Transformá tu entorno con el poder del elogio

El elogio nos sienta bien. Nos levanta y nos pone bien arriba.
El elogio nos sienta bien. Nos levanta y nos pone bien arriba. Crédito: Inés Auquer. Realización Eugenia Foguel. Producción Francia Oyhanarte
Tenemos la capacidad de transformar nuestra vida usando las palabras para alabar a quienes nos rodean. ¡Ponelo en práctica!
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26 de octubre de 2013  • 00:20


Algunas enseguida nos ruborizamos, como si un calorcito placentero y energizante nos recorriera el cuerpo. Otras nos morimos de vergüenza y quisiéramos que la tierra nos tragara para siempre. Y otras veces, así de repente, nos convertimos en superheroínas fuertes, valiosas y buenas. Claro, así nos sentimos cuando alguien nos dice algo lindo acerca de nosotras mismas. Es que el elogio llega de maneras misteriosas y a veces humildes . Puede ser una cara que se ilumina con un brillo distinto, o incluso una silenciosa sonrisa de algún compañero de trabajo o un jefe, en el medio de una presentación o un simple "¿vamos a festejar?" luego de negociar un acuerdo con un cliente. Otras tantas, aparece así de sopetón cuando una amiga te reconoce, aunque sea sin decirlo, que tu consejo le solucionó el problema o simplemente la alivió en un mal día. También –¿por qué no?– cuando vas un día cualquiera por la calle y alguno se da vuelta para decirte un piropo sobre tu sonrisa, tus ojos... o bueh, sobre algún otro atributo de tu cuerpo que bien se lo merezca. Vamos, confesemos que a cualquiera de nosotras el elogio nos sienta bien. Nos levanta y nos pone bien arriba. Es lógico; se han hecho numerosas investigaciones que demuestran que somos una sociedad que se maneja estimulada por los premios. Y el elogio no es nada más ni nada menos que eso: un premio, un mimo que a nuestro ego le encanta recibir . Pero ahora vayamos del otro lado... ¿También elogiamos a los demás en la misma proporción? Mmmm, seguramente no .

Sucede que nuestro cerebro siempre recuerda más lo que nosotras hacemos que lo que hacen los demás y, por si fuera poco, ya sabemos que hace foco en los aspectos "peligrosos" de nuestra existencia, en vez de centrarse en lo positivo. Además, otro problema es que pertenecemos a una sociedad muuuy individualista y estamos siempre evaluando los méritos de otros como deudas o como posibles peligros en esa carrera interminable para sobresalir. "¿Y si está haciéndolo mejor que yo? ¿Y si me gana? ¿Por qué ella es MIL veces más talentosa/linda/generosa que yo? Si le digo que me parece genial lo que hace, ¿no me estaré serruchando el piso yo misma?". Estos y otros pensamientos sobrevuelan en una época en la que siempre nos quedamos demasiado cortas de elogios. Pero eso está a punto de cambiar, porque te vamos a contar el poder transformador (¡y totalmente gratuito!) que se esconde en el simple arte de decir cosas lindas.

¿Para qué sirve?



Aunque la respuesta podría sonar obvia, no lo es. Claro que cuando elogiamos queremos hacer sentir bien a los otros, pero hay muchísimo más detrás de eso. Se activa en nosotros cierta gratitud por lo que el otro es o hace. Y no solo le estamos diciendo "soy consciente de eso", sino que también estamos invitándolo a celebrarlo juntos. De alguna forma, le manifestamos que él o ella también nos está aportando algo que nos hace felices, en un ida y vuelta que provoca no solo placer, sino también pertenencia, como si fuera una forma solapada de decir "estamos juntos en esto". Para ponerlo más simple: "elogiador" y "elogiado" arman, en ese intercambio breve, casi cotidiano, un lazo invisible que los une y los acerca aún más. A diferencia de la crítica, que enseguida genera rechazo, el elogio "construye" relaciones. ¿Acaso nunca pusiste a prueba el famoso "aaaay, qué lindo perrito" en la plaza cuando el dueño era un bombonazo? Si no lo hiciste, probalo..., vas a ver cómo funciona.

Y si bien el elogio no está enfocado en ganar ni en el poder –sino justamente en lo contrario–, nos vuelve ganadoras y poderosas. ¿Por qué? Porque tiene que ver con ponerle sorpresa y brillo al presente, como cuando tu pareja te ve salir a la mañana y te dice: "Guau, qué linda estás hoy" (¡¿te lo dice?!), porque te conecta con el disfrute del pertenecer (¿hace cuánto que no les decís a tus compañeros de trabajo: "Che, la verdad es que me encanta compartir este trabajo con ustedes"?) y también es un poderoso "antienvidiante", porque te hace sentir que ese logro ajeno no es exclusivo del otro (lo cual te daría un cachitín de envidia), sino que también es un poquito tuyo. ¿Cómo funciona? Por ejemplo, vas al estreno de la obra de teatro de una amiga y te deshacés en aplausos y ves que la está rompiendo. Habla bien de nosotras el hecho de ser humildes, aceptar (¡y celebrar!) lo que otro sabe hacer bien. Es compartir los logros.

¿Cómo ponerlo en práctica?

Existen distintos tipos de elogios, y los vamos aplicando alternativamente de acuerdo con las situaciones que se nos van presentando:

-Elogio real: es ese que te acerca al otro y que implica un disfrute para ambas partes. Al hacerlo, se genera cierta entrega y el sentido de pertenencia, y te pone a vos en un espacio de bondad, fortaleza y gratitud.

-Elogio manipulador: a este también lo conocemos bien, es ese que decimos (y nos dicen) cuando queremos conseguir algo, el famoso "vos que sos tan buena con los números...", que antecede al pedido de que ayudes a tu compañero de trabajo con una planilla de gastos. Te pone fuerte, pero no buena y perteneciente.

-Elogio para crear ambientes: OK, es ese que a veces no es del todo sincero –por ejemplo, vas a una heladería y le decís al dueño: "Ay, este chocolate es el mejor que probé en años", cuando en realidad no tenía nada de extraordinario–. O cuando vas a conocer al nuevo novio de tu mejor amiga y, al segundo intercambio de palabras con él, le decís a ella al oído: "Me parece un copado, creo que tiene mucha onda". En este caso, lo que busca el elogio es armar un ambiente lindo y/o generar un vínculo, y sí, puede ser un poco forzado, pero está bien. Vale la pena para este propósito.

-Elogio "vacío": es ese elogio genérico, "ay, qué lindo", "me encanta". No te genera la suficiente confianza (pensás que te están verseando o que lo están diciendo solo de compromiso); ese en el que te alaban pero no te dicen por qué.

-También el momento del elogio es muy importante: hacelo cuando el otro también está dispuesto a escucharte. Por ejemplo, si vas a ver a la obra de teatro de un amigo o el estreno de su película, ¿es mejor elogiar su trabajo apenas termina el espectáculo o una semana después, cuando hayan bajado la euforia y la adrenalina? Podés hacerlo en ambas oportunidades, pero sabé que si a la semana siguiente se juntan a tomar un café, ese elogio te compromete más, arma pertenencia y forma equipo. No vas a poder decir simplemente "me pareció re linda la obra"; tenés que jugártela más a fondo con lo que digas.

¿Qué pasa si no te elogian?

-Es como todo: la ausencia de algo le da valor. Y como dice el refrán: "Si Mahoma no va a la montaña..., la montaña irá a Mahoma". Entonces, si venís esperando esa palabra de aliento o de reconocimiento y no llega, arrancá vos. Tomá la iniciativa y elogiá primero. Vas a ver rápidamente el efecto búmeran; el elogio te vuelve. ¿Y si no vuelve? Bueno, quizá sea el momento de replantear los vínculos con esa persona y de saber exactamente cuál es tu "negocio" con ella: quizá no tengas que seguir esperando por ahí o debas saber que tu valor no depende de lo que esa persona sea capaz de expresarte. Porque simplemente no le sale o no registra lo bueno de los otros. Ni se te ocurra creerte menos porque no llega el elogio tan esperado.

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También el momento del elogio es muy importante: hacelo cuando el otro también está dispuesto a escucharte
También el momento del elogio es muy importante: hacelo cuando el otro también está dispuesto a escucharte Crédito: Inés Auquer. Realización Eugenia Foguel. Producción Francia Oyhanarte



Nuestro cerebro femenino, con su capacidad para registrar todo al mismo tiempo, hace difícil que nos alcance con lo que hicimos, y por eso, si nos elogian lo que logramos, respondemos señalando lo que faltó. O también sucede que los negamos casi inmediatamente: "Ay, no, nada que ver...", solemos contestar cuando alguien nos tira flores. Hay que cambiar el chip: si te elogian, creételo humildemente. Tomalo como un regalo de una mente generosa que está recibiendo lo que vos valés. También es una guía de cómo te ven los demás; a veces somos nosotras las que nos damos con un caño y es la mirada ajena la que sabe sacarle brillo a eso que nosotras –por estar enfocadas en lo no tan bueno– no podemos ver con claridad. Dale, dejate conmover. ¿Quién sos vos para no recibir la opinión de los otros?

Y ahí, desde esa felicidad que te provoca recibir un elogio, convertite en un "agente de expansión": llevalo vos al resto de tus espacios. Motivá a tus compañeros de trabajo, a tu pareja, a tus padres, hijos y amigos. E incluso a vos misma (¡tirate un autombombo de vez en cuando!) porque, si vos lo hacés, es muy probable que los demás también lo hagan. Vas a ver el poder y la alegría que genera ese círculo virtuoso.

El Método del elogio en la crianza

¿Cuántas veces por día les decimos a nuestros hijos: "¡Ay, qué lindo eso que dibujaste!" o "¡qué bien que te portaste hoy!" o "¡qué genio que te vestiste solo!"? Miles. Sí, seguro que te cansás de alabarlos, no solo porque estás embobada con ellos, sino también porque sabés muy bien que apreciar esas pequeñas hazañas cotidianas contribuye a fortalecer su autoestima y a que ellos puedan, a medida que crecen, construir una imagen de sí mismos realista y positiva. Pero a veces, ese "elogio en piloto automático", con cierta fiaca, puede ser tramposo. ¿Por qué? Porque por no prestar la suficiente atención, podemos provocar los sentimientos contrarios a los que queremos producir: por ejemplo, si invitás a alguien a cenar a tu casa y salís del paso con una sopa instantánea y un arroz con manteca, y apenas servís la mesa te dicen: "¡Qué buena cocinera!", inmediatamente te ataca la duda. ¿O no? A pesar de que lo signifiquen, abusar de palabras como "lindo", "hermoso", "divino" o "genial" no les ayuda demasiado a los chicos. Ahí reside la "fiaca": en no tomarse el trabajo de observar, de prestar atención, de interesarte realmente por algo antes de elogiarlo. Porque a ellos les importa verdaderamente lo que nosotros podamos decir de sus acciones, logros y actitudes. El elogio que sí suma viene en dos partes:

1) Descriptiva: primero, debemos simplemente describir lo que vemos o sentimos. Por ejemplo, si el niño hizo un garabato, tendremos que (¡sí, ya sabemos que no es fácil!) tratar de contar qué vemos, ya sean líneas dando vueltas, en zigzag, puntos de colores, manchones, etc., y luego preguntarle cómo fue que se le ocurrió hacer eso.

2) Autoelogio: luego de escuchar la descripción, el niño será capaz de alabarse a sí mismo. Sin dudas, este es un proceso mucho más enriquecedor para la construcción de su propio yo –en nuestro ejemplo, el niño podría responder: "Porque soy un artista, mami"–. De esta manera, los chicos toman conciencia de sus propias fortalezas. Y así son capaces de apreciarlas.

Y así, además de los típicos elogios verbalizados, tenemos la posibilidad de elogiar desde lo no dicho, simplemente estando, preguntando desde la curiosidad y abriendo espacios para la propia autonomía. Todo eso irá a parar a su banco emocional, y una vez ahí, nadie podrá quitárselo.

Algunos consejos bien prácticos:

- Verificá que los elogios sean apropiados a la edad y las habilidades de tus hijos.

- Evitá hacer referencia a debilidades anteriores, por ejemplo: "¡Al fin dejaste de dormirte con la luz prendida!", y siempre enfocate en las fortalezas del presente.

- Tampoco elogies en exceso, porque a veces puede ser percibido como una "presión" extra para lograr algo.

- La frase "estoy tan orgullosa de vos" no suma, porque traslada el énfasis desde el logro del niño hacia tu propio orgullo. Recordá que lo importante son ellos, no vos. Tampoco vale decirles: "Yo sabía que lo ibas a lograr".

- El elogio invita a la repetición, así que si lo hacés, bancate luego que tu hijo quiera demostrarte una y mil veces más lo bien que dibuja o lo fuerte que le pega a la pelota. ¿Te gustó? Entonces, es hora de usar el poder del elogio

Si venís esperando esa palabra de aliento o de reconocimiento y no llega, arrancá vos. Tomá la iniciativa y elogiá primero.
Si venís esperando esa palabra de aliento o de reconocimiento y no llega, arrancá vos. Tomá la iniciativa y elogiá primero. Crédito: Inés Auquer. Realización Eugenia Foguel. Producción Francia Oyhanarte





Piropos para OHLALÁ!

¡Y ahora nos toca a nosotras un poco de autobombo! Hace poco, un estudio realizado entre mujeres de 30 años por la firma The Brand Bean arrojó datos novedosos acerca de cómo nos vinculamos con las marcas. ¿Uno de los más relevantes? Las mujeres consideramos indispensable que se valore nuestra complejidad femenina y que una marca sea capaz de vernos en nuestra multiplicidad de roles, ayudarnos a resolver tensiones, conectarnos, inspirarnos, cuidarnos y hacernos innovadoras, con nuevas y lindas ideas. Entre las encuestadas, el 63% eligió a OHLALÁ! como una marca con la que se conecta. ¿Por qué? Porque mostramos a una mujer compleja, con múltiples intereses, que forma una comunidad activa, que hasta tiene su propio idioma. ¡Así que sigamos ohlaleando!

Fuente: The Brand Bean y Alurralde, Jasper + Asoc.

Experta consultada : Lic. Inés Dates, Psicóloga

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