“¡Cuidado, te vas a caer!”: Cómo condicionan nuestras palabras a los más chicos.

Deborah Maniowicz
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23 de agosto de 2016  • 00:00

El viernes fui a la plaza y me senté en un banquito a anotar algunas de las frases que decían los padres. Eran las 16.30 así que estaba lleno de nenes que salían de la escuela. La idea no era anotar cualquier frase sino las “negativas”. Les copio mis anotaciones:

– “¡Bajate de ahí! Ese tobogán es muy alto, al lado tenés el bajito.”

– “¡Cuidado! Te vas a caer.”

– “El sube y baja es para nenes más grandes, ahí tenés los caballitos.”

– “¡Hasta ahí! No subas más que es peligroso.”

– “Me cansé de perseguirte, basta de correr que te vas a caer.”

– “¡No se sube por el tobogán!”

Obviamente las frases responden al miedo genuino de los padres a que les pase algo a sus hijos. Sin embargo, hoy quiero que nos detengamos a pensar un poco en el poder de las palabras, en cómo repercuten este tipo de frases, de mensajes, en los chicos.

Posiblemente, si a un chico le repetimos doscientas veces que se va a caer se termine cayendo. Una ventaja que tiene la niñez es que los chicos no conciben la sensación de peligro como la concebimos nosotros, los adultos. Por eso, es común que un chico se caiga haciendo algo, llore y se lastime, y al rato vuelva a intentarlo. Si bien los padres tenemos la obligación de cuidarlos, creo que a veces pecamos de más y hablamos sin medir la fuerza del mensaje que estamos dando.

Pienso que lo mejor es fomentar esa curiosidad que tiene los chicos y no coartarla. Cuando sean grandes posiblemente vayan a dejar de hacer cosas por “miedo a” pero creo que como padres tenemos que alentar la libertad de movimientotan propia de los primeros años de vida (obviamente siempre cuidándolos para que no les “pase nada”).

Volviendo a la situación de plaza creo que es mucho más confortante decirle a un chico “vos podés”, “confío en que lo vas a lograr” que “te vas a caer”. ¡Basta de decirles que no pueden! Que prueben, se equivoquen y terminen alcanzando sus objetivos. Y esto no significa dejarlos a la deriva sino cambiar el mensaje limitante por uno de apoyo.

Algunas opciones para reemplazar los mensajes que escuché el otro día serían estos:

– “Subite con cuidado que mamá te espera abajo”

– “¡Vas bien!”

– “Si querés probar el sube y baja mamá te sostiene”

– “¡Qué bueno que te animes a ir tan alto, yo me quedo cerca por si me necesitás!”

– “Corré con cuidado, siempre mirando el piso”.

– “Agarrate fuerte que está empinado”

La idea es eliminar los mensajes negativos que decimos de forma involuntaria y empezar a ser un poco más conscientes de lo que provoca nuestro lenguaje. Los mensajes positivos son los que les van a dar confianza y autoestima para seguir descubriendo, explorando y lograr autonomía.

Aclaración: El experimento de anotar las frases que se dicen en una plaza no se me ocurrió a mi sino que lo leí hace un tiempo y me propuse comprobarlo.

¿Qué piensan sobre este tema? Hoy, a pedido de algunas lectoras, volví a un clásico post de crianza, para reflexionar entre todos sobre el día a día. ¡Qué tengan una buena semana! Nos encontramos el viernes para compartir recetas.

Debbie

Notita: Las espero en Instagram y Facebook con muchas novedades.

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