Cuestionario Sehinkman: Alfredo Casero

Diego Sehinkman
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11 de noviembre de 2018  

–Completá la oración: "Dentro de un grupo –puede ser laboral o social– mi rol suele ser

el de…"

–En un grupo suelo ser el alfa. Cuando me toca ser general, soy general. Ahora, cuando me toca ser cabo armero, voy a entregar hasta el último revolver impecable y perfecto. Amo las cadenas de mando claras para poder lograr cualquier cosa.

–Si la personalidad fuera una aplicación del celular y uno pudiera "actualizarse", ¿qué mejoras vendrían en una nueva versión de vos mismo?

–Si tuviera que actualizarme, me bajaría una versión más hypocrite. Quiero ser hipócrita. No es que no lo sea en algún momento, pero quizás debería serlo más. Me he dado cuenta de que es útil en algunos casos. La gente que es amiga de todo el mundo, aunque no le guste, choca menos. Por ejemplo, en lo profesional, si yo fuera más hipócrita, no me golpearía tanto contra el mundo y contra la gente que no me gusta.

–Escribile una breve carta a tu ego. Contale qué pensás del tamaño que desarrolló (o que no desarrolló). Indicale qué esperás de él.

–"Querido ego: te agradezco terriblemente que no te despliegues en todo tu esplendor, que seas paciente y que tengas el savoir faire de dejarme convivir con una persona como yo. Porque yo, querido ego, no solamente voy a amarte toda la vida, sino que voy a necesitarte para ser un cómico. Y voy a necesitarte así, altivo, malo, jodido. Te agradezco, querido ego, por el alma amplia que me has dado para soportarme y convivir en esta especie de hotel 5 estrellas que es mi cuerpo. Si yo no tuviera este ego, no tendría lo que tengo, no podría hacer reír, ni creérmela, ni hablar delante de nadie".

–Un papelón inolvidable.

–Me equivoqué de mujer y le toqué la cola muy mal a una señora. Fue en un supermercado. Soy medio juguetón y, no me preguntes cómo, fui y metí la mano.

–¿Por qué creés que te contratan?

–Me contrata poca gente, la que sabe cómo trabajo. Y me contratan porque el público se ríe. Me llaman porque garpo. Mi oficio es como el judo: así como el único lugar donde vos podés probar la efectividad de una toma es en una lucha, cuando sos actor solo podés probar tu poder mortífero sobre el escenario cuando sos capaz de conquistar al público. La única manera de que te sigan llamando es siendo bueno en la lucha.

–Buscá una foto tuya de la infancia. Con tu experiencia actual, ¿qué recomendación le darías a aquel pequeño Alfredo de la foto?

–Le diría: "¡despreocupate, pibe, sos fantástico!" [Se ríe]. Mirá, hay una foto mía de chico donde estoy con un pantaloncito tejido y un pulovercito con capucha. Debo tener tres o cuatro años. Me la sacó un fotógrafo en Mar del Plata en 1965. Yo había ido con mi abuela y me hice sacar yo las fotos. ¿Y cómo salí? Parado con la pierna izquierda sobre un escalón, medio en actitud de mirar a la cámara. Cuando la vi de grande me di cuenta de que ya en ese momento mi destino estaba marcado

–Ejercicio de poder real: si te nombraran ministro o secretario, por ejemplo de Educación, ¿cuál sería el primer cambio concreto y posible que implementarías?

–La enseñanza de todos los símbolos patrios, por ejemplo, del himno. Empezaría el día cantando el Himno Nacional Argentino. Trataría de convencer a todos de lo importante que es utilizar la cultura para la elevación del hombre. ¿De qué manera? Amando la escuela. Empezaría por los maestros. Pero no me iría a ver cómo enseñan en Finlandia, primero evaluaría acá la calidad de los maestros. Otra cosa: vería de qué forma los chicos ya pueden empezar a estudiar por internet o desde sus casas. Vos podés tener un alto índice de gente a la que le regalan la secundaria, que tiene el título, pero que no sabe dividir. Por eso tenés un montón de gente, periodistas, tipos que trabajan en la tele, que no saben las tablas.

–Un recital o concierto inolvidable.

–En el estadio de Yoyogi, Japón, cuando canté "Shima Uta" (Canción de la isla). [N. de la R.: antes del partido Japon v. Túnez del Mundial de Fútbol 2002). Fue impresionante. Es una canción que proviene de la II Guerra Mundial y hace alusión a una escuela de niñas que fueron militarizadas por el gobierno japonés de ese entonces. Las usaron como enfermeras. Fue una cosa muy terrible y la canción también cuenta cómo los norteamericanos los reventaron fumigando. Ese día en el estadio, todos cantaron la canción.

–Un momento de felicidad.

–Cuando encendí por primera vez un Chevrolet Champion de 1927, que no andaba desde el año 42. Era del padre de un amigo. Le puse batería, le cambié el aceite, limpié todo, le di unos manijazos echándole un poco de nafta al carburador y arrancó. Ahí te das cuenta de lo que es el ser humano y el espíritu renacentista. Que un montón de fierros y una idea anden toda la vida es una cosa increíble. Y por supuesto, los nacimientos de los hijos.

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