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Corchos. Para devolver. En degustación
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Corchos
No es el corcho en sí mismo el que comunica el llamado "gusto a corcho" –en francés se dice bouchonné– de algunos vinos, sino una enfermedad que contraen los tapones de ese noble material, terror de los wine makers porque puede obligarlos a descartar toda una partida de vinos afectados. El maldito compuesto que se forma es el llamado TCA –2,4,6-tricloroanisol– y hace que el vino huela a desagradable humedad, que se agudiza si se deja expuesto al aire. Lo más frecuente es que sea un defecto de algunos tapones y no de una partida completa.
Para devolver
En el caso de recibir un vino bouchonné, devolverlo sin dilaciones. Es uno de los detalles que el sommelier o quien abre el vino debe percibir en un restaurante, y para eso huele el corcho. Por lo mismo, probarlo es una prueba más eficiente, y se impone cuando se trata de vinos de alto precio. Hay que devolverlo sin titubeos, en el restaurante, así como en casa es conveniente taparlo enseguida y restituirlo a la vinoteca o el comercio donde se compró. Es una obligación de los bodegueros reemplazar la botella al restaurante o a la vinoteca y éstos, al cliente.
En degustación
Cuando se hace una degustación profesional o amateur las botellas son abiertas previamente por un experto que puede detectar olores desagradables en vinos y corchos. Se calcula que en el caso de proveedores confiables puede aparecer un corcho mal entre doce a cuarenta botellas. Algunas personas notan más que otras la característica bouchonné; aun ante la duda, consultar con el sommelier o hacer probar a otros de la copa puesta en duda.
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