Conversación sobre este mundo

La periodista Magdalena Ruiz Guiñazú y el padre Rafael Braun dialogaron sobre los problemas más arduos y urgentes de la actualidad. El resultado es el libro ¡Qué mundo nos ha tocado!, que en estos días publica El Ateneo
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9 de diciembre de 2001  

Padre Rafael Braun: -La Iglesia Católica es una comunidad de una pluralidad interna desconocida para muchos.

Magdalena Ruiz Guiñazú: -¿Vos creés que dentro de una pluralidad se va a llegar a que los sacerdotes puedan optar por casarse?

R.: -Hay ritos católicos orientales en los que existe el matrimonio. Pero los sacerdotes casados se han casado antes de ordenarse; nunca se casan después de ordenados.

M.: -¿Cuál sería entonces el argumento por el cual no deberían casarse? Los apóstoles eran casados. San Pedro tenía suegra...

R.: -El celibato sacerdotal en la Iglesia latina es una ley eclesiástica, no una verdad divina y, por lo tanto, se puede cambiar. Hay dos argumentos que lo apoyan. El primero es de San Pablo: el hombre o la mujer casados -él lo aplica a las mujeres- tienen el corazón dividido entre su familia y la tarea por desarrollar en la Iglesia; es decir, no son personas con dedicación interior exclusiva. Creo que es un tema atendible. No es fácil para un sacerdote atender con igual dedicación a su familia y a su ministerio, y tampoco es fácil para una familia ser familia del cura.

El segundo argumento lo expliqué cuando hablamos sobre la familia: teológicamente, la sexualidad genital está vinculada con la reproducción, y la reproducción, con la muerte. En el mundo de la resurrección, ya no existirán la corrupción y la generación, y el que vive el signo del celibato vive proféticamente un anticipo del Reino.

M.: -Quiere decir, Raffy, que es un asunto de fe. Porque aquí, entre nosotros, parecería que la Iglesia privilegia el celibato sobre la vida matrimonial. Vos mismo comparás el celibato con un anticipo del Reino. Es un viejo tema.

R.: -El celibato y la virginidad se inscriben, junto con la pobreza y la obediencia, en la lista de votos que hacen los religiosos. Son renuncias a conductas legítimas motivadas por querer vivir radicalmente la entrega a Dios. La pobreza es la renuncia ligada a la vida comunitaria; y, más allá de lo que exige la obediencia, es una organizaión, quien la asume procura vivir a fondo la negación de sí mismo que Jesús demanda de sus seguidores. Es una entrega de la propia vida para ponerla al servicio de los demás. Al sacerdote, por ejemplo, se le pide que se abstenga de participar en política no porque ésta sea mala, sino porque, al ser ministro de toda la comunidad, su deber es estar al servicio de la unidad.

M.: -En Estados Unidos, mucho más que en otras partes, hay todo un movimiento que impulsa el matrimonio de los curas.

R.: -Sí. No creo que resuelva demasiados problemas. No estoy ni en favor ni en contra, creo que va a ser igualmente difícil ser sacerdote en un caso como en el otro. La línea nueva por explorar no es tanto si se casan o no se casan los sacerdotes como si dejamos de ser tan clericales y tan autoritarios. Me parece que los cambios más importantes se relacionan con el cambio en el papel del laico. Hoy el obispo tiene organismos consultivos importantes. El Consejo Presbiteral, formado por sacerdotes electos, es uno. El otro es el Consejo Pastoral, donde están representados todos los sectores de la Iglesia. En los consejos de asuntos económicos priman los laicos, como asimismo en los órganos directivos de Caritas. Hay laicos ministros y ministras de la Eucaristía, y los enfermos son visitados por laicos. Ese es el cambio más notable y ocurrió en los pasados cuarenta años.

M.: -Desde el 11 de septiembre nos enfrentamos a cambios impensables, en los que las religiones tendrán un papel protagónico.

R.: -En el mundo -no solamente en la Argentina- hay un renacimiento del sentimiento religioso y de su expresión pública. A veces torcidos, como es el caso de los fundamentalismos, pero la mayoría de las veces inciden positivamente en la vida social. En la Argentina, si mirás las encuestas, ha crecido muchísimo el interés de los jóvenes por la religión.

M.: -No lo sabía. Los ubicaba más bien con otros intereses, aunque, de pronto, desde el 11 de septiembre nos encontramos con jóvenes fanáticos y suicidas. Todo un replanteo. Como la globalización, tan desalmada y cruel: nunca ha habido tantas hambrunas. La desocupación es un fenómeno monstruoso. Todo es tan injusto. El progreso se transformó en que el trabajo que antes hacían cinco personas lo hace ahora una computadora. Y a nadie le importa que esas personas se mueran de hambre, si se pueden ahorrar los salarios. Parece, más bien, un mundo sin Dios, y quizá por eso se lo esté buscando en una instancia trascendente.

R.: -Según las encuestas que Gallup hace todos los años, la religiosidad de los jóvenes argentinos ha crecido. Me extraña que los diarios no presten una mayor atención a la vida religiosa de sus lectores. Todos los domingos, en la ciudad de Buenos Aires, hay unas trescientas mil personas que se congregan en iglesias católicas, a las que hay que sumar las que concurren a otros cultos. Sin embargo, los diarios carecen de una sección dedicada a la vida religiosa de la población. Lo paradójico es que dedican enormes espacios a las carreras de caballos, a las que no va, ni se interesa, casi nadie. Incluso el fútbol, como espectáculo que congrega público, queda pequeño comparado con el poder de convocatoria de la religión. Dado que no hay ninguna actividad social que suscite tanto interés y tanta actividad como la vida religiosa, lo lógico sería que se le dedicase una página entera cada semana. Por supuesto, a cargo de un periodista especializado. Creo que la dimensión religiosa de la vida social en la Argentina es una dimensión que no está recogida en los medios y, por lo tanto, la gente ignora la riqueza de la vida interna de las diferentes comunidades.

M.: -Es que no parece reflejarse en la sociedad. Hemos hablado mucho de nuestras terribles falencias, en las que se evidencia que la vida religiosa parece no gravitar demasiado.

R.: -¿No se refleja en qué sociedad? Yo insisto, los dos pertenecemos a los medios de comunicación, y los medios de comunicación no representan los intereses de la sociedad, no hablan de los problemas de la sociedad. Como ocurre en todos los países, hablan de los intereses de un grupúsculo que tiene sus propias categorías y sus propios problemas, y los reciclan una y otra vez.

M.: -Perdoname, no me incluyas. Yo me ocupo de la sociedad y sus problemas. Y no de vez en cuando. En mi programa, todos los días hay un abanico de cosas diferentes que reflejan la realidad. Te repito que, si lo que vos decís fuera tan evidente, los hechos se verían influidos por ese rebrote de vida religiosa. Evidentemente, no es así. Más bien será un tema privado.

R.: -Creer que la dimensión religiosa de la vida pertenece al ámbito privado es una ideología, la del liberalismo del siglo XIX. ¿Cómo vamos decir que es un tema privado cuando observamos a cientos de miles de personas acudir periódicamente a los innumerables santuarios existentes en el país? ¿La misa de los domingos es un fenómeno privado, también? ¿Lo fue la concentración de miles de fieles evangélicos en la Avenida 9 de Julio?

M.: -Depende. Para mí, no es lo mismo la misa dominical que las peregrinaciones a San Nicolás. Así como estoy de acuerdo con lo que decías acerca de no juzgar la recta intención de cada uno, pienso que tampoco hay por qué adherir a esas manifestaciones multitudinarias.

R.: -Yo no digo adherir, digo "dar cuenta de". El periodismo no juzga las cosas, tiene que "dar cuenta de". Y en este caso no da cuenta de lo que son las preocupaciones de millones y millones de personas, que no se ven reflejadas en los temas que se tratan.

M.: -Para mí, la relación de cada uno con Dios es un asunto privado.

R.: -Las conductas religiosas no consisten sólo en una relación privada, individual, con Dios; son conductas que tienen una dimensión privada, pero que se expresan públicamente. ¿Por qué? Porque son comunidades a las que por medio de un ritual determinado, según cada creencia, el individuo se incorpora. La dimensión religiosa de la vida comunitaria no refiere a una práctica privada. Privada es la práctica de los que apuestan en las carreras.

M.: -Explicame entonces cómo armarías vos, por ejemplo, una noticia sobre la gente que fue a misa ayer.

R.: -Vamos a poner un paralelo: cuando se hace una nota de deporte, ¿a quién se busca para hacer la nota? Al buen deportista. Si se quiere hacer una buena nota política, se trata de singularizar al buen político. Si se quiere hacer una buena nota religiosa, hay que invitar al que ha desarrollado una profunda vivencia religiosa. Ese es el buen religioso, y hay mucha gente profundamente religiosa en la Argentina.

Un buen religioso puede ser una madre o un padre de familia, un joven: hay miles de ejemplos y no tienen por qué ser extremos. Siempre se ponen ejemplos de individualidades solidarias, y me parece fantástico, pero nunca ponen ejemplos buenos de religiosidad. Un ejemplo notable, ya fallecido, que tuvo que abandonar la Argentina por las amenazas de muerte que recibía, fue el cardenal Pironio, obispo de Mar del Plata.

M.: -Cuando Pironio vivía, yo trabajaba en Dos en la noticia y veinte veces quisimos entrevistarlo. Nunca daba entrevistas. Y te diré más: si ustedes, sacerdotes, tuvieran otra presencia y más prestigio en la vida nacional seguramente despertarían más interés. Tampoco otros cultos ofrecen cosas demasiados interesantes en lo cotidiano.

R.: -Y, sin embargo, se considera interesante lo que les sucede a los participantes de los reality shows.

M.: -Eso es verdad, toda la vida fue así. El sensacionalismo barato goza de gran apoyo del público. Tampoco podés comparar Gran Hermano con una manifestación religiosa.

R.: -Exactamente. Pero el país real no tiene nada que ver con los prostíbulos en los que se han convertido los llamados reality shows.

M.: -No creas. La proliferación de ciertos programas de televisión o de radio está ligada a la necesidad de evadirse -sin duda mal- de una realidad acuciante, y a la hora de la reflexión son muchos los que prefieren sólo distraerse.

R.: -Entonces, este espectáculo, ¿quién lo está organizando? Creo que hay un divorcio tremendo en la Argentina entre la sensibilidad media y los problemas de la gente y las preocupaciones de una pretendida clase dirigente que no dirige nada.

M.: -Vamos a ver, ¿cuál sería esa clase dirigente? Porque me parece que no hay clase dirigente. Hay gente con plata, con poder, que es distinto, pero dirigente, en el sentido profundo del término, yo creo que no hay. En cuanto a quién organiza el reality show, te diría que son aquellos que conocen el negocio y, te repito, la circunstancia que significa huir de una realidad sin futuro.

R.: -Llamo clase dirigente, en este caso, a la que dirige la opinión. Hoy, por ejemplo, ningún diario publica entero un documento de la Iglesia, a menos que se lo pague como solicitada. Antes lo hacían. La autocrítica que hizo la Iglesia en el 2000 no salió en los medios. Aunque, para ser justo, tengo que reconocer que ahora estos textos se pueden consultar en la versión digital de los diarios presente en la Red.

M.: -También para conocer íntegramente y comentar un fallo de la Justicia hay que comprar una revista jurídica. No los verás seguramente en los matutinos.

R.: -Creo que hay que mirar en profundidad lo que pasa en el país, porque esta renovación del sentimiento religioso va a eclosionar en los próximos diez o veinte años. Es necesario, entonces, observar de dónde va a salir la nueva clase dirigente. Hay una nueva realidad y se la está ignorando. En la sociedad civil están ocurriendo, además del fenómeno religioso, muchas otras cosas de las cuales surgirá una realidad nueva en la Argentina.

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