De robos y amantes

Sabrina Cuculiansky
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26 de julio de 2015  

Si hay un producto envuelto bajo un velo de misterio es el café. Leyendas o situaciones reales, desde que fue descubierto en Etiopía cada movimiento que realizó la semilla por el mundo fue protagonista de historias de suspenso y traición. Porque claramente, en el café siempre se jugó la ficha de su poder económico. Es la tercera industria más fuerte del mundo: armas, petróleo y café. Luego de ser parte de la vegetación nativa de África, fueron los musulmanes quienes monopolizaron su difusión.

Hasta el siglo XVII el mundo árabe mantenía el control sobre su cultivo y lo exportaban tostado para que no se replicara. Los europeos intentaban plantarlo en sus colonias de clima templado para obtenerlo de una forma más económica, y fueron los holandeses, experimentados negociantes de las especias y los tes, quienes llevaron de contrabando el primer cafeto a Europa y lo cultivaron secretamente en el jardín botánico de Amsterdam. La cosecha fue exitosa. Le obsequian una planta a Luis XIV, que la cultiva en Versailles y sus semillas fueron llevadas a las islas Bourbon (de ahí el nombre de la variedad de café). Pero los esfuerzos no quedaron allí, porque el capitán francés De Clieu navegó a Martinica, colonia francesa, llevando dos plantas en una caja de cristal a las que hasta les dio el agua que tenía para beber. Llegaron, se adaptaron y las llevaron a la Guayana Francesa. Si a los franceses les faltaba ponderar algún logro propio, también se adjudican categóricamente que esa planta fue la que originó todo el café que existe en América. Y tienen razón. Pero la potestad de su cultivo extensivo fue de Brasil.

En 1927, el gobernador del norte brasileño envió al sargento Palheta al territorio vecino, la Guayana Francesa, con el objetivo de hablar de fronteras, pero lo cierto es que su misión secreta era llevarse semillas para plantar en Brasil. El militar fue muy bien recibido en el palacio de Claude D'Orvilliers, pero su misión se complicaba porque estaba en constante vigilancia debido al celo por el café. Sin embargo, la esposa del anfitrión cayó bajo el embrujo del seductor encanto del visitante y en su cena de despedida madame D'Orvilliers le entregó un vistoso ramo de flores que llevaba escondido en su interior algunas semillas recién recogidas. Con el desenlace de esta historia de amor, el secreto de Yemen fue descubierto en el Nuevo Mundo y así surgió una de las empresas que mueven la mayor cantidad de dinero mundial.

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