Dejaron todo y dan la vuelta al mundo llevando castillos inflables para los niños de bajos recursos

Crédito: Gentileza
Nathalie Jarast
(0)
31 de mayo de 2019  • 14:21

En el mundo hay millones de niños viviendo en condiciones insalubres, siendo esclavizados y atormentados día tras día. Somos conscientes de esto y de muchas cosas más, pero ¿qué hacemos con esto? ¿Hacemos algo? ¿Intentamos cambiar el mundo? ¿Intentamos cambiar nosotros? ¿Miramos para otro lado? Ellos creen que todo suma, sea irse hasta el Congo con un castillo inflable o levantarse a la mañana pensando cómo hacer un día mejor para mí y para los demás.

Expedición Sonrisa, la organización que crearon Facundo Mattos (34) y Carina Belofiglio (33) , intenta devolverles la sonrisa a chicos que no tuvieron la misma suerte que nosotros: "A mí me criaron con amor, educación, comida en la mesa. Los chicos que visitamos con el inflable son de orfanatos o comunidades necesitadas. Más allá de la cultura, religión o nacionalidad, la niñez es una sola, y todos los chicos deberían jugar y aprender, en lugar de trabajar, ser maltratados, violados o abandonados", empieza a contar Facundo.

Así es el resto de la historia:

"Dejé todo para viajar" (Facundo)

A los 21 recién cumplidos dejé la vida de ciudad, vendí todo y compré una bicicleta. Durante tres años recorrí distintos caminos. Sabía que había pobreza y desigualdad en el mundo, pero cuando empecé a convivir con ella al costado de la ruta, junto a los más desplazados, me empecé a hacer más humano. Ese viaje me regaló una sensibilidad que no había sentido antes.

En 2008 tuve un accidente, en el que me lastimé la columna y tuve que aprender a caminar otra vez. Después de eso, volví a nacer y quise retribuirle a la vida esa suerte. Así que empecé a gestar el sueño de la vuelta al mundo, pero quería hacer algo diferente, que me brindara otro tipo de vivencias y en lo que pudiera aportar algo positivo. Pensé qué podría llevar conmigo y así llegó la idea mágica del castillo inflable. Es color, es estímulo, invita a saltar y expresarse. La gran mayoría de los chicos que visitamos jamás vieron un juego como este en su vida. Es impactante, tanto para ellos como para nosotros al ver sus caritas de fascinación.

"Vivir viajando estaba destinado para mí" (Carina)

Crédito: Gentileza

Nos conocimos a fines de 2015, cuando Facu volvió de visita a Buenos Aires, por amigos en común. Hablamos durante semanas por WhatsApp, hasta que se acercó la fecha de su partida y me decidí a salir con él. Me frenaba mucho el hecho de que él vivía viajando por el mundo y yo tenía una vida normal. Sinceramente, jamás pensé que nos íbamos a enamorar y que mi vida iba a dar un giro de 360º.

El primer año de relación no fue fácil, tuvimos que manejarnos a la distancia. Él volvía más seguido y yo empecé a viajar, haciendo tramos cortos de un mes, lo que no implicaba dejar mi departamento ni mis trabajos o familia. Así podía ver qué me pasaba y cómo era la convivencia 24 x 7.

En 2017 tomé una licencia por cinco meses y recorrimos la Península Ibérica y Marruecos. Ahí me di cuenta de que era para mí. Volví a Argentina, renuncié a mis trabajos y comencé a trabajar online. Soy nutricionista y, por suerte, pude encontrar la forma de mantener mi pasión por mi profesión y trabajar a distancia.

La experiencia fue genial, nos unió mucho y no quería dejar pasar lo que sentía. Estaba enamorada, pero también muerta de miedo. Jamás se me había pasado por la cabeza dejar todo y vivir viajando. Pero me animé y hoy estoy feliz de haber tomado la mejor decisión. No solo por el amor, sino también por conocer distintas culturas, poder compartir momentos únicos de alegría con los chicos y el castillo. Es inexplicable el amor que se recibe por parte de ellos, cada experiencia es única.

"Nos sensibiliza la realidad de los niños" (Facundo)

Crédito: Gentileza

Buscamos transmitir la educación en valores humanos y brindar un espacio de amor y contención, a través del juego. Un niño que juega es un niño sano. Los juegos fomentan el desarrollo físico e intelectual del niño, promueven su creatividad y lo preparan para vivir en sociedad. También colaboran con una infancia saludable a nivel físico y emocional.

Al principio, lo que más me preocupaba era el tema de interactuar con los chicos. Yo estudié Administración de Empresas, soy hijo menor y no tenía sobrinos. ¿Estar con cien chicos y un castillo inflable? ¿Qué hago? ¿Cómo se juega? ¿Cómo se educa a través del juego?

Por suerte fui aprendiendo durante estos años. Pero hoy eso es más fácil, y no solo por lo aprendido, sino porque, por suerte, está Cari, a la que, aparte de ser la compañera de viaje y de vida, le nace de vocación la parte didáctica.

"Hacemos un buen equipo" (Carina)

En la organización y los viajes no tenemos funciones destinadas, conversamos cada decisión que queremos tomar y vamos a la par. Tuvimos situaciones de todo tipo, sobre todo en África central, donde nos tocó atravesar zonas de guerra, mucha violencia e inseguridad. En lugar de surgir peleas cuando se presentan situaciones difíciles, nos complementamos y nos unimos más. Con el juego inflable, Facu se encarga de la logística y preparativos para ponerlo en marcha y yo interactúo más con los chicos.

"África fue lo más impactante" (Facundo)

Crédito: Gentileza

Es el capítulo más fuerte de todas nuestras experiencias. Todavía estamos procesando las cosas que pasaron. Hemos llevado alegría a muchos niños que viven con sus derechos completamente vulnerados. Pero también fueron muchas las veces que nos vimos metidos en situaciones de vida o muerte. Varias veces estuvimos a punto de abandonar todo, dejar el vehículo y escapar de algún país. Pasamos por zonas de guerra entre los grupos extremistas armados de Boko Haram en el norte de Nigeria y entre los armados independentistas de Camerún. Nos cerraron fronteras al momento de cruzar por estallar brotes de violencia y tuvimos que conseguir un barco de carga para navegar entre pozos de petróleo y cruzar los dedos para que no nos secuestraran los piratas armados del Golfo de Guinea. Pensamos que lo peor había pasado, hasta que llegamos a la República Democrática del Congo, donde, si bien salvamos nuestras vidas, perdimos a un amigo a machetazos. Pero en toda esa maraña de recuerdos de caos y violencia, también encontramos almas hermosas llenas de alegría y hospitalidad, de color y ganas de ayudar. África nos dejó marcas en la piel, mucho para procesar y aprender.

"Como mujer, es un desafío" (Carina)

En estos cinco años, recorrimos toda América desde Argentina hasta EE. UU., luego embarcamos a España y de ahí bajamos a Marruecos para atravesar el continente africano. La camioneta y el castillo están ahora adentro de un container rumbo a Vladivostok, Rusia. Vamos a recorrer Siberia, Mongolia, Kazajistán, hasta Europa, y luego cruzar Asia, incluida India, hasta Malasia, para embarcar finalmente al último continente que nos quedaría por recorrer, Oceanía.

Más de una vez me encontré enojada y ofuscada con la realidad que vive la mujer en tantas partes del mundo. Pero también se trata de respetar otras culturas, en las que una está de paso. En muchos lugares tengo que estar consciente de cómo me visto, cuánto miro y cuán sola puedo estar en la calle, pero, sinceramente, no deja de afectarme los pocos derechos que se puede tener como mujer, dependiendo del lugar donde nacemos.

"Nos unimos con una ONG española" (Carina)

Crédito: Gentileza

En las montañas de Marruecos vive la población bereber en condiciones muy duras, muchas aldeas carecen de agua, luz, y casi todas tienen condiciones muy básicas de sanidad, educación, trabajo. El clima no ayuda, en el verano las temperaturas son muy altas y en invierno la nieve congela todo a su paso. Mujeres y niños se encuentran en situación de exclusión social y viven con una economía de subsistencia.

Por eso decidimos que nuestro proyecto de viaje debía tomar otro rumbo. Nuestra actividad con los niños dura un día o dos y luego debemos continuar nuestro viaje. En nuestra visita a las montañas, solamente pudimos estar en dos de las veintitrés comunidades. Por lo tanto, decidimos poner todas nuestras energías en crear la primera sede permanente de Expedición Sonrisa en este lugar. Compramos el segundo castillo inflable y firmamos un convenio con una ONG española para realizar actividades, en conjunto con voluntarios, campañas de juego y educación con los niños de las aldeas marroquíes.

"Queremos crear algo más grande" (Facundo)

Pasaron más de cinco años desde el primer orfanato en Argentina, van más de 100.000 km, tres continentes, 38 países. Hoy, Expedición Sonrisa es mucho más que una vuelta al mundo para nosotros. Si no, una vez que acabe el viaje, se acaba todo. Queremos crear una red de juegos inflables permanentes que se mantenga activo en diversas partes del mundo, para llegar a más niños que necesitan un espacio de juego donde se transmita amor, educación y contención para un desarrollo sano. Que funcione sin nosotros, que sea sustentable.

Tenemos dos proyectos más. El primero, que ya esta marcha, es un tercer juego inflable para Nicaragua. El otro es el cuarto castillo inflable para tener en la provincia de Misiones, el primero en Argentina. Pero estamos recién empezando a juntar fondos por primera vez.

Hasta hoy, todo lo financiamos nosotros, el viaje, el castillo de Marruecos, todo lo que entra va para Expedición Sonrisa. Yo trabajé durante seis años en una empresa constructora con cuerpo y alma, pensando este proyecto. Ahorré dinero y tengo una renta inmobiliaria en Argentina. Cari es nutricionista y trabaja online. El tipo de viaje que hacemos no es turismo de lujo, buscamos llegar a lugares remotos con el castillo inflable y la 4x4, tenemos desde carpa de techo hasta un microondas dentro.

Pero si queremos comprar más juegos inflables y hacer de esto algo más grande, necesitamos la ayuda de más gente. ¡Ojo!, no queremos juntar plata para dar la vuelta al mundo. Lo podemos bancar nosotros y si tenemos que dormir en el barro, pasar hambre o zonas de guerra, lo haremos. Sabemos que en algunos años el viaje se va a terminar. Lo que queremos es crear algo que continúe, con o sin viaje, crear la red de castillos inflables alrededor del mundo, y lo único que nos importa es llegar a más chicos, devolverles la sonrisa.

¿Cómo ayudar?

Si querés ayudar, donando plata o algún inflable, o querés duplicar el modelo en algún lugar del mundo, podés contactarte con Facundo y Carina a través de su web www.expedicionsonrisa.com. .

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.