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Grandes Esperanzas

Con "huesos de cristal", no se rindió y transformó las barreras en oportunidades

Carina Durn
(0)
20 de junio de 2019  • 10:57

Jeremías Gamarra nació hace 26 años con una discapacidad conocida como "huesos de cristal" que, lejos de convertirlo en un ser frágil, lo transformó en un hombre con un espíritu inquebrantable. Desde su infancia, la osteogénesis imperfecta impulsó a su familia, una y otra vez, a luchar contra reglas e instituciones, inculcando en su hijo un sentido de la autoestima sólido, que lo llevó a nunca bajar los brazos.

"Tener mi condición implica que los huesos se te fracturan con más facilidad de lo normal, algunas veces sin un motivo aparente", explica el joven, "También puede causar músculos débiles, dientes quebradizos, una columna desviada y pérdida del sentido del oído. Es causada por uno o varios genes que no funcionan bien. Esto afecta la manera en que el cuerpo produce colágeno, una proteína que ayuda a fortalecer los huesos. En pocas palabras, cualquier traumatismo, ya sea golpe o caída, puede provocarme una fractura en cualquier hueso del cuerpo".

Para sus padres, una de las grandes luchas vino de la mano de la educación. Por su tipo de condición estaban convencidos de que su hijo sería capaz de asistir a un colegio convencional, por lo que no se detuvieron hasta lograrlo. Así, y con una sonrisa eterna, Jeremías tuvo su inolvidable primer día de jardín de infantes en el Northern School de Pilar, una escuela que lo alojó hasta tercer grado y que le obsequió años maravillosos, en los cuales comenzó a desplegar su brillante espíritu. Participó de todas las actividades a la par de sus compañeros, y conoció personas con una calidad humana única y que lo hicieron sentir que podía vivir en un mundo inclusivo.

Siempre con la frente en alto.
Siempre con la frente en alto.

Un nuevo giro de vida

Sin embargo, y siendo tan niño, para Jeremías no era sencillo comprender que tenía que tomar mayores recaudos que sus amiguitos. Cualquier golpe podía fracturarlo, y el enorme entusiasmo y los impulsos naturales de los juegos no siempre le fueron fáciles de dominar. "Ahora de grande lo tengo claro, pero de chico es más difícil entenderlo. Al querer ponerme físicamente a la par de otro, me exponía a lastimarme".

Y como a varios otros niños de este mundo, a Jeremías también le tocó atravesar instancias emocionales intensas de otra índole. En el año 2001 sus padres se separaron, lo que le dio comienzo a una nueva etapa de su vida. Tuvo que hacerle frente a nuevos sentimientos contradictorios, así como a un cambio de localidad, de colegio y de amigos.

"Luego de varias idas y vueltas en una nueva lucha de mis padres por mi educación, el colegio Santa Rosa de Lima, en Munro, me acepta. Desde cuarto grado hasta que me recibí, en el 2009, cursé en un establecimiento al que le estaré agradecido de por vida, desde los directores, preceptores hasta compañeros. Compañeros con los cuales formé una amistad inquebrantable, que hoy en día sigue vigente. Continúo viéndolos, juntándome, comiendo asados, yendo a bailar, a la cancha y a varias de mis actividades donde me acompañan incondicionalmente", revela conmovido, "Sin dudas, el colegio ha sido un pilar fundamental, aparte de lo académico, me ha formado con valores de vida".

Con su madre y su hermana.
Con su madre y su hermana.

Un accidente y un nuevo aprendizaje

Sin embargo, el adolescente tuvo que hacerle frente a un gran golpe físico y emocional. El año 2009, aquel que Jeremías había ansiado durante mucho tiempo y que creía que sería el mejor de su vida, le trajo un duro revés. Corría el mes de mayo cuando en un accidente se fracturó las dos piernas, lo que implicó cinco meses de recuperación y perderse el viaje de egresados a Bariloche con el que tanto había soñado. Mayo se transformó en un mes fatídico pero que, una vez más, le dio paso a un nuevo y enorme aprendizaje.

"Ese año comprendí lo que es la amistad verdadera, real, tangible", asegura con una sonrisa, "Durante el tiempo que demandó mi recuperación, día a día recibí la visita de amigos, juntadas en mi casa para no estar solo, cenas, e infinidad de muestras de afecto. También, gracias a mis padres y la buena predisposición del colegio, vino una maestra a mi domicilio para no perder la regularidad. Y cuando mis amigos fueron a Bariloche me hicieron sentir parte de ese viaje, se hicieron remeras con mi nombre y la llevaron a todos lados, ¡tan hermoso gesto!"

Con amigos de viaje.
Con amigos de viaje.

Salir al mundo laboral

Terminado el secundario a Jeremías lo invadieron inevitablemente dudas que lo expondrían a un nuevo reto: ¿De qué podría trabajar? ¿Lo aceptarían? ¿Se podría adaptar? "A mí mismo me dije: si no me capacito no voy a llegar a nada", afirma el joven.

Comenzó a estudiar programación de PC en un centro de formación profesional, un lugar en donde halló otra importante figura en su vida, un mentor. Era el coordinador del centro, una persona que lo ayudó crecer en sus estudios y en su moral, inculcándole valores para él invaluables. Motivado, en los años subsiguientes también se recibió de Reparador de PC, Robótica.

Encontrar trabajo, sin embargo, no le resultó sencillo. Desde pequeño, al comprender su condición, Jeremías había aprendido a manejarse acorde a sus posibilidades, acompañado por la fortuna de estar rodeado por seres humanos extraordinarios. Pero afrontar la rutina a veces despiadada de la calle era otra historia . "Los principales desafíos fueron más bien sociales. Y, desde el comienzo, edilicios, ya que muchos lugares no estaban adaptados con rampas, ascensores, etc. Muchas veces me veía imposibilitado a ir solo a algún lugar, simplemente porque no podía ingresar (me manejo en silla de ruedas desde hace unos años). Por otra parte, antes no estaba tan socialmente hablado el tema de la inclusión, entonces quizás había personas que no entendían que yo era y valía mucho más de lo que creían".

Pero Jeremías había formado una personalidad fuerte y jamás se dejó vencer. "Aprendí a entender que son situaciones que podían pasar y a seguir mirando para adelante, todo esto acompañado de un gran grupo de afectos que nunca me dejaron flaquear".

Salir a la vida.
Salir a la vida.

Una vida en ascenso

Finalmente, en el año 2011 y luego de varios intentos fallidos, tuvo la posibilidad de acercarse a una empresa (Accenture) que tenía un programa llamado Sin barreras, el cual promovía la inserción de personas con discapacidad en el trabajo. Luego de unas cuantas entrevistas, exámenes técnicos y médicos, en marzo de 2012 ingresó a trabajar en la compañía y, desde ese año, su vida fue solo en ascenso, tanto en lo laboral como lo personal.

"En lo profesional crecí en conocimiento y en lo personal me ha servido para poder colaborar en mi casa, con mis padres, descomprimir un poco la situación económica familiar, y también darme ciertos gustos. En el año 2014 viajé por primera vez al exterior, fui a Porto Seguro con mis amigos, primeras vacaciones sin la familia. Luego, en años subsiguientes, pude conocer Rio de Janeiro, Buzios, Salvador, y hasta Estados Unidos", cuenta el joven programador profundamente emocionado.

Trabajando.
Trabajando.

Hoy, Jeremías siente que su mayor aporte a la comunidad lo da desde su trabajo. Desde allí considera que puede tener una visión global del problema de la inclusión. En el marco de la compañía hizo cursos y da charlas para concientizar sobre la importancia de un programa que realmente incluya a una persona en lo laboral, sin importar su físico. También fue ganador en el 26vo. Concurso de la Bienal ALPI.

"Desde mi nacimiento que me acompaña esta discapacidad, `los huesos de cristal´, la cual siempre, con todas sus dificultades, ha sido una oportunidad más que un impedimento en mi vida. Tuve que aprender a tomar otros recaudos necesarios, pero jamás me ha detenido en nada. Parece una frase hecha, pero mi historia de vida me ha dejado una enseñanza clara y real: nunca hay que dejar de mirar para adelante. Siempre hay una persona, un lugar, un grupo de seres especiales o una empresa que está esperando. Solo es cuestión de ser paciente, perseverante. Por suerte hoy en día estamos avanzados en el tema inclusivo y hay muchas puertas más que tocar en busca de una oportunidad", concluye Jeremías sonriente.

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