Despertar espiritual. Pedro Alonso: "La revolución solo puede ser íntima"

Crédito: Martín Lucesole / Archivo La Nación.
Soledad Simond
(0)
7 de agosto de 2020  • 16:30

Charlamos con el actor Pedro Alonso para hablar de libro de Filipo, donde devela sus aventuras de vidas pasadas que lo llevaron a un despertar espiritual.

Pedro Alonso no me quiere decir lo primero que le dijo Tatiana Djordjevic cuando volvió sobre sus pasos al verlo. Él tomaba un café en una terraza de Montmartre, en París, ciudad que visitaba por primera vez en su vida, mientras que ella -en cambio- andaba paseando por su propio barrio. Ella se cruzó frente a él, y en ese instante ambos cruzaron miradas: "Fue un segundo y ¡nos pusimos a hablar!", cuenta el actor que interpreta a Berlín en La Casa de Papel, pero este encuentro -spoiler alert- no tiene nada que ver con el suceso de Netflix. "Cuando uno viaja (y mucho más cuando uno viaja solo) pasan cosas, porque uno está más despierto a las señales, así que estuvimos hablando unos minutos, me preguntó si tenía algún plan y yo no tenía idea de lo que iba a hacer, entonces le di mi teléfono".

Dos días más tarde, fue ella quien lo llamó diciéndole: "Puedes ir a ver esto, puedes ir a ver aquello... y si te apetece, podríamos vernos". Al principio, asegura Pedro, "no había esa cosa de un tío y una tía; y si lo había, estaba de una forma muy invisible". Habla mucho de lo invisible, de esos cabos sueltos que finalmente se unen. Así fue que algunos días más tarde fueron juntos a visitar los jardines de Giverny, aquellos que inspiraron los cuadros impresionistas de Monet, y en una de esas caminatas ella le contó que era hipnoterapeuta y que se especializaba en vidas pasadas, entonces le propuso hacer una regresión. Él sintió la confianza y la curiosidad suficientes y le dijo que sí. Entonces se recluyeron en un hostal de la zona para ahondarse en otras vidas.

En la primera experiencia -después habría otras tres más- Pedro pudo ver la historia de Filipo, un soldado romano que, en una crisis existencial, se encuentra con un maestro espiritual, Yilak, quien le revela con su ejemplo la habilidad de habitar el momento presente y descubrir la propia misión. Ese relato de una vida anterior fundó el noviazgo actual con Tatiana y su nuevo libro, donde él nos sumerge en esta epopeya de redención y juntos intervienen la novela "autobiográfica" con escenas de arte a cuatro manos, que firman como Magü.

¿Por qué decidiste ponerle arte? Eso es curioso.

Desde casi el principio de nuestro momento de conexión la pintura estuvo muy presente. Un día los dos estábamos pintando, vimos nuestras obras y dijimos: "No tienen nada que ver, pero podrían tener un gancho". Al día siguiente fuimos a ver la casa de museo del pintor francés Gustave Moreau y encontramos una clave, la parte más impresionista y la más curativa. Probamos y fue un estallido, inmediatamente apareció el nombre de Magü. Nos lo hemos encontrado: estábamos pintando y la opción enseguida se presentó. En el libro hay un gusto por que la letra respire, que te tomes un tiempo, que de repente te encuentres a sangre con una ilustración, sin ningún tipo de referencia, que tú elijas. Intentar abrir lo no mental.

Es como una digestión, como que te da un aire para procesar..., ¡porque es mucho!

Totalmente, el libro requiere cierta digestión. Mucha gente me dice: "Vuelvo y releo, descanso y retomo". Necesita un tipo de digestión que no es el del mundo presente. Es mejor irse hacia un lugar tranquilo, es mejor que lo digieras, que te tomes tu propio tiempo y que lo escuches para saber a qué ritmo tienes que recibirlo.

"Es muy grande el poder de lo invisible y nos hemos olvidado, hay que pedir muy íntimamente que a uno le venga gente que le dé claves".

El libro así integra lo masculino y lo femenino, que hoy es un desafío tan grande en este contexto en el que hombres y mujeres estamos encontrando nuestra identidad, quiénes somos, quién es el otro...

Te doy las gracias, de corazón, porque alguno podría decir: "Como es la novia...", ¡y no tiene absolutamente nada que ver con eso! Lo bonito de esto es que, para mi sorpresa también, el 99% de la gente lo está recibiendo así, se percibe como una experiencia común. Una cosa es que yo haya escrito El libro de Filipo y que yo sea Filipo y que ella haya hecho su trabajo; pero hay una experiencia que lo trasciende y que es un mensaje en sí mismo. En estos tiempos en los que el paradigma masculino-femenino también está en cuestión, aquí hay un mensaje increíble: esta mujer y yo nos sentamos y pintamos. Es más, cuando lo hacemos, casi no hay diálogo. Uno puede mandar un mensaje mucho más significativo de lo que uno cree, yo he visto a gente que tan solo abriendo la puerta y respirando me dejó un impacto porque respiraba de cierta manera. Entonces, si el mensaje es que el diálogo entre lo masculino y lo femenino ha de ser también redescubierto, si ayuda a sumar algo en esa dirección, que yo también estoy recorriendo (porque todos venimos de una sociedad muy rasposa en ese binomio), bienvenido sea. Y además, hace falta para lo que viene.

Crédito: Martín Lucesole / Archivo La Nación.

Acá todavía estamos en confinamiento, en el peor momento. Allá, ¿cómo es la nueva normalidad?

Hay algo que yo percibo en la gente: en el aire se palpa que esto no está resuelto. Creo que marca un punto de inflexión hacia un escenario en el que van a seguir pasando cosas que no conocemos, para las que no estamos preparados. La pandemia suma variables nuevas y que han venido para quedarse. En España, como en tu país, todo está muy polarizado, entre los de un lado y los del otro. Estoy harto de este discurso. Entiendo que hay mucho dolor en los linajes de cada cual, pero el "yo te te culpo de la raíz de todos mis males y no me hago consciente de lo que yo tengo que hacer" es un discurso que yo dejo pasar. Estoy procurando remar hacia otro tipo de discurso, el libro es un ejemplo de ello.

Muy sincrónico, el libro, te propone un viaje de la cabeza al corazón...

Yo creo que la revolución solo puede ser íntima. O, por lo menos, primero debe ser íntima, porque tiene que ver con nuestro sistema de percepción y de procesamiento de la información. Estábamos todos trabajando compulsivamente de aquí para arriba y para cambiar eso hay que hacer el ejercicio de borrado y luego hay que hacer el entrenamiento. Hay que aprender desde cero muchas cosas y esas cosas tienen que ver con términos como "respiración", "escucha" y todo aquello que a mí me ha venido un poco por Oriente, que luego fui descubriendo gracias a algunas tribus en Latinoamérica y que sigo alentando, y que en su momento se me ofreció a través de la hipnosis, que me pareció una vertiente más para, de alguna forma, pegar el oído y escuchar el mensaje.

A veces, con la vida que tenemos ya nos hacemos un dramón... ¿Qué sentido tuvo para vos poder pispear otras existencias?

A lo mejor uno deja de sentirse tan importante. Uno llega, crece, se reproduce, muere, se va (no se sabe muy bien a dónde), vuelve... Es un camino en continuidad que a lo mejor te ayuda a bajar los humos y a reforzar la idea de que todos somos pequeñas partículas y hay un todo que gira y gira; y si uno es capaz de contemplar un momento quieto, parecería que pilla sentido. Yo no me siento con la autoridad suficiente para decirle a alguien si las reencarnaciones son algo innegable o no, yo he sentido que era Filipo en cuatro regresiones y lo he vivido en primera persona. Me da igual que para el lector esta sea la explicación o que piense que es del inconsciente colectivo o que "Pedro tiene cosas internas que le han pasado y las ha sacado por ahí". Lo que me importa es la vibración del mensaje. Te invito con el libro a que acerques el oído a un cierto tipo de energía, de cosas, pero no te digo cómo lo tienes que hacer.

"Lo que me importa es la vibración del mensaje. Te invito a que acerques el oído a un cierto tipo de energía, pero no te digo cómo lo tienes que hacer".

La revolución es completamente personal, pero, al mismo tiempo, se vuelve tan expansiva...

Yo vivo asombrado con esto. Es verdad que ha habido movimientos fuertes en mi vida: desde hace 14 años vengo trabajando desde otro lugar, pero en esa cadena, de pronto, mi camino me ha llevado a lugares inesperados, me he encontrado con gente asombrosa. Si tú cambias apenas un grado tu disposición energética porque te ha pasado algo muy fuerte o has hecho un gran viaje y llegas a tu casa y ves a tu madre, a la que hace mucho que no ves, ella lo sabe, lo percibe. Y cosas que a lo mejor en otro tiempo de tu familia hubiesen tenido un peso, de pronto hacen pum y desaparecen como por arte de magia. Es porque tú has movido algo y si tú mueves algo, se produce un movimiento consecuente de toda la gente que te rodea. Es muy grande el poder de lo invisible y nos hemos olvidado. Hay que pedir muy íntimamente que a uno le venga gente que le dé claves. Luego hay que ir con el machete y adentrarse en la selva, con el riesgo a veces de perderse, para recibir un regalo y luego otro y luego otro que te confirman que hay señales por todas partes.

Esa es una de las cosas que más agradezco de tu libro. Más allá de las vidas pasadas (que, como vos decís, cada uno lo puede leer como quiera), creo que es revolucionaria la idea de tener un guía, un maestro.

Lo es. Si tú no tienes las herramientas adecuadas, una operación puede ser un destrozo, yo siento que en todo lo relacionado con lo espiritual hay muchos perjuicios, mucha mala praxis, mucho charlatán. Lo que he leído en los últimos años de la no ficción a mí me ha dado una clave: no es hora de inventar, no es hora de evadirse o de irse a grandes argumentos. Es hora de volver aquí y de ser capaz de ser crudo, honesto, transparente con la propia miseria y con la propia gloria interior, entrar en la profundidad de la propia casa y poner luz. Creo que primero tenemos que ordenar lo propio y desde ahí seguramente nuestra legitimidad para hacer un trabajo de transmisión crezca.

Me gusta la frase de Yilak, el maestro, que le dice a Filipo: "El único milagro es creer".

Sí, pero quiero despojar a la fe de todo lo que le han puesto. El sabor de los dulces de mi abuela es un milagro para mí, ahí hay un principio de fe que merece ser rescatado. Es verdad que lo espiritual tiene una vertiente fantástica. Pero más profundamente que lo fantástico, lo doméstico, la sencillez de la expresión de la pura vida en un contexto que la honre, puede ser un milagro absoluto. Y, desde luego, ofrece una llave que puede revitalizar el sentido de la existencia de cualquiera, pero para eso hay que parar un poco el mundo. Parar el propio mundo y apartarse, retirarse y acceder a lugares donde es posible percibir esto de lo que hablamos. Por ejemplo, Yilak está tan colocado en el océano de sus circunstancias que cuando él ve la ola, sabe que es la ola y lo único que hace es disponerse para encontrar la trazada natural de esa ola. Para mí es una metáfora muy hermosa, la disposición energética de Yilak, que refuerza lo que te decía antes: ¿cuál es el plan de vida de Yilak? Es una manera de comportarse, es una manera de respirar.

Una entrega al plan divino. Ni siquiera es su plan ya...

Totalmente, no es su plan. Lo que hace que nunca sea personalista, aunque ponga en cuestión su vida entera. Es un tipo de movimiento muy paradójico, por eso a veces es muy complicado no acabar diciendo tonterías, porque la verdad paradójica a veces se hace elocuente en la propia acción, pero no cuando estás dando lecciones a la gente.

¿Cómo creés que podemos encontrar esos espacios de silencio haciendo homeschooling, llevando adelante las tareas domésticas, haciendo teletrabajo todo el día...?

Yo tengo una hija de 21 años, ya está criada, pero tengo amigos que tienen dos niños pequeños y que han estado toda la pandemia en casa, eso sí que es heroico. Qué sé yo dónde puede estar la oportunidad para cada cual de vivir su vida plena. La vida no deja de sorprenderme; lo que sí veo es que mi vida ha pegado unas vueltas desde que he reforzado mi camino de revisión personal que a mí mismo me parecen inauditas. Todo es reconectarse con las intenciones, pero es verdad que en el mundo en que vivimos, con tantas demandas, volver a conectarnos con el valor íntimo de las intenciones, dar espacio a eso, es un ejercicio... y en el libro está muy presente. Busco vaciar toda esa información de los libros que dicen: "Haz estas 450 cosas y tu vida va a estar bien...", yo creo que solo hay que hacer una: revisar las propias intenciones.

¿Escribir te ayuda a repensarte?

Lo de la escritura ha sido reciente, ha explotado hace seis años y ahora mismo está tomando mucha presencia en mi vida. Yo no doy crédito, porque es algo con lo que no contaba. Ya no es que me guste escribir o no, he localizado mi voz narrativa y eso es algo que me deja loco porque sé lo que es no tenerla. Puedo escribir mejor o puedo escribir peor, pero me ha llegado la madurez, como la pintura, a los treinta y pico. Lo vivo como si me hubiese tocado la lotería. Lo agradezco y lo disfruto. Ahora, estos regalos traen un mandado. La palabra, es importante que sea revitalizada, sobre todo para recuperar la intención. Para volver a reconectarse con uno mismo, lo primero que hay que hacer es limpiar, sanear, vaciar, soltar; porque ahí la vibración vuelve a tener el presente. Creo en la revitalización de la palabra, y la pongo de la mano de la revitalización del silencio..

¿DÓNDE LEERLO?

Para ahondar en la experiencia de Pedro en vidas pasadas, podés leer Libro de Filipo, editado por Grijalbo. Cuesta $1499.

Conforme a los criterios de

Más información
ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.