¿Cómo surge una pasión?

Seguramente hay muchas maneras y cada uno tendrá la propia, esta es la que a Agustina la llevó, a sus 15 años, a pensar su profesión; descubrila con el relato de su primer posteo
Agustina de Alba
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26 de agosto de 2016  • 00:00

“Elegí un lugar en el mundo a donde quieras ir”, me dijo mi papá un día en el que faltaban pocos días para mis vacaciones de verano.

Soy hija única de padres separados, entonces tenía 15 años, estaba en segundo del secundario, y sabía muy bien a donde quería ir. No tuve que pensar la respuesta: “San Rafael, Mendoza”, le respondí.

¿Qué? ¿Mendoza? ¿Por qué Mendoza? La verdad es que había un chico del colegio que me encantaba, moría de amor por él (en secreto) y en un pasillo durante un recreo escuché que planeaba irse a Mendoza con unos amigos, específicamente a San Rafael. Ahí se me metió ese idea loca en la cabeza de ir al mismo destino que el chico en cuestión iba, y quizás, quien dice, cruzármelo y flechar corazones. Eso nunca sucedió, al chico no lo vi más pero siempre digo que fue en ese viaje cuando me encontré con el vino.

De chica soñaba con viajar por el mundo, conocer gente y actuar, siempre decía lo mismo. Hasta que fui a Mendoza. Mi papá nunca tomó vino pero decidió dividir las vacaciones entre la Ciudad de Mendoza y San Rafael, enfocadas siempre en hacer turismo aventura. El primer día que llegamos a la ciudad de Mendoza, mi viejo había reservado un city tour por la ciudad, que no pudo ser. De la agencia de viajes nos cancelaron el recorrido y a cambio nos ofrecieron visitar una bodega: La Rural de Felipe Rutini y su museo del vino, ubicados en Maipú, Mendoza. Mi papa no quería ir, no le divertía nada el plan, pero yo le insistí (soy bastante insistente).

Lo que sucedió fue que él prefirió esperarme en la puerta de la bodega y que yo entrara. Muy contenta me metí con un grupo de portugueses (nunca entendí porque no me unieron a uno en español) a recorrer la bodega y a probar los vinos. Ni al día de hoy puedo poner en palabras lo que me pasó aquél día de 2003. Es muy difícil, yo sentía un felicidad diferente a las demás felicidades, una nueva, una que me llenaba, que me hacía vivir el presente, sin pensar en pasado o futuro. Estaba ahí, mas presente que nunca.

Ese viaje fue mágico, Mendoza hizo magia en mi vida, volví al colegio diciendo que no solo quería recorrer el mundo, conocer gente y actuar sino también vivir en Mendoza y del vino. Los que me escuchaban pensaban que estaba loca. Después llegó el momento de la típica clase de orientación vocacional donde nos preguntaban si teníamos idea de qué queríamos hacer de grandes; algunos dudaban y otros lo tenían muy claro: médico, economista, arquitecto, abogado. ¿Y vos Agustina? Yo quiero conocer gente, recorrer el mundo y contar el vino. Obviamente, a los 15 años todos me cargaban, me burlaban, me gastaban, y lo mínimo que me decían en ese entonces era: borracha y vaga.

Pero un día, parece que mi deseo dio vueltas por los pasillos del colegio y un profesor de Inglés me buscó en un recreo y me dijo: “Me enteré de todo lo que querés hacer de grande y tengo la carrera para vos, Sommelier”.

“¿QUEEEE?” le respondí desorientada, pero me habló muy tranquilo y prometió traerme al día siguiente el plan de estudios de la carrera. Mi profesor cumplió. Todavía me acuerdo como si fuera ayer, con el papel en la mano se me salían los ojos al leer las materias: geografía vitivinícola de Francia, Italia, Alemania, Austria, Australia; era estudiar las regiones que elaboran vinos alrededor del globo, sus variedades de uva, sus climas, sus suelos, su cultura, su gente, sus vinos... Quesos, aceite de oliva, café, té, chocolate, tabaco, etc, etc, etc. “Ah buenoooo”, pensaba yo, “yo no soy la que está equivocada en esta elección”, así que entré al aula y les dije a mis compañeros: “Descubrí la mejor carrera del mundo!” Y no entendía cómo no había millones de personas que quisieran acercase a estudiar esta carrera, que para mí es la mejor del mundo. Acto seguido, me fui a un cybercafé (mis padres no sabían nada de esto) mandé un mail a la Escuela Argentina de Sommeliers y me anoté. Estaba feliz, hasta que me pidieron mi fecha de nacimiento y me invitaron a volver cuando fuera mayor de edad y tuviera el título secundario completo. Y así fue...

Soy Agustina de Alba , Soy Sommelier, hoy tengo 28 años y tuve la suerte de encontrar mi pasión desde muy chica, de manera inesperada. Lo que más amo en el mundo es comunicar y contar el vino a mi manera. Espero transmitirles copa a copa o mejor dicho posteo a posteo, todo lo que me enamoro y enamora de este universo: con las subidas, las bajadas, lo cuesta arriba y la certeza de que cuando uno sabe lo que quiere, no hay nada que pueda detener nuestros deseos. ¡Salud!

¡Las espero el próximo viernes!

Agus

Instagram @agusdealba

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