Definitivamente, hay que sentarse a negociar

Beatriz Goldberg
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15 de septiembre de 2012  

En otras épocas, eran una carta de amor adentro de un libro, un papelito en el saco o una conversación en el teléfono fijo escuchada por accidente. Hoy, las personas con tendencia a desconfiar del otro -con o sin razones- tienen tanto por controlar que la situación se les vuelve completamente incontrolable, porque las tecnologías permiten, además, disimular el lugar en el que se está o lo que se está haciendo.

Facebook nos pone en contacto con las personas del pasado con las que tradicionalmente uno no volvía a tener contacto; o con compañeros de oficina, pero extendiendo las fronteras del ámbito laboral. El hombre o la mujer pueden ver el perfil de esos colegas, a los que pueden encontrar en fotos en la playa, por ejemplo, ante la cual podrían verse tentados a clickear "me gusta". Es muy difícil discriminar el motivo por el que tenemos a alguien como contacto en las redes sociales. Aparecen en ese contexto relaciones con ex novias, y a veces hasta ex cuñados o ex suegros.

Esta desaparición de las fronteras entre lo laboral y lo personal da lugar a situaciones del tipo "sin querer queriendo". Todo es muy visual, muy rápido, y se puede borrar. En esto último, la gente joven es más eficiente. En cambio, los que ya tienen cierta edad por ahí escriben algo en el muro de Facebook del otro pensando que es privado.

Hay que manejar la tecnología muy bien para evitar los conflictos en la pareja. ¿Cómo aparece ella o él en el estado amoroso de Facebook? ¿Qué fotos se publican? ¿En qué poses?

Algunas recomendaciones express para evitar conflictos mayores incluyen: poner pautas explícitas, lograr acuerdos bilaterales que no sean tácitos, es decir, que no se den por sobreentendidos; evitar inducir a realizar comentarios en las redes sociales sobre terceras personas; llegar a un acuerdo sobre las claves de mails y redes sociales, si se van a compartir o no; si en algún momento hubo alguna infidelidad, el integrante de la pareja que fue infiel tiene que hacerse cargo y saber que el otro lo va a controlar más y que ese es el precio que tiene que pagar; en alguna salida especial, a comer afuera por ejemplo, apagar el celular; y sobre todo, tener una pareja creativa, a la que se le pueda expresar lo que se piensa sin tener que disimular, y a la que hay que demostrarle que es realmente prioridad por encima de lo que haya que leer, ver o responder.

Definitivamente, hay que sentarse a negociar. Así como antes del casamiento se hablaba de temas tales como la religión, el manejo del dinero y la división de tareas domésticas, hay que conversar sobre cómo nos vamos a comunicar durante el año y también durante las vacaciones.

Lo mejor es volver a tener confianza, como hacían nuestros abuelos hace muchos años, cuando también existía la infidelidad y las cuestiones privadas que uno decidía no compartir con su amado.

Y para lograr eso también hay que volver la mirada sobre uno mismo para no dejar que mails, SMS, tuits o mensajes fijen la agenda personal. Cuando centrás tu vida en el celular o la computadora estás viendo permanentemente lo que pautan otros y en el momento en el que lo pautan.

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