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Grandes Esperanzas

Dejó de caminar, se redescubrió y transformó la vida de sus alumnos: "El humor ayuda a perdonar"

Carina Durn
(0)
20 de septiembre de 2019  • 00:38

Juan Luis Ghio o "Juanchi", como lo llaman sus amigos, dejó de caminar tras un accidente de auto. Hasta allí, su vida transcurría como la de muchos otros jóvenes de 20 años: vivía con sus padres, estaba terminando de cursar el primer año de ciencias económicas, salía con amigos y compañeros de facultad, y solía acompañar a su padre a trabajar en el campo. Pero en apenas unos segundos todo ese mundo conocido y que parecía inmutable, cambió para siempre.

Entonces llegaron días oscuros, un sinsentido del que parecía imposible escapar. "Es inevitable", reflexiona hoy, "Al principio sufrís una etapa de duelo, de negación, de preguntarte por qué a mí. Tenés mucho tiempo para pensar y se te vienen a la cabeza miles de emociones. Por ello, en esa época le decía `no´ a todo".

Sin embargo, con el paso de los meses, y el apoyo incondicional de su familia y amigos, los sentimientos que lo atormentaban comenzaron a transformarse. De a poco, el joven logró soltarle la mano al "Juanchi víctima", para abrazar al valiente, a ese Juanchi que terminó diciéndole "sí" a la vida, "porque no me quedaba otra, porque no quería sobrevivir, sino vivir. Alguien dijo por ahí que la vida es una sucesión de eventos buenos y malos. Yo acepto ambos. Lo cierto es que la vida nos enseña muchas cosas que, a veces, no somos capaces de entender o de explicar".

Volver a nacer

Para Juanchi, el accidente significó un antes y después radical, en donde dejó atrás a la persona que solía ser para volver a redescubrirse. Con mucho esfuerzo, tuvo que centrarse en vivir el día a día, que lo desafió a reincorporar todo desde cero: aprender a comer, a comunicarse con la traqueotomía, a escribir con adaptaciones, a vestirse, a asimilar nuevas sensaciones y nuevos dolores, "fue como volver a nacer".

Ya más habituado a su nueva realidad y decidido a no bajar los brazos, Juan inició un período de desarrollo intelectual (acompañado por una rehabilitación que se tornaba tediosa, aburrida, pero necesaria). Fue así que culminó su carrera universitaria y comenzó a trabajar. "Hasta que un día apareció Emmanuel, mi actual entrenador de Quad-rugby - rugby en silla de ruedas-, comentándome que existía este deporte y que yo podía jugar", rememora, "A partir de entonces, comencé a practicarlo en CILSA Santa Fe. El haber descubierto que podía volver a disfrutar de un deporte en equipo me cambió la vida. Comencé a relacionarme con chicos que tenían mi misma lesión, a compartir experiencias, a aprender a hacer cosas que creía imposibles, volver a manejar un auto, a viajar; me dio muchísima independencia", continúa con emoción.

Equipo para la vida.
Equipo para la vida.

En pleno apogeo de su buen estado anímico, nuevas posibilidades comenzaron a llegar a su vida. Juanchi se estaba desempeñando como contador en la Universidad Católica de Santa Fe, cuando le surgió la oportunidad de reemplazar a un profesor que se había tomado licencia, lo que le abrió una puerta a un inédito y luminoso universo. "Era una materia de 1º año, chicos muy jóvenes, recién salidos del colegio secundario, encima los otros profes me habían advertido que se trataba de una comisión bastante revoltosa. Y bueh, un nuevo desafío, pensé yo, pero al final resultaron excelentes alumnos, todos egresados hoy, pero lo que más me impactó fue cómo me escuchaban, preguntaban y participaban en mis clases y luego se quedaban finalizada la hora. Esas son las charlas que más aprovechan los chicos hasta hoy, más allá de lo que les puedo trasmitir académicamente", asegura.

Desde aquel día, Juan Luis Ghio jamás dejó de ejercer la docencia universitaria. Todos aquellos que han pasado por su aula lo describen como un gran emisor de la sabiduría académica y aseguran que los estudiantes ingresan a su cátedra de una forma y salen siendo otros, mejores personas y con un gran énfasis en fomentar la inclusión.

De viaje.
De viaje.

Un proyecto diferencial

El esfuerzo de Juanchi, su espíritu incansable y motivador trascendió las paredes de la casa de estudios y se extendió hacia otros ámbitos, generando en cada uno de ellos una atmósfera única e inolvidable. Fue así que, en noviembre de 2015, el Dr. Jorge A. Henn, vicegobernador de Santa Fe, junto a la Cámara de Senadores de dicha provincia, le entregaron un título de honor en el marco del ciclo "Reconocimiento Día A Día".

Inspirado, el joven comenzó a trabajar en nuevos caminos para fomentar la inclusión en lo laboral. Entonces llegó su proyecto tal vez más ambicioso: el desarrollo de una tesis sobre la aplicación del teletrabajo para que las personas con discapacidad puedan desempeñarse desde sus hogares. "El mismo tiene como objeto mostrar las posibilidades que ofrece el teletrabajo para la inserción de estas personas al empleo en el sector público, para dar cumplimiento a la ley Nº 22.431 en lo concerniente al cupo establecido por la misma", explica Juan, "En cuanto a las ventajas de optar por el teletrabajo se pueden observar varias, tanto de carácter personal como laboral. Entre ellas están la flexibilidad de horarios, ahorro de tiempo y dinero, aumento de la productividad, menor estrés, más tiempo libre, mayor especialización, mayor autonomía y movilidad. Así mismo, contribuye al descongestionamiento de las redes de transporte en áreas urbanas, lo que conlleva a la reducción de costos de mantenimiento y construcción de rutas y redes de transporte público. Menos transporte podría traducirse en menos contaminación y mejora en las condiciones medioambientales, de esta forma, el teletrabajo pasaría a ser una política de desarrollo regional y nacional".

Reconocimiento.
Reconocimiento.

Resiliencia

Hoy, a sus 40 años, Juanchi siente que su experiencia le ha dejado grandes enseñanzas que, a simple vista, parecen sencillas, pero que en el día a día solemos desatender, lo que nos priva de disfrutar del presente con todos nuestros sentidos. "He aprendido a apreciar las pequeñas cosas de la vida diaria, los gestos de la gente, a gozar de una conversación, a disfrutar de lo que tengo y no a pasarme la vida deseando lo que no poseo", dice, "Esfuerzo, trabajo, dolor, todo se lleva mejor cuando hay un objetivo. Al tener metas se observan avances en la recuperación, por más pequeños que parezcan a veces. Mi vivencia me ayudó mucho el tomarme las cosas con humor; reírnos de nosotros mismos contribuye a que seamos más felices y mejora nuestro estado anímico en general. Además, nos hace personas más resilientes y aumenta nuestra capacidad de perdonar a otros y a nosotros mismos", continúa el ganador del Concurso de la Bienal ALPI edición 2017.

Entrega de premios Bienal ALPI.
Entrega de premios Bienal ALPI.

"Por otro lado, entendí que el hecho de sentir lástima por una persona hace que prioricemos todo aquello que el otro es incapaz de hacer, en vez de ver el potencial de todas aquellas cosas que sí puede. Si logramos sentir empatía por la situación del otro y no lástima, conseguiremos no solo que el otro vea sus propias capacidades y no sus discapacidades, sino que lo haremos sentir acompañado en su situación, que no está solo en su proceso, lo cual seguro lo ayudará a salir adelante. Todos tenemos nuestras propias historias, nuestras propias experiencias y nuestros propios sentimientos; y todos tenemos algo que entregar a los demás. Nuestra vida es única y por lo tanto nuestra visión sobre la misma también. Para mí, enseñar es un servicio que llena el alma. Nunca pienses que no tenés nada para enseñar a otro. Vos por ser vos, sos muy valioso para alguien más, preocupate por entregar todo lo que guardás adentro", concluye sonriente.

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Si tenés una historia de resiliencia propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar .

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