¿Demasiado Ego?

El síndrome de la vanidad y un test para detectarla. Cómo evitar que la confianza se vuelva excesiva y se torne insoportable.
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8 de octubre de 2008  • 11:21

Por Nicolás Artusi.

Una ética del hombre banana medirá no sólo quién la tenga más larga, sino quién sepa usarla mejor: la confianza en uno mismo. ¿Alguna vez sentí que hay otra gente en el universo? ¿Alguna vez pensé que este mundo no tiene lugar para los débiles? A casi cuarenta años del boom editorial que se compadeció del "varón domado" y después de que un protocolo actual de la metrosexualidad impusiera el modelo del "hombre sensible", la bravura de aquel que se compara con Steve McQueen y se acicala con las aspiraciones de David Beckham puede derivar en... demasiado ego. ¿Cómo descubrir cuándo el ego deja de ser saludable, se transforma en vanidad y me convierte en un hombre indeseable?

Aunque para algunos el nombre Narciso remita sólo a las tangas para strippers masculinos que se anuncian en cartelones de Palermo, y en tiempos en que el hombre moderno está muy solo sin el consuelo de los mitos antiguos, será útil recordar que Narciso era aquel varon tan orgulloso de sus atributos que la diosa Némesis lo condenó a enamorarse de su propia imagen. Mientras la tecnología alienta un espectáculo del yo en vivo y en directo (¡blogs! ¡flogs! ¡vlogs!) como si en un minuto-a-minuto de la nada alguien estuviera pendiente de qué estoy haciendo en este momento, en Inglaterra ya se diagnostica: "Narcissistic Personality Disorder".

La retórica alarmista de la revista de autoayuda advierte sobre el desorden de personalidad narcisista y enumera el decálogo de síntomas para el autoanálisis aun de aquél tan satisfecho consigo, para quien la pregunta sería: "¿cuándo es demasiado ego?". 1) Tengo un exagerado sentido de la importancia personal: mientras el Twitter reporte desde el frente de batalla de la guerra cotidiana ("Estaciono. Entro en el restaurante. Pido la carta. Espero"), mi noción de trascendencia será inversamente proporcional a la importancia de mis actos. 2) Tengo fantasías de éxito ilimitado: exijo poder, belleza y un ideal de amor como las recompensas mínimas que me debe la vida. 3) Creo que soy "especial" y que sólo puedo ser comprendido por otros tan "especiales" como yo aunque, claro, sean muy pocos. 4) Necesito excesiva e incondicional admiración. 5) Persigo un sueño de trascendencia vana: todo lo que digo deberá ser rubricado en mármol. 6) Trato de obtener ventajas de los demás para alcanzar mi objetivo más importante: conseguir lo que quiero. Ya. 7) No sintonizo con los demás. 8) Siento envidia por los éxitos ajenos o, lo que es más frecuente: ¡los otros me envidian! 9) Suelo mostrarme arrogante, altivo, pero, aun corriendo el riesgo de que ustedes no estén a la altura de mis pensamientos (no sé si entienden lo que digo) y hasta en mis labores periodísticas, 10) hablo, pienso, escribo en primera persona: ¿hay algo más importante que Yo mismo?

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