuir y recordá que el indiferente puede convertirse en una voz proactiva o reactiva. Quizás esté esperando su momento.

Cómo cerrar etapas

Si alguien de tu equipo renuncia en malos términos y se decide no hablar más del tema, puede ser una solución para vos, porque no volvés a lidiar con el dolor, pero es un problema para los compañeros que sienten que esa situación fue desatendida. Podés hacer oídos sordos y profundizar las marcas que van quedando en el sistema nervioso de la organización –y que se resienten cada vez que algo resuena– o buscar nuevas soluciones que te empoderen como líder y que también empoderen a tu gente. La clave está en incluir a los involucrados en cada decisión y en gestionar las emociones, en integrar en lugar de escindir. ¿Qué hacer? Organizá un buen cierre y agradecé. Si se trata de un despido, también. "Gracias por este tiempo que contribuiste y –usá ‘y’, no uses la palabra ‘pero’– esto que hiciste, lo siento, no puede seguir sucediendo en el equipo". Sea cual sea la situación, hacé hincapié en que vos asumís tu responsabilidad y que dejás que la otra persona asuma la suya, que cada parte tomó y dio algo. Comprometete a no generar comentarios negativos, eso va a velar para que los otros no los hagan tampoco.

¿Y si vos te vas? El proceso es similar: agradecer, tomar tu responsabilidad y dejar al otro con la suya. "Me llevo todo mi aprendizaje y lo que creé se lo dejo a ustedes. Pueden usarlo o no, lo hice para ustedes. Lo que sí me pertenece es mi fuente de creatividad, el amor por lo que hago y mi capacidad de innovar. Como ambos ganamos, me voy agradecida".

Trabajar con herramientas sistémicas no va a borrar o cambiar lo sucedido, pero te permite integrarlo a un todo.

Liderazgo sistémico

El liderazgo puede ser directivo, delegador, motivador... Más allá de las categorías, es importante que como líder puedas reflexionar sobre qué guía tus comportamientos. Podés dar un feedback de manera excelente, con las palabras justas, pero si la intención es demostrar que tenés razón, tu colaborador se va a ir frustrado o resentido. Si querés debatir y dejar en claro que el poder es tuyo, va a suceder lo mismo. La propuesta es ir más allá, entender realmente qué pasó y situarte en un lugar de apertura más generativa. No depende del contenido de lo que digas o de tus best practices, sino de escuchar a tu lugar interno, que es la intención profunda que te moviliza. Si estás en conexión con esa fuente, accedés a otra forma de liderazgo más en consonancia con el sistema y lo que es necesario que con tus viejos patrones y hábitos. •

Expertos consultados:

Julio Príncipe Portocarrero, psicólogo especialista en consultoría sistémica y constelaciones organizacionales.

Julieta Heinz, psicóloga y consultora sistémica.

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