Desayuno silencioso. La práctica que puede generar un bienestar inesperado

Se trata de una técnica antigua que tiene su origen en diversas comunidades monásticas y que actualmente ayuda a muchos a sobrellevar mejor el confinamiento en los hogares
Se trata de una técnica antigua que tiene su origen en diversas comunidades monásticas y que actualmente ayuda a muchos a sobrellevar mejor el confinamiento en los hogares Fuente: LA NACION
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31 de octubre de 2020  

NUEVA YORK (The New York Times).- "Yo no medito así que me refugio en otras partes de mi día para sentirme meditativa, como mi rutina de café y desayuno", escribió en un correo electrónico Nina Zorfass, una publicista de 30 años que reside en la ciudad de Nueva York. ¿Y cuál es su técnica? Desayunar en silencio absoluto. Cuando comenzó esta práctica hace ocho años, Zorfass se percató de que se sentía más preparada para el día y tomaba decisiones más sanas sobre su dieta. Ahora, debido a la pandemia, ha llegado a depender de esos minutos para recargar energía, ya que vive con su pareja en un hogar pequeño donde ambos están trabajando. "En nuestro departamento es difícil encontrar un espacio para estar sola", dijo.

Comer en silencio es una práctica antigua que tiene raíces en muchas comunidades monásticas. "Budistas, místicos celtas, sufis, místicos vedas", dijo Ginny Wholley, maestra en el Center for Mindfulness del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. "Todos tienen un componente de silencio que es una parte inherente de la práctica".

En 1979, Jon Kabat-Zinn fundó ese centro para promover y estudiar los beneficios de realizar prácticas como esta en un entorno secular, en parte porque es un desafío. El concepto de desayuno silencioso es bastante simple: concentrarte en tu comida, en silencio, y lidiar con las ideas que te vengan a la mente. Pero es más difícil de lo que parece.

En octubre pasado, estuve varios días en el Centro Kripalu de Yoga y Salud en Stockbridge, Massachusetts, y el menú del día incluía un desayuno silencioso. Los carruseles de tarjetas educativas ensalzaban las virtudes de reconectar con uno mismo cada mañana: empezar tu día con propósito, gratitud y calma es benéfico para la mente y el cuerpo. El primer día, llevaba la charola con mi desayuno por el pasillo del comedor, sintiendo que me seguían las miradas de desconocidos, como si estuviera en una de esas escenas angustiantes de las cafeterías escolares en las películas. Pasé una fila tras otra de comensales. A mi paso, algunos se movían en sus asientos, solo se escuchaba el tintineo escrupuloso de los cubiertos en los platos y tazones. De repente, una silla chirriaba cuando alguien se paraba o se sentaba.

"Nuestra sociedad aprovecha la dificultad y complejidad, porque entonces 'vale más'", dijo Cristie Newhart, la decana de la escuela de yoga en Kripalu. "Al inicio, cuando estás aprendiendo a estar más presente, es como: '¿Presente con qué? ¿Qué hago?'. Al comer de manera consciente, estás centrando toda tu atención en la comida".

Mi mente se rebeló cuando estaba comiendo mi granola. Como escritora independiente, siempre he tenido un equilibrio insano entre mi vida personal y profesional, en parte por haber interiorizado la idea de que debía maximizar la productividad a cualquier precio. Para mí, no trabajar lo suficiente implicaba el riesgo de fracasar. Pero ahí estaba, en mi primer retiro de bienestar personal, tratando de apreciar un tazón de frutas del bosque y cayendo en picada en un pánico existencial. Tenía una lista kilométrica de pendientes y una hipoteca nueva para preocuparme. Me sentía sumamente incómoda.

Ravi Kudesia, investigador de conciencia plena y profesor adjunto en la Escuela de Negocios Fox de la Universidad Temple, dijo: "Una de las cosas más curiosas de comenzar a practicar la conciencia plena es que cuando silenciás el ruido externo, empezás a escuchar más el ruido interno. Si no estás acostumbrado a esto, puede ser desagradable. La idea es que es mejor notar los susurros antes de que se vuelvan gritos".

No podía concentrarme, así que le di rienda suelta a mi mente con su letanía de preocupaciones y recordatorios. Luego, como una niña cansada tras una rabieta, mis pensamientos se acallaron. Después de varios días de desayuno silencioso, comencé a escucharme a mí misma. Podía concentrarme en lo que estaba enfrente de mí, sin culpa, sin obligación, sin estrés. Fue una sensación inusual de libertad.

Para Deborah Vaphides, de 62 años, comenzar sus mañanas con una rutina silenciosa varios días a la semana la ayuda a sentirse más centrada durante el día. Se sienta cerca de su ventana y contempla los haces de luz matutina, mientras hace sus ejercicios de respiración profunda.

"Durante décadas me acostumbré a oír las noticias todas las mañanas", dijo Vaphides. "Ya no más. Ahora sé que las noticias me encontrarán sin importar a dónde vaya. La imagen de la luz cambiante que veo en mis mañanas silenciosas se queda conmigo todo el día, y regreso a esa tranquilidad cuando la necesito".

Resulta que esta paz está muy relacionada con nuestra respuesta física. "Cuando estamos en silencio, nuestros cerebros y cuerpos reaccionan como si estuviéramos meditando", explicó Lauraine Hollyer, psicóloga clínica. "El cortisol, que está relacionado con el estrés, disminuye en el flujo sanguíneo. La presión arterial, el ritmo de respiración y cardíaco también disminuyen. Podemos concentrarnos y recordar con mayor facilidad".

Cuando practiqué el desayuno silencioso por primera vez, en 2019, era muy fácil evitar pasar un rato con nosotros mismos mientras corríamos por nuestras vidas. En 2020, sin ningún lugar adonde ir y mucho menos que hacer, me volví a centrar en los desayunos silenciosos. Hice una cita conmigo misma todas las mañanas y protegí mi tiempo contra las inevitables intrusiones digitales. Trabajé en ser mi propia compañía. Comencé a anhelar mi tranquila reconfiguración de cada mañana. A medida que la cuarentena se prolongó y la soledad se convirtió en una preocupación real, me di cuenta de que el desayuno silencioso también me ayudó a superar eso.

"Cuando me siento sola, siempre tengo la sensación de que necesito algo externo para llenarlo: otra persona, otro compromiso o ir para algún lado", dijo Barbara Vacarr, directora ejecutiva de Kripalu. Y agregó un punto importante para quienes no tienen mucho tiempo debido al cuidado de los niños u otras obligaciones: "No se puede hacer esto a la perfección. El punto es elegir un día, o algunos días a la semana, y ver cuál es la mejor manera de integrar esa práctica". Por ejemplo, las silenciosas mañanas de Vacarr se vieron alteradas porque la familia de su hija se mudó con ella durante la pandemia. Entonces, a veces, ella se retira a su habitación con un té. Otras veces, intenta incluir a sus tres nietos. "No dura mucho, pero a los niños les encanta el ritual", dijo. "Desayunar juntos, en silencio, se convierte en nuestro evento especial".

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