Cuestionario Sehinkman: Ricky Pashkus

Diego Sehinkman
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6 de enero de 2019  

Fue el director y coreógrafo de la Gala del G-20 en el Colón. El 9 de enero estrena en el teatro Maipo A Chorus Line, con producción de Javier Faroni
Fue el director y coreógrafo de la Gala del G-20 en el Colón. El 9 de enero estrena en el teatro Maipo A Chorus Line, con producción de Javier Faroni

"Nunca más voy a bailarles a 20 presidentes", dice el coreógrafo de la gala del G-20, que también habla de las contradicciones de sus padres frente a su elección sexual

Sos hijo de madre polaca y padre austríaco, ambos judíos escapados de la guerra, que en la Argentina se dedicaron con éxito al rubro textil y tuvieron un buen pasar económico. ¿Cómo fue la relación con ellos que, según contaste, deseaban otra carrera profesional más tradicional para vos?

Los amé profundamente pero eran paradojales y contradictorios. Un ejemplo: en la primera fiesta en la que me permiten salir y volver solo, mis padres me van a buscar a las 12 de la noche. "¿Pero si iba a volver solo?", les digo. "Vas a volver solo", me contestan. Me suben al colectivo y ellos van en el coche, atrás, controlando.

Es "solo pero no tanto", Ricardito.

Siempre fue así con todo. Con la identidad sexual, con todo. "No nos gusta, pero te amamos". Y esa es mi transmisión hacia los padres de mis alumnos: no necesitan falsear sus contradicciones. Lo único que no pueden hacer jamás es dudar del amor incondicional. Los chicos están en condiciones de articular y percibir el amor incondicional y eso les va a dar una fortaleza enorme en la vida, incluso mayor si incluye la contradicción. ¿Por qué? Porque esa contradicción ayuda a entender que mi padre pudo superar su propia contradicción para acompañarme.

Ellos no querían un hijo artista, sin embargo te llevaban al Colón. Ahí había un "no" bastante poroso, que evidentemente no obturó tu elección.

Ellos me dejaban hacer, pero lo que generaba la mayor obturación era su reacción. Yo tenía una libertad muy grande y hacía lo que quería, pero cuando hacía una cosa que ellos no comulgaban, tenían reacciones claramente inesperadas, llevadas a un límite que uno no podría imaginar.

¿Por ejemplo?

Bueno, mi madre, que la amé con toda mi alma y que la sigo amando, y que me enseñó todo esto, un día que yo llegaba tarde y ella percibía de dónde venía, la encontré fija frente al espejo sin moverse, paralizada. Y yo no entendía. Durante media hora tuve que mirarla: "¡Mami! ¡Mami!". Y no se le movió ni una pestaña. Después uno dice "es histeria" o llamarlo de diversas maneras.

¿Qué pensaría tu madre que su reacción era la parálisis?

Que se le estaban yendo los hijos de las manos y en todo sentido: en la elección sexual y en la laboral. En todo lo que ella fantaseaba que hacía a una pertenencia de amor, de deseo de los hijos y de clase. También de clase.

¿Por qué de clase?

Porque mis padres vinieron de la guerra con una mano atrás y otra adelante, pero lograron, aspiracionalmente, ingresar a la clase media alta. Es medio extraño lo que te voy a decir porque lo estoy pensando por primera vez y no lo puedo asegurar, pero yo creo que todas las clases piensan que los putos son de la otra clase social.

¿Cómo es eso?

No sé, lo estoy pensando ahora. Yo te hablo de mi infancia, esto ha cambiado mucho, pero había un señor en el barrio que tenía una librería, en Recoleta, y mi madre sabía que él era homosexual, y cada vez que pasábamos me hacía no mirarlo. Y el mensaje era que ese señor no pertenecía al barrio porque tenía una librería.

Como si tu madre te dijera: "La homosexualidad viene de otro lado, esto no somos nosotros"

"Esto no somos nosotros". Cuando cambia el siglo se empieza a hablar de "yo amo a mis hijos como son" o "si es gay, me da igual". Amar al hijo sea como sea es lo más bello que le puede pasar a ese hijo. Pero amarlo negando lo que uno hubiera deseado como padre, es una herencia muy extraña.

Después de organizar la Gala del Colón en el G-20, ¿cuál sería un próximo desafío de esa dimensión?

No, desafío de esa dimensión no va a haber. Nunca más voy a bailarles a 20 presidentes y va a llorar uno. No. Ese es un evento de articulación político-artística único que por primera y única vez pasó en la Argentina y tuve el privilegio de actuar en semejante coliseo y teatro, con gente de todo el país. El próximo desafío es volver a mi trabajo en las condiciones en que mi trabajo existe y es real.

¿Cómo se baja del Everest?

Hay que intentar bajar dignamente, darles paso a los más jóvenes, pero en mi caso no le tengo miedo a no desear. El deseo artístico tiene que ver con apropiarte de la eternidad o de la trascendencia en cualquier teatro, a cualquier hora. Me encantaría trabajar en el extranjero mucho más de lo que trabajé. Ese sería un buen desafío.

La última: en una escena imaginaria volvés a casa después de la Gala del Colón, aplaudido por todos los presidentes. Está tu madre frente al espejo, paralizada. ¿Qué le decís?

¿A esa misma madre? Le digo perdón.

¿Perdón? ¿Por qué?

Porque nada de lo que pasó supera el amor que le tengo a ella.

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