Detrás de la coraza muscular

Eva Rotenberg
Eva Rotenberg PARA LA NACION
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24 de febrero de 2018  

El foco de la preocupación no está en si los chicos buscan marcar los músculos o no, sino en detectar si detrás de eso hay un comportamiento compulsivo, excesivo y que está ocultando un sufrimiento que los lleva a estar disconformes con su imagen corporal. La tendencia a marcar los músculos con gimnasia excesiva combinada o no con anabólicos tiene un nombre: "vigorexia". Este es un trastorno de la imagen corporal por el cual una persona se ve y se siente pequeña, insignificante, baja, débil.

Diferenciamos el esquema corporal que define a cada especie de la imagen corporal que se construye de modo imaginario en el vínculo con los padres y amigos. La imagen corporal es singular y no concuerda necesariamente con la realidad. Así, personas normales se sienten bajas o feas, o aquellas que padecen anorexia se sienten gordas.

La dismorfia, que es la alteración de la propia imagen, antes estaba más ligada a la mujer, pero actualmente se ha extendido también a los hombres, quienes están tan atentos a su figura como las mujeres. Como todo, depende del grado de obsesión o no con que se busquen los resultados. Pero si se pretende reparar en el aspecto externo una sensación de fragilidad, de desvalorización, de insignificancia, no es el camino adecuado para solucionar el trastorno dismórfico corporal, que es interno y que es la expresión de un sufrimiento y una autodesvalorización.

Por eso es muy importante que los padres puedan detectar si los hijos sienten ansiedad, fobia social, dificultad para establecer relaciones de pareja o depresión. Mientras son chicos y viven con sus padres, los adultos tienen una oportunidad única para ayudarlos. Una vez que se van del hogar, pueden pasar años hasta que registren que el problema interno no se había solucionado con una coraza muscular.

Hoy, la vigorexia puede pasar desapercibida detrás de "la moda" del gimnasio. Después de todo, hacer gimnasia es sano y genera energías positivas. Es cierto, pero si encubre la vivencia de estar mal en el cuerpo propio, a la larga deteriora la calidad de vida porque pasan años en los que la problemática verdadera se va agravando.

Por lo tanto, es importante pensar esta problemática en el seno familiar y no localizarlo solo en el hijo/a, ya que los cambios en los vínculos ayudan a generar una imagen de sí mismos más positiva, favoreciendo la autoestima.

La autora es psicóloga especialista en niños y adolescentes, y coordinadora de grupos sobre trastornos de la imagen corporal

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