Correr por una causa da vida

Damián Cáceres
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22 de febrero de 2015  

"Corro para seguir viva". Ésa es la respuesta que elige Natacha Diz, chef profesional y corredora amateur, oriunda de Germania, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, ante el eterno cuestionamiento. Quienes no corren quieren saber qué la impulsa a correr a diario. Y es que correr, para Natacha, es ir hacia adelante, paso a paso, sin detenerse. Muchas veces, sin importar la velocidad, pero es seguir. Este deseo de correr continuamente se esparce cada vez más y la tribu runner pareciera no terminar de crecer nunca. Las marcas deportivas suelen ser las principales beneficiadas de esta proliferación de corredores que impacta directamente en el mercado no sólo por el consumo de indumentaria y accesorios, sino también por las masivas concurrencias a las carreras.

En este punto, es necesario hacer un alto. Correr une. Genera un vínculo genuino desde la esencia de un ser que, muchas veces, sobre todo en largas distancias, logra conectarse con lo más profundo de sí mismo, un lugar tan acogedor como desconocido y, en algunas oportunidades, hasta inhóspito. Desde ahí surgen causas, motivos contundentes por los que correr se torna una actividad imprescindible. Y también desde ahí nacen las carreras solidarias. Son cada vez más las iniciativas y más diversas las causas. La educación, la lucha contra el cáncer o el HIV o la defensa de los derechos de la mujer son apenas algunos de estos móviles que llevan a miles de corredores a reunirse y recorrer distancias para ayudar a personas anónimas que lo necesitan, al mismo tiempo que se ayudan a sí mismos.

Cada una de estas carreras implica un doble objetivo: el grupal y el personal. En ese orden. El primero suele ser el que más se disfruta porque significa que alguien que necesita ayuda para seguir viviendo con la mejor calidad de vida posible, estará un tanto más cerca de lograrlo. El segundo viene de la mano del primero, porque para que ese alguien pueda salir adelante, hay miles de otros que suman kilómetros que incrementan sus propias ganas de vivir. Como si se tratase de círculo virtuoso al que se le suma la inagotable energía que se vibra en cada una de las competencias. Todo esto en medio de abrazos, palabras de aliento, sonrisas y lágrimas de emoción que hacen que después de cada carrera, muchos quieran seguir ayudando. Porque al final del día, todos desean tener más ganas de vivir.

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