Dejá de revisar tu pasado y enfocate en el presente

Crédito: ilustración de Majox.
Si te hartaste de escarbar en cómo fue tu infancia, descansá por un rato: quedate con lo que ya descubriste de tu historia y empezá a enfocar en el presente.
Cecilia Tedin
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14 de julio de 2016  • 00:00

La capacidad de rastrear en el pasado es un rasgo que nos diferencia como especie, y que nos liga a nuestra memoria, por eso podríamos decir que a todos –a algunos en mayor y a otros en menor grado– nos habita un arqueólogo interior, capacitado para encarar la exploración de la historia personal.

Con esto en mente, en estos 100 números que transitamos en OHLALÁ! quisimos acercarte distintas herramientas que te sirvieran en ese viaje de autoconocimiento. Seguramente en esas búsquedas revisaste tus relaciones con tus padres, hermanos o abuelos, descubriste rasgos comunes que los unen –o diferencias irreconciliables que los separan–, recordaste algún hecho que te marcó, la muerte de algún ser querido, alguna relación fallida, o detectaste virtudes, talentos y rasgos positivos que tenés en común con otros que vinieron antes que vos.

No hay duda de que en ciertos momentos de la vida es necesario poner el foco en esas vivencias y emociones que nos constituyen, para verlas y transformarlas. Pero es verdad también que ese arqueólogo interior a veces se adueña de nuestro presente y nos retiene en un pasado del que no nos deja salir.

Entonces, ¿cómo encontrar el punto de equilibrio?

¿Por qué soltar pico y pala?

Disfrutar del hoy: es seguro que el que busca encuentra. Pero ¿qué tal si nos preguntamos qué hay detrás de esa obsesión por revisar y encontrar siempre algo nuevo? ¿No será que seguir hablando del abuelito muerto o de aquel viejo trauma de la niñez nos sirve como una excusa para evitar los cambios que necesitamos encarar en el presente, para seguir justificando ciertas actitudes que lo único que hacen es estancarnos en un pasado que no nos permite construir nuestra realidad en el hoy?

Honrar nuestra maestría: las recetas mágicas no existen; buscar tanto en el afuera nos corre de nuestro centro y nos hace creer que la solución la tiene otro. Es cierto, los maestros son importantes en el camino, pero una cosa es pensar que hay alguien afuera que tiene el poder mágico de solucionarnos la vida en dos sesiones y otra distinta es aceptar con humildad la guía de los que están preparados para acompañarnos en una práctica comprometida que perdure en el tiempo.

Salir de la zona de confort: a veces, el pasado puede funcionar como falso refugio. Aunque ciertos momentos de nuestra historia pueden resultarnos dolorosos, el haberlos visto y revisado los torna conocidos y los convierte ­­–paradójicamente– en una zona incómoda y confortable al mismo tiempo. Frente al miedo que nos produce la incertidumbre que rige el presente, elegimos permanecer en el pasado, que creemos que conocemos y controlamos. Pero aunque el presente puede dar vértigo, es solo ahí donde tenemos la posibilidad de cambiar y crear una nueva historia.

Crear un nuevo relato: a veces nos quedamos rumiando esas vivencias, ancladas en el (re)sentimiento sin poder soltarlas, y nos encontramos reviviendo diálogos o situaciones del pasado. Acallar el diálogo interno a través de la atención plena, la respiración o la meditación nos ayuda a anclarnos en el presente y nos permite escuchar el sonido del aquí y ahora, donde hay nuevas posibilidades y relatos posibles más felices e integrados.

Dejar de etiquetar: todos estamos cambiando todo el tiempo. Pero la memoria maneja la realidad y los recuerdos a su gusto: muchas veces, vemos que distintas personas que vivieron un mismo hecho lo recuerdan de manera diferente. Las etiquetas que les ponemos a los demás, y a nosotras mismas, congelan nuestra percepción y la limitan a una única posibilidad, lo que nos acorta la mirada, y la palabra cristaliza y mantiene viva una realidad que tal vez hoy ya haya mutado.

Aceptar la realidad: enfocar siempre en la falta, en lo que no tuvimos, nos ubica en la idea de que el mundo nos debe algo, en vez de ayudarnos a reconocer que, solo por el hecho de estar vivas y de haber llegado hasta donde estamos, está todo saldado. En el presente podemos elegir una mirada positiva que nos permita agradecer por lo que tenemos, o una mirada negativa que nos instale en un lugar de lamento y queja permanente por lo que no hubo.

Una vez que revisamos, cerramos esa zona arqueológica para dar paso a lo nuevo. Podemos vivir de forma más liviana, confiando y animándonos a meternos de lleno en el viaje que nos propone la vida, que siempre se vive en el presente.

¿Cómo fue para vos mirar el pasado?

Martina Arizu , 24, estudiante de Comunicación: "Hace un año, dije: ‘Basta, no puedo seguir mirando para atrás. No me ayuda, me estanca’. Sentí que me sacaba un peso de encima. Sé que en algún momento voy a tener que volver a trabajar en eso, porque no se esfuma, pero hoy decido avanzar".

Belén Alé, 31, psicóloga: "Los últimos meses que hice de terapia sentía que hablaba por hablar, sin llegar a una solución. Entonces, decidí que no iba a invertir más el poco tiempo libre que tenía para hablar siempre de lo mismo, prefiero invertirlo en mi familia y en mí".

Laura Rodríguez, 31, licenciada en Turismo: "Hice mucho tiempo terapia y un día me propuse dejar de hablar de esa historia que me hacía tanto mal. Hay un momento para dejar las cosas atrás y aprender de mis errores, ya estoy afilando la puntería para que no me vuelva a pasar".

"Los enojos rigidizan nuestra mente"

Por Pablo Faga, director de BW Comunicación, instructor de meditación de El Arte de Vivir.

En nuestro camino de autoconocimiento tiene que haber un equilibrio entre lo que hagamos con el intelecto y lo que hagamos en otros planos. Por eso, está bueno primero tomar conciencia de los patrones que nos marcaron y luego encontrar las técnicas que nos permitan limpiarlos. Esas impresiones, preocupaciones, enojos, rencores, que vamos acumulando y que no sabemos cómo limpiar, vuelven nuestra mente rígida y vetusta. A través de una práctica comprometida en el tiempo –la meditación, la respiración o cualquier otra práctica que nos ancle en el aquí y ahora–, la mente se va limpiando, se vuelve más liviana, más inocente, más ligada al hoy. Que es el único lugar en el que podemos realmente habitar.•

¿Cómo venís con tus búsquedas? ¿Ya te hartaste de escarbar? ¿Sentís que todavía tenés mucho por revisar? Leé también: Usá menos palabras y "Me quiero tomar un año sabático".

Experta consultada: Dra. Ruth Vilchansky, médica psiquiatra, psicoanalista, actriz y astróloga.

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