Delfina Bocca: "La arquitectura no va al mismo ritmo que la sociedad"

Delfina, en su casa de Londres
Delfina, en su casa de Londres Fuente: LA NACION - Crédito: Demian Depuis
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16 de octubre de 2020  • 15:47

Tiene 34 años y un currículum que parece de una persona de más 50. Pero Delfina Bocca, joven arquitecta argentina que diseñó, y refaccionó, entre otras, las casas del artista Leandro Erlich y del cocinero Fernando Trocca y trabajó más de 5 años en el estudio de la prestigiosa arquitecta Zaha Hadid, en Londres, sabe que su carrera está en construcción. Hoy, a cargo de su propio espacio, Mother Studio, y de una cátedra en la Oxford Brookes University, donde tiene la posibilidad de investigar -una de las grandes pasiones que heredó de su mamá antropóloga- vaticina profundos cambios en la arquitectura pospandemia.

"Hay que repensar la vivienda. Es un momento bisagra y la gente se pregunta ahora cómo quiere vivir. El que tenía un pedacito de tierra y verde se dio cuenta de lo importante que es. Todos reconectamos con la naturaleza, hay una marcada tendencia a dejar las ciudades. Lo mejor de este desastre es que aprendimos a ser flexibles. Podes trabajar desde la terraza, la plaza, la playa. No importa el lugar físico, sino el resultado", dice quien vive rodeada de sus plantas y sus libros, en el East London, una de las zonas más vanguardistas de la ciudad. "Tengo verde, agua y mucha luz natural, que pega de manera perfecta en el living a la mañana y en mi dormitorio por la tarde. Es un edificio con terraza y jardín común sobre el Regents Canal. El barrio donde vivo se llama Islington, que es como un equivalente a San Telmo, con una feria de anticuarios y muchos cafés. Era la parte industrial de Londres, con fabricas reconvertidas en oficinas y lofts. Elegí un departamento que habla de mí. Soy muy latinoamericana, me gusta tener objetos que me representen. Entrás a mi casa y enseguida te das cuenta de dónde vengo", dice Delfina, que desde 2012 está radicada en Inglaterra.

-¿Cómo fue trabajar para un artista como Leandro Erlich?

-Yo trabajaba en el estudio Net de Alejandro Sticotti. Ahí aprendí todo sobre los materiales, cómo diseñar desde los natural, lo slow. Con Ale trabajamos en la remodelación de una casa de Erlich en Villa Crespo y fue una experiencia única. Me encantó trabajar con él, es una persona muy interesante. Tener estos clientes artistas es un placer, como diseñadora la pasás muy bien. Una de las cosas que aprendí de Alejandro es siempre elegir los clientes, porque si vas a dedicarle tanto tiempo de tu vida a realizar un proyecto, esa persona para la que trabajás te tiene que dar un valor agregado. El que hice para Erlich fue el último trabajo antes de venir a Londres.

-¿Ya tenías trabajo en el estudio de Saha Hadid?

-No. Terminé ese proyecto y me vine por razones personales. Siempre vi a Londres como un lugar de vanguardia. Llegué en 2012 con mi portfolio y ahí me di cuenta de que no era tan fácil como había pensado. Fueron unos meses difíciles, no se conseguía trabajo. Y ahí decidí hacer un máster en la Architectural Associaton que es un lugar de élite, muy teórico y vanguardista en el que estudiaron los grandes arquitectos de hoy. Apliqué y entré. Era el sueño de mi vida estudiar ahí. Me especialicé en herramientas digitales para construir: fabricación digital, robótica, programación. Mi jefe de tesis era Patrick Schumacher, que ahora es el director de Saha Hadid, y nos invitó a conocer el estudio. Y empecé a trabajar en ese lugar.

-¿Y cómo fue la experiencia?

-Al principio era tremendo, no dormía. Entrás y sos architectural assistant, es decir, estás ahí para hacer lo que sea. Era joven, me divertía, tengo los mejores recuerdos de quedarnos hasta las 2 de la mañana trabajando. En el estudio hay gente supertalentosa, con todos los skills pero a la vez muy humana. Es un lugar que extraño porque te metés ahí y es como entrar en un mundo paralelo, creativo, distinto al un mundo real. Y cuando sos joven tenés todo el tiempo del mundo para dedicarle, estás ahí para eso. Con lo años fui creciendo hasta llegar a senior architect que es donde te dan la responsabilidad de los proyectos, y me fui.

-¿Por qué?

-Un día me senté y no me vi siendo la directora de una compañía que no era mía. No es lo que quería. Siempre quise ser emprendedora de mi propia marca. Era el momento de hacer el salto. Y por otro lado siempre me interesó mucho la parte académica. En Buenos Aires di clases en la UBA y mientras trabajaba en Saha daba clases en la Architectural Associaton, algo que sigo haciendo. Me encanta la academia, poder trabajar las ideas. Es lo que me fascina. El año pasado con una colega aplicamos para presentar una cátedra de investigación en la Oxford Brookes University que me permite investigar y poder llevar esas ideas al mundo real. Por eso abrí Mother Studio. No quería que esas ideas quedaran en el plano académico. Queremos ofrecer todas estas ideas a clientes reales. A veces se cae en lo conocido o en lo comercial porque la gente no conoce a alguien que ofrezca algo distinto, personalizado.

-La arquitectura está rezagada respecto de los cambios sociales que se están produciendo?

-Sí, una de una de las grandes claves de la investigación que hacemos en la cátedra es que los departamentos que se construyen son los mismos de hace 50 años, responden a un modelo de vida que ya no existe. La arquitectura no va al mismo tiempo de la evolución de la sociedad. Acá en Londres vivís con flatmates hasta los 40, o gente sin hijos... Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿de qué manera queremos vivir? ¿Cómo creamos casas para usuarios con necesidades o gustos específicos? Estamos muy estructurados, seguimos discutiendo si la cocina es abierta o cerrada y esa no debería ser la discusión. Hay que empezar a crear los espacios en función de los gustos de los que viven ahí.

-¿Cómo te imaginás la arquitectura pospandemia?

-Va a haber cosas de esta nueva normalidad que se van a implementar como normales. Claramente hay que repensar las oficinas, con un escritorio de 9 a 18. Va a quedar el trabajo remoto. Hoy la oficina está en la casa. Es un momento bisagra, que va a cambiar la historia, donde la gente va a ir a buscar un terrenito y armar su vida donde quiera, sin tener que estar físicamente cerca de su trabajo.

-Si mañana se levantan las restricciones para viajar y voy a Londres. ¿Qué lugares tengo que visitar sí o sí?

-Los highlights de hoy están en el East London que es lo que era Notting Hill hace 20 años. Estando ahí tenés que ir sí o sí al Broadway Market que tiene una feria de alimentos orgánicos todos los sábados con productores locales. Acá ya no se va al supermercado, se va a las ferias porque además son lugares de encuentro, ahí coincidís siempre con alguien. Y los domingos está el Columbia Flower Market al que voy en bici. Siempre me gusta tener flores en casa y esas no son caras porque vienen derecho de los productores. Después de ahí bruncheo en Morito con amigos. Y a la noche hay muchos bares copados: el Soho House, que es un bar de un hotel al que voy seguido; otro es el Macellaio, que te sirven un trago con un jamón exquisito.

-Parece que sos toda una londinense, ¿extrañas Buenos Aires?

-Claro, quiero volver a vivir ahí algún día. Mis raíces son argentinas, extraño un montón la cosa de barrio, es muy porteño eso. Y también extraño mucho los alrededores, los pueblos rurales, la tradición. Buenos Aires es una ciudad increíble a la que empezás a valorar cuando no la tenés.

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