Cómo me convertí en reina

Los últimos días como princesa argentina en llegar a la corona
Erwin Olaf
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31 de marzo de 2013  

Su carisma y su glamour fueron los pilares fundamentales sobre los que los custodios de la corona sostuvieron la posición privilegiada de la familia real. En épocas en que las monarquías europeas están siendo observadas con obsesión y se discute su verdadera utilidad, Máxima se convirtió en la Orange más popular y en uno de los personajes de la realeza europea más queridos. Las controversias y los conflictos sirvieron para atemperar su espíritu real, para profesionalizar su rol de princesa y para que la reina Beatrix confirmara de una buena vez que su hijo y su nuera argentina estaban definitivamente preparados para heredar la corona.

A principios de 2010 se divulgó una encuesta que confirmó a Máxima Zorreguieta como la preferida de los holandeses entre los miembros de la familia real, con una popularidad del 30 por ciento. La siguieron la reina Beatrix, con el 13%, y Pieter van Vollenhoven, tío del príncipe, que quedó cuarto. Al año siguiente, la misma encuesta volvió a mostrarla adelante, con el mismo porcentaje.

Máxima ya estaba lista.

Y así lo entendió también el Parlamento holandés, que en mayo de 2011 votó para que la argentina pudiera ser reina consorte una vez que su esposo fuera coronado, rompiendo a su favor una tradición que llevaba tres generaciones: los maridos de las reinas Guillermina (príncipe Hendrik), Juliana (príncipe Bernardo) y la actual reina Beatrix (príncipe Claus) ejercieron de príncipes y no de reyes de Holanda. Esa alteración de la historia reciente no estuvo exenta de debate. Los representantes del Partido del Trabajo (Pva, socialdemócrata), los ecologistas de Groenlinks y el Partido de los Animales consideraban anacrónico que la esposa de un rey se convierta, de forma automática, en soberana de un país. Pero la iniciativa tuvo el respaldo decisivo de los partidos en el gobierno, los liberales de VVD y el democristiano CDA. Otra vez fue decisiva la audacia del premier Mark Rutte, que creía que el ascenso de la princesa fortalecería la posición de su marido, el futuro rey.

Máxima organizó entonces un festejo doble: la nominación y sus cuarenta años. La espectacular fiesta se realizó el 17 de mayo en el Concertgebouw de Amsterdam.

La Orquesta Real holandesa la sorprendió con el Cumpleaños feliz y el toque argentino lo dio Daniel Barenboim, que interpretó dos piezas de piano de Franz Liszt. Al tratarse de un festejo privado, pudieron asistir sus padres, Coqui y María Pame. Y aunque no estuvieron ni Juan ni Inés, sí voló desde Villa La Angostura su hermano Martín. La familia real de los Países Bajos asistió en pleno.Y también viajaron los príncipes Felipe y Matilde de Bélgica, Federico y Mary de Dinamarca, el gran duque de Luxemburgo, el príncipe Haakon de Noruega, el príncipe Kyril de Bulgaria, los príncipes griegos Pablo, Marie-Chantal, Nicolás y Tatiana. No podía faltar tampoco el premier Rutte, que estuvo acompañado por los ex presidentes del gobierno Jan Peter Balkenende y Wim Kok.

(...) Una nueva tormenta volvió a oscurecer el horizonte Orange el 17 de febrero de 2012. Johan Friso, hermano de Willem Alexander y segundo hijo de Beatrix, quedó enterrado bajo una avalancha de nieve mientras esquiaba en Lech. Llevaba consigo un rastreador GPS. Pero esa fue la única precaución que tomó: había sido muy imprudente al ir a esas laderas empinadas de Litzen, cuando existía un alerta de 4 sobre 5 de posibles aludes. Un esquiador experto como él no podía desconocer esas condiciones. De hecho, su compañero de aventuras, un viejo amigo de la infancia, se salvó por llevar puesto un sistema de airbag especial que lo liberó de la avalancha. Friso, en cambio, quedó sepultado durante veintitrés minutos bajo la nieve, hasta que lo encontraron los equipos de rescate que habían sido alertados por su amigo. "El príncipe sufrió un paro cardíaco de cincuenta minutos y un período de reanimación muy largo. Podría decir incluso que demasiado largo", declaró Wolfgang Koller, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Innsbruck.

Nunca más volvió a recobrar la conciencia; los daños cerebrales luego de permanecer tanto tiempo sin recibir oxígeno son masivos e irreversibles. Si alguna vez se recupera, tendrá que someterse a años de rehabilitación neurológica y física. A principios de marzo, cuando los médicos austríacos lograron estabilizarlo, fue trasladado en un avión sanitario hasta Londres, donde quedó internado en el hospital Wellington, el más grande del Reino Unido, cuya Unidad de Rehabilitación Neurológica tiene fama internacional. Pero sus nuevos médicos tampoco son optimistas; ven casi imposible que Friso salga de su estado vegetativo. Varias veces se especuló con la posibilidad de que fuera desconectado. Pero eran meras versiones sin fundamento: su esposa, Mabel, y su madre, Beatrix, confían en que suceda un milagro.

El día anterior a la tragedia, Máxima y Willem Alexander habían estado esquiando con él, pero en pista, por supuesto. La argentina es una buena esquiadora, que practica el deporte desde su infancia en Bariloche. Aunque siempre es muy cuidadosa, hasta asustadiza. "Le tiene mucho respeto a la montaña", aclara María Pame. Al día siguiente del accidente, tenían que encontrarse todos para la foto oficial anual de la familia real.

La relación del matrimonio heredero del trono con los príncipes Friso y Mabel nunca había sido muy fluida. No es que se llevaran mal. Simplemente se veían poco. Desde que renunció a su derecho a la sucesión por amor, Friso se mudó a Londres, donde trabajaba para Telenet, una compañía de telecomunicaciones de origen belga. Era un workaholic asumido, que casi nunca se hacía tiempo para visitar a su madre y a sus hermanos en Holanda. Sin embargo, respetaba a rajatabla el rito del encuentro invernal en Lech. Ese era uno de los pocos lugares donde Beatrix lograba reunir a sus tres hijos varones, Willem Alexander, Johan Friso y Constantin; a sus nueras, Máxima, Mabel y Laurentien, y a sus ocho nietas. Los hermanos disfrutaban de esos encuentros, y las niñas, de edades parecidas, esquiaban en divertida montonera, como solía hacer Máxima de pequeña junto a sus hermanos y primos.

Muy natural. Máxima Zorreguieta, esposa de Guillermo de Holanda, con tiara, vestido blanco asimétrico y su frescura habitual
Muy natural. Máxima Zorreguieta, esposa de Guillermo de Holanda, con tiara, vestido blanco asimétrico y su frescura habitual Crédito: Erwin Olaf

En aquellos días de consternación, durante el invierno europeo de 2012, la argentina construyó una relación mucho más cercana con la princesa Mabel. La acompañó en el dolor, la escuchó en su desesperación, cuidó y conversó con sus hijas. Desde entonces, la amistad entre ellas va más allá de los compromisos familiares. El siguiente invierno, fue Máxima quien convenció a Mabel que volviera a Lech, a pesar de que la internación de Friso en Londres —a quien visita cada mañana— le recuerda diariamente el horror.

Máxima también fue un importante respaldo para su suegra, Beatrix. Pero a pesar de que mantienen una excelente relación, la reina es más fría, le cuesta exteriorizar sus sentimientos. Máxima lo comprende y la acompaña con su silencio. Willem Alexander sí pudo acercarse más a su madre. Son capaces ahora de charlar temas íntimos que antes evitaban.

Entre otras cosas conversaban de la sucesión. Desde el accidente de Friso, la soberana sentía que ya había terminado su momento. No lograba reunir fuerzas para continuar con su reinado. Willem Alexander le pedía que no hablaran de eso, que esperara. Pero Beatrix estaba cada vez más convencida: quería reservar sus pocas energías para visitar a su hijo convaleciente en Londres y para disfrutar de sus nietas. Ya no tenía ganas de enfrentar giras protocolares y comerciales alrededor del planeta.

A fines de 2012, cuando Máxima y Willem Alexander preparaban unas nuevas vacaciones en Villa La Angostura, la reina volvió a insistir: había llegado el momento de abdicar, siguiendo la tradición de su madre y su abuela. Esta vez el heredero no puso reparos. Simplemente le preguntó hasta cuándo podía aguantar, y Beatrix le respondió que no sabía aún cuál era el momento más oportuno para anunciarlo ni para hacer el traspaso, pero estaba decidida, tenía que ser pronto.

Un poco preocupada, otro poco confundida, Máxima le pidió a su esposo viajar sola a Buenos Aires, unos días antes que él y sus hijas, para pasar tiempo con su familia argentina y con sus entrañables amigas porteñas. Llegó en un vuelo privado el 15 de diciembre, custodiada por dos guardaespaldas que, a su pesar, la acompañaron en todo momento. Decidió no alojarse en casa de sus padres ni en el hotel Alvear. Prefirió el departamento de una amiga soltera. Se hizo una panzada, como ella misma describió. Chusmeó largamente, hasta la madrugada, con sus viejas compañeras del Northlands. Paseó por Puerto Madero y, como cuando era una adolescente, salió de compras por avenida Santa Fe. Quedó horrorizada con los precios de la ropa. Su tía Tatila y su prima Cecilia Coronel viajaron especialmente desde Pergamino para compartir unas horas con ella. La vieron relajada. "Como si estuviera en una despedida de soltera." En realidad, Máxima se estaba despidiendo de su vida de princesa. Aunque no se lo podía contar a nadie (menos que menos a su madre, María Pame, a quien le costaba guardar secretos), tampoco quería hablar del tema. Simplemente prefería olvidarse por un rato de tanto protocolo y de tantas obligaciones reales. Por eso se hizo tiempo para todo. Junto a sus padres y hermanos, pasó días enteros en la casa que Francisco Braun tiene en el country Pingüinos, vecina a la más humilde casa de los Zorreguieta. En la mansión de los Braun, Máxima pidió asados, amasó pizzas y mandó a comprar medialunas. Sin embargo, apenas comía. Todos halagaban lo flaca que estaba. Una amiga le preguntó, en broma, si se había operado y Máxima respondió, en serio: "No, pero el día que haga falta me meto en el quirófano sin problemas. Por ahora, soy todo sacrificios. Vivo comiendo ensaladas". Claro: tenía que llegar a abril con el peso ideal. Sus más cercanos aseguran que la notaron muy necesitada de recuerdos, de recuperar al menos la memoria de sus orígenes. Y se mostró más familiera que nunca.

Habló mucho de sus hijas. Se quejó de una de sus maestras, se rió de la pronunciación en español de Alexia, la del medio. Contó que un par de veces empujó a alguna de ellas a los canales que tienen dentro de los jardines del palacio para que aprendan a nadar.Y confesó que le gustaría que las chicas se empapen con algo de cultura argentina, contagiarles un poco más de amor por su país materno. "Tengo las esperanzas puestas en Ariane", dijo. Ariane parece encaminarse a ser la más "argentina" de sus hijas. Cuando nació, los medios holandeses especulaban con que Máxima designaría a Letizia como madrina de su tercera hija. La princesa de Asturias se había convertido en una buena compañera de los eventos de la realeza, tal vez por tener en común la lengua y la estirpe plebeya. Pero Máxima optó en cambio por su amada hermana Inés. También eligió para su hija menor una niñera argentina. Cuando Hansje Görtz, quien fuera la babysitter de Amalia y Alexia, le avisó que dejaba el puesto para abrir su propia agencia, la futura reina decidió que había llegado el momento de sumar una cuidadora latina.

La joven elegida, cuando fue convocada a una entrevista por una secretaria de la embajada holandesa en Buenos Aires, no tenía idea de que estaba siendo examinada como posible niñera de las princesitas Orange. El embajador tenía su legajo completo. Seleccionada entre una decena de candidatas, ya había sido investigada por el servicio secreto y su currículum analizado pormenorizadamente por los asesores de la Casa Real. Santiagueña, hija de una familia de clase media, la joven de veintiséis años habla fluidamente inglés y francés; además conoce muy bien el holandés. Estudió Literatura en la Universidad Nacional de Córdoba, pero su pasión por los idiomas la llevó a los Países Bajos al recibir una beca por sus excelentes calificaciones. Allí aprendió la lengua y se enamoró de la cultura flamenca. Dos años después, a poco de su regreso a Córdoba, recibió aquel misterioso llamado. Le enviaron el pasaje de avión para que volara a Buenos Aires y allí, luego de una entrevista personal con el embajador, le ofrecieron un muy buen salario para hacer un trabajo de tipo doméstico en Holanda, aunque no le especificaron de qué se trataba. Tras aceptar, fue sometida a rigurosas pruebas de aptitudes, de conducta y psicológicas. Recién se enteró de que sería la niñera de Catharina-Amalia, de Alexia y de Ariane (es decir, la segunda, la tercera y la cuarta en la línea de sucesión al trono de los Países Bajos) cuando se entrevistó con Máxima, a mediados de 2009.

El 28 de enero de 2013, finalmente, un comunicado que se emitió por la cadena oficial holandesa informaba que la reina Beatrix había abdicado en favor de su hijo. Willem Alexander sería coronado rey de los Países Bajos el 30 de abril. Máxima Zorreguieta sería coronada reina consorte. La primera reina argentina de la historia.

álbum de una princesa

Una vida de libro

Al momento de su aparición, en 2009, armó una revolución en el entorno de la casa real de Holanda. Sin embargo, el libro Máxima, una historia real, escrito por los periodistas Gonzalo Álvarez Guerrero y Soledad Ferrari, tuvo un éxito notable, con 20.000 ejemplares vendidos en nuestro país a lo largo de 6 ediciones.

De esta investigación, que también fue publicada en otros países, como España, Alemania y Holanda, mañana se lanzará una reedición con información actualizada y un nuevo capítulo, Reina, al fin, del que hacemos un extracto en estas páginas

Por: Erwin Olaf

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