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¿Del gimnasio al olvido?: "No quería compromiso pero yo lo sigo esperando".

Señorita Heart
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3 de enero de 2020  • 00:16

"Dale Silvia, no seas chiquilina. Hace tiempo que quiero que lo conozcas", le dijo su amiga mientras hacían los últimos ejercicios de la rutina de ese día. Se llamaba Pablo (29), ya le habían contado sobre él. Pero ella no tenía interés en conocer a alguien. Estaba tranquila con la relación que mantenía con aquel señor mayor que había conocido hacía poco tiempo. Pero esa tarde no pudo escaparse de la presentación.

En cuanto se dio vuelta, allí estaba él. Alto, buen mozo, más joven que ella. Comenzaron a hablar, él contó que era psicólogo y así siguieron por un buen rato, riendo y compartiendo anécdotas. Quizás su amiga no se había equivocado al insistirle tanto para que lo conociera. Quizás en algún momento sintió que se había vuelto realmente pesada con el asunto, pero la estaba pasando bien y accedió a intercambiar datos de Facebook para poder seguir en contacto.

Crédito: Bruce Mars en Unsplash.

Así lo hicieron y no tardaron mucho en comenzar a hablar por Whastapp. Pablo trabajaba en Buenos Aires y periódicamente visitaba amigos en Fátima, en la localidad de Pilar, donde vivía Silvia (37). "Seguimos charlando. En ese momento yo salía con un hombre más grande y le contaba a Pablo lo que me pasaba. Hasta que la relación se terminó y arreglamos para vernos un sábado. Ese fin de semana Pablo se quedaba por mi zona. Tomamos vodka con durazno, bailamos rock y charlamos".

La noche terminó entre sábanas. No estaba entre los planes, pero así sucedió. Y se dejaron llevar. "Fue muy lindo. Al otro día no me podía levantar, él preparó el almuerzo. Hizo un arroz con especias que todavía recuerdo y me lo sirvió en una bandeja en la cama. Creo que ese fue el instante preciso en que me enamoré. Ese simple gesto me conquistó por completo. Y estuvimos tres días encerrados en mi casa, como si el mundo se hubiera detenido".

La pasaban bien juntos. No había conflicto y, si discutían, él sabía aliviar la tensión con algún pequeño y amable gesto que cautivaba a Silvia. "Podíamos hablar horas de cualquier tema. No había discusiones ni peleas interminables -como yo había vivido en otras relaciones-. A veces, cuando me enojaba, aparecía con una flor, un chocolate o me hacía alguna broma inesperada".

Sintieron que viajar iba a ser una linda experiencia. Entonces programaron una escapada a Misiones con una simple condición: si alguno de los dos la pasaba mal, suspendían todo y volvían. Cargaron el equipaje en el auto y partieron. Fue un viaje maravilloso, ninguno de los dos quería volver. Visitaron lugares preciosos y todo funcionó sobre rieles entre ellos. Así, enamorados, siguieron por tres años. Iban al cine, paseaban en auto, miraban películas, disfrutaban de la vida hogareña y se acompañaban.

Crédito: Toa Heftiba en Unsplash.

Mientras en Fátima, Silvia pasaba sus días sin sobresaltos, en Buenos Aires Pablo debió atravesar el triste momento de la muerte de su papá. "Creo que eso lo afectó. Lo acompañé esos días pero después me dijo que no me quería más, que era demasiado el compromiso que se estaba generando entre nosotros y decidió poner fin al vínculo".

Con mucho dolor, a Silvia no le quedó otra opción que aceptar lo que Pablo le decía. Aunque mantuvieron contacto por Whastapp, ella tomó distancia y al tiempo conoció a otro hombre. "Le conté que estaba conociendo a alguien. Se enojó tanto que me bloqueó en todas las redes sociales y dejó de responder mis mensajes. No lo puedo olvidar. Todo el tiempo lo tengo en mi mente y lo peor es que no se nada de él. Veo películas y lo pienso. Viajo y él se cuela entre mis pensamientos. Solo espero que esté bien. Mientras, yo lo sigo esperando".

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