srcset

Cor@zones

De visita en el hospital, contagió a todos con su energía, y halló lo inesperado

Señorita Heart
(0)
8 de marzo de 2019  • 00:36

Era sábado por la tarde cuando Florencia recibió el llamado de Verónica, a quien no veía hacía un par de años, y que le contó que había estado en el hospital visitando a un viejo amigo que tenían en común: Lucas. "Está internado en Unidad Coronaria. Tuvo un pico de hipertensión. Andá a visitarlo, se va a alegrar de volver a verte", le dijo.

Al día siguiente, Flor llegó al Hospital Pirovano, estacionó su bicicleta modelo inglesa color verde, se dirigió a Unidad Coronaria y un enfermero le dio indicaciones para encontrar a Lucas. "Lo vas a encontrar fácil, porque es el único joven", le comentó, y a Florencia se le hizo un nudo en el estómago.

"Me acuerdo de que eran dos camas por cuarto. Él estaba del lado izquierdo y había un gran ventanal. Lo vi recostado con un pijama blanco y azul, su pelo lo tenía más corto de cómo lo recordaba y tenía barba de unos pocos días. Al verlo, volví a impactarme por sus grandes ojos verdes. Se encontraba con una chica, que le servía agua amorosamente", rememora.

Florencia lo saludó y notó que tenía muy mala cara: estaba ojeroso, con la boca seca, y en su pecho tenía varias gomas para hacerle electrocardiogramas; sintió angustia. A pesar de su debilidad, Lucas fue muy amable con ella e intentó contarle lo que había hecho de su vida por el tiempo que no se habían visto. Sin embargo, cada vez que pronunciaba unas pocas palabras, se agitaba y le subía la presión. "Recostate, no es necesario que te inclines", le dijo Flor.

Querer volver

El martes volvió. Dejó su bicicleta estacionada en el mismo poste y entró directamente. "Qué sorpresa", la voz de Lucas llegó calma, pero Flor sabía que ahora era ella quien tenía que hablar para no agitarlo.

Le contó que se estaba recibiendo de maestra de primaria y que en pocos meses debía hacer la residencia; también que cuidaba a una beba de seis meses, Anita. Le dijo que una vez por semana daba clases de Educación en Valores Humanos en una escuela, y que también lo hacía de forma voluntaria con otros niños; y que colaboraba junto a otros jóvenes en la limpieza de la Reserva Costanera Norte en Martínez. "También le conté que iba a terapia con mi psicóloga Mónica, que él conocía", revela.

Más que amigos.
Más que amigos.

Lo cierto era que Flor tenía una semana bastante ocupada y, sin embargo, recuerda esos momentos como los más plenos de su juventud. "Todos los días andaba en bicicleta, hacía actividades que me llenaban, pero para completar esa realidad me faltaba un compañero con quien tuviera experiencias igual de ricas. Recuerdo que con Mónica eran sesiones completas que profundizábamos sobre el tema de la pareja", afirma.

Florencia recuerda cómo ese martes él le sonrió por algo que le había dicho y que, luego de esa visita, sintió que le nacieron unas ganas espontáneas de volver a verlo. Por ello, a los dos días regresó, pero esta vez con regalos que los alumnos le habían dibujado. "Le conté que les dije a lo chiquitos que tenía un amigo que estaba enfermo y que se encontraba en el hospital y les pedí que le hicieran algún regalo. Se alegró mucho", recuerda Flor.

Una energía especial

A partir de ese momento, Lucas comenzó a desahogarse y le habló de las razones por las que se encontraba en el hospital. Le contó que su mamá había tenido un accidente automovilístico tres meses antes y que habían tenido que colocarle una prótesis, que estuvo internada por algunas semanas en el hospital y había sido complicado pagar la operación. Le reveló que su mejor amigo había fallecido en un accidente de tránsito y que pocos días después renunció al restaurante en el que trabajaba 14 horas, de lunes a lunes, como encargado de compras para tres negocios.

"Era mucha presión", cuenta Flor, "No se tomaba vacaciones hacía mucho tiempo. En fin, una cantidad de inconvenientes que cualquier persona a los 24 años no merece vivir. Luego de sus palabras vinieron las lágrimas y la angustia. Estaba muy triste, dolorido, se le podía sentir su corazón galopando como un caballo desbocado. Puse mi mano en su pecho y pude sentir cómo un puente de energía nos unía, fue muy fuerte. Le dije que estaba ahí, que no se preocupara por nada, que todo había pasado y que a partir de ahora se tomara la realidad con más calma", continúa, conmovida.

Las emociones de Flor comenzaron a emerger con una intensidad desconocida, quería quedarse allí con él por siempre. "No fue más que tocarle el corazón y sentirle su dolor. Fue muy profundo. Esa charla en especial la sentí eterna, pero se acabó el horario de visita y debí marcharme", confiesa.

Para el próximo encuentro le compró un cuaderno y le regaló un libro. Trataba de distraerlo contándole las cosas del día, y él le decía que se había hecho famoso, porque con los médicos y enfermeros jugaba al ajedrez. Así mismo, Lucas le contó cómo se divertía con el señor de la cama de al lado, con quien hacían apuestas por los días en que ella iría a visitarlo. "También me dijo que su hermana era muy buena con él, y que era la chica que estaba cuando lo visité por primera vez y que, junto a su mamá, se turnaban para visitarlo", continúa.

Juntos, siempre.
Juntos, siempre.

La confesión

Esa semana, Flor recibió un llamado a su trabajo. Era la mamá de Lucas, que le pedía que lo convenciera para que no aceptara un trabajo que un exjefe de restaurante le estaba ofreciendo. Le resultó muy extraño. "Vos sos la amiga, él te va a escuchar", le dijo.

Cuando volvió al hospital, Flor lo notó mejorado: la presión la tenían controlada y estaba con algo más de apetito. Recuerda que el paciente de la cama de al lado ya la llamaba por su nombre y se hacía el distraído cada vez que hablaban.

Un día Flor llegó y se encontró con Mariana, su hermana, que estaba con su novio. "Mari, por qué no me compran una botella de agua", les dijo Lucas. "Vení Flor, sentate, ¿cómo estás? Te cuento que comencé el libro y me encanta. También quiero contarte que escribí, pero, antes de leerlo, es mejor que te diga una cosa", le dijo a Flor.

En ese instante Mariana regresó con la botella de agua. Él la miró incisivo: "¿No me vas a comprar otra?" "OK, ya entiendo", soltó su hermana. Lucas miró a Flor intensamente y le preguntó: "¿En qué estábamos?" "En que me querías decir...", susurró ella. "En este tiempo pude apreciar la clase de persona que sos y realmente me gustas mucho. Yo no sé qué es lo que te pasa a vos...". Lucas quedó en silencio, esta vez había aparecido el enfermero para preguntarle si necesitaba algo.

"¿Por qué no me lees lo que escribiste?", le pidió Flor.

Lucas se acomodó en la cama y le leyó: "Gracias por indicarme a tiempo qué camino tomar, qué solo me sentía, qué equivocado que estaba. Te doy las gracias por haberme enviado a un angelito, y que a través de ella haya podido descubrir muchas cosas".

Luego levantó la mirada y le dijo: "Flor, me diste una gran lección, trajiste a esta sala alegría y sueños. Gracias. Me gustas mucho, ¿cómo te sentís conmigo?" Flor sintió que se le salía el corazón del cuerpo, pero automáticamente respondió: "También me siento a gusto, siento que hay mucha química y también me gustas". Él se acercó para besarla, pero ella rápidamente le dijo: "Continuemos con esta historia afuera. Esperemos a que te den el alta y luego probamos". Era un jueves por la noche.

Padre orgulloso.
Padre orgulloso.

Por primera vez y para siempre

El viernes a la mañana Lucas la llamó para contarle que le habían dado el alta y la invitó a su casa. "Esa noche lo visité, los dos estábamos nerviosos, me invitó a pasar a su cuarto y estaba preparada la cena para dos, conversamos, nos reímos y nos sentamos en su cama. Nos abrazamos fuerte y nos besamos por primera vez. Haber conocido a Lucas llenó mi vida de felicidad, y eso lo sentí desde el principio. El 23 de mayo se cumplirán 20 años desde que estamos juntos", concluye emocionada.

Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos aquí.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.