Diálogos del alma

Sergio Sinay
Sergio Sinay PARA LA NACION
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29 de junio de 2014  

Seguir siendo padres

Señor Sinay:¿Qué hacer con hijos que utilizan redes sociales asiduamente? ¿Cómo ayudarlos a que sea una herramienta sana?

Andrea Vila

RE:

Estar conectado no es estar comunicado. La conexión es tecnológica, la comunicación es artesanal. Como la pieza de un artesano, requiere paciencia, presencia, dedicación, compromiso, responsabilidad, y, por qué no, amor e inspiración. Todas las personas somos diferentes y cada acto de comunicación es único. La conexión, en cambio, es serial. Un emoticón es impersonal, pequeña máscara que nada dice. Una emoción real se expresa con palabras, miradas, silencio, cuerpo y alma, ante un receptor que también mira, escucha hospitalariamente y responde de manera única y especial.

La euforia alrededor de las nuevas tecnologías (que son de conexión y no de comunicación) ha creado confusión y mitos. Se trata de herramientas útiles, que sólo son eso: herramientas. Valen en tanto están al servicio de las personas y resultan disfuncionales cuando la ecuación se invierte y las personas quedan al servicio de las tecnologías (por ejemplo, corriendo detrás de actualizaciones frívolas y fugaces, reemplazando la comunicación por la conexión, dedicando a los contactos un tiempo que se quita a los amigos reales o remplazando experiencias verdaderas por simulacros virtuales), lo cual cuesta dinero y afectos.

Muchos adultos se declaran discapacitados para estas tecnologías y claudican ante los nacidos digitales, creyendo que éstos, por una simple habilidad circunstancial, poseen una inteligencia excepcional y deben, por lo tanto, comandar el vínculo entre hijos y padres o alumnos y docentes. Pero, al ser masivas y tener inocultables objetivos comerciales, estas tecnologías resultan simples de usar. Si los adultos antediluvianos se acercan, verán que no hay misterios en ellas, podrán manejarlas y restituir así la asimetría en el vínculo con los hijos: es decir, poner las reglas de juego, establecer los límites, decir (con amor y con firmeza) qué, cuándo, cómo, hasta dónde. No se trata de ser amigo de los hijos en las redes sociales, sino de funcionar como padres en el off line, en el día a día. Lo demás viene solo.

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