Dinero en la pareja: ¿sos el ahorrador o el gastador?

Crédito: Julia Gutiérrez. Realización de Yamila Bortnik. Producción de Cata Dillon.
Cynthia Serebrinsky
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26 de julio de 2019  • 14:28

Aunque la plata es de los dos, se la pasan discutiendo sobre cómo gastarla. Lo que para uno es un disfrute, para el otro es un derroche. Es probable que esta historia te suene, porque en la convivencia, tarde o temprano, florecen los temas de dinero. El dinero en una pareja siempre puede originar conflictos: por si hay, por si falta o por si sobra. Y la mayoría de las veces, esos issues simbolizan otras cosas, más allá del valor que la plata tenga.

2 preguntas clave

  • ¿Cuándo hablar de plata en la pareja?

Preferentemente, temprano en la relación. Aunque no nos cope, conviene sacar el tema advirtiendo que el manejo del dinero se presenta como uno de los conflictos más habituales de estrés conyugal. Está bueno plantearlo como un ítem más y charlar sobre cómo se administra y para qué se usa. Si llegara a sobrar, qué haríamos; y en caso de que falte, cómo lo preveríamos para no impactar de lleno con la angustia.

  • ¿Cuál sería el equilibrio ideal entre gastar y ahorrar?

Todo depende de definir nuestros parámetros. Por ejemplo, "gastar" uno lo puede tomar como disfrutar, darse gustos, aprovechar, capitalizar el esfuerzo que implica trabajar y utilizar ese dinero en pos del placer. Y el que ahorra, si bien también encuentra una satisfacción, quizá tiene una postura de mayor previsión respecto a lo que es la inversión o, incluso, de más precaución o hasta miedo con respecto al futuro. La clave, una vez más, es el diálogo.

Cuando vos sos la ahorradora

Tu filosofía es "una cosa es darse los gustos y otra es tirar la casa por la ventana". Y quizás al principio sea cautivante salir con un "gastador", que suele sorprender con atenciones en las primeras salidas o esos detalles que no esperabas. Pero hay un lado B: lo que no sabías era su nivel ilimitado de gasto. Aunque tu modo-ahorro sea promedio, podría caerte fuerte que se aparezca en tu cumple con un regalazo a pagar en 36 cómodas cuotas... con el chanchito de los dos.

  • El dilema. Agasajar, regalar, invitar es energizante para el que recibe, como debería serlo para el que da. Y, para un bon vivant la falta de ofrendas puede leerse como sinónimo de destrato. Por eso, si tanto te cuesta meter la mano en el bolsillo, la otra persona puede sentirse "poco querida". Obsequiar es su forma de mimar, de piropear. Claro, siempre y cuando el que derroche lo haga con su plata. Ahora, si es con los ahorros de ambos y sin consulta previa, hay un océano.
  • Stop: alerta. El consumo podría llamarse adictivo cuando se adquieren en demasía ítems de corta duración. Otro mal síntoma es invertir en algo que no se puede pagar hoy, recurriendo a créditos infinitos. Y el punto de quiebre es dejar de comprar cosas imprescindibles por satisfacer algo inmediato.
  • ¿Qué contagiarse del otro? El riesgo de vivir con un gastador exagerado es que la pareja se convierta en un hijo, cuando un par de adultos debería entender que la economía se maneja y es responsabilidad de los dos. Puede pasar que el que gana más utilice esta postura como un arma para ejercer poder sobre el otro y eso, por supuesto, es tóxico para el vínculo. Hay muchas formas de demostrar el amor. En este caso, para enriquecer la unión estaría bueno que un gastador regalara su afecto intentando cuidar más la plata, consultando y tomando decisiones referidas a las finanzas en conjunto, es decir, recibir abiertamente la influencia del otro. Y viceversa.

El manejo de las finanzas es una disciplina, así como cuando vamos al gym o hacemos una dieta para comer mejor. La propuesta es que por cada peso que entre puedan ahorrar un porcentaje; mínimo, entre un 10% y un 25% de lo que ganaron. Y que los dos tengan en claro que la idea no es meter la plata debajo del colchón, sino construir una libertad que les permita cumplir un sueño en conjunto.

Crédito: Julia Gutiérrez. Realización de Yamila Bortnik. Producción de Cata Dillon.

Cuando vos sos la gastadora

Pensás que una cosa es ser cuidadoso y otra es medir hasta la yerba que le ponés al mate. Si tu pareja es así de previsora, es probable que imagines un futuro próspero, ordenado y tranquilo. En general, quien cuida el mango suele tener una visión con proyección a futuro: quiere ahorrar en pos de cumplir un sueño que, en el caso de la pareja, podría ser compartido. Ahora, si teniendo las posibilidades económicas, el viaje más lejano que propone es a 50 km y en tren, es válido dudar si estás durmiendo con Cocodrilo Dundee. Está todo más que bien con la igualdad de género y con compartir todos los gastos en una pareja, pero hay casos en donde todo se extralimita y algunos hasta quieren dividir miti-miti el Uber. Y no se trata de que gaste lo que no tiene, pero convivir con alguien que mide todo a cuentagotas es un plomazo.

  • El dilema. El debate se presenta cuando, por ejemplo, van a comer y vos elegís sin prestarle un minuto de atención a la columna derecha del menú, mientras que él sí. Al encontrarse dos polos tan opuestos, en el contraste, es difícil discernir cuál sería el punto medio. Una clave valiosa es observar si el cuidado excesivo pasa a ser mezquindad, porque ahí ya se ponen en juego otras cosas de la pareja. La persona miserable escatima todo: la plata, el amor, las palabras, las manifestaciones de afecto.
  • Stop: alerta. Vivir con un ahorrativo está OK, pero de repente sentir que cada día hay menos solidaridad de la otra parte es una clara señal de que estamos frente a un caso serio. La sensación de llevar una vida diminuta nos puede servir de alarma porque, al igual que el avaro, este tipo de personas controlan a través de lo que no dan.
  • ¿Qué contagiarse del otro? Cuando se está en alguno de los dos extremos, el mejor consejo para ambas partes es poder dialogar acerca de cuál es el problema y cuáles las consecuencias. Un ahorrador excesivo podría tener dificultad para sentir el placer, y especialmente para disfrutar satisfacciones que recompensen su propio esfuerzo laboral. Para que la dupla salga victoriosa, lo ideal es que él pueda enseñarte a administrar mejor el dinero y que vos le aportes tu cuota de espontaneidad en darse sus gustos, siempre dentro de las posibilidades.

Experto consultado: Sebastián Girona. Psicólogo, especialista en vínculos, autor de Cada cual por su lado. @SebastianGirona.

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