"¡Díos mío! ¡Es una mujer!": viajar en un vuelo cien por ciento femenino

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14 de marzo de 2020  

"Yo me siento realizada", me dijo Jennifer Lehmann, la piloto encargada de unir San Pablo con Buenos Aires en un vuelo tripulado 100% por mujeres, el "regalo" que Gol les hizo por el Día de la Mujer a sus empleadas. Yo pensé en Facundo Arana, en la vez en que dijo que su ex, Isabel Macedo, se iba a sentir realizada ahora que sería madre, y me reí por dentro y le pregunté por la familia. "Ah sí, tengo un hijo de 8 años que adora mi profesión. Sube a la cabina y está orgulloso de lo que hace su mamá. Estoy poco en casa, pero es pura calidad. Todas las mamás que trabajamos estamos poco en casa, ¿no?"

Jennifer sonríe en la cabina, rodeada de botones y luces que hacen que cualquiera de mis preguntas resulte banal, y también pienso en los botones que ni miro cuando manejo, en el trabajo que me da poner el guiño y en las veces en que directamente espero que el ruido que me quiere avisar algo y me molesta deje de sonar. Le pregunto si cuando dice que es piloto no le repreguntan mucho si no será "azafata", los micromachismos cotidianos. Dice que sí, pero también se pone por encima de cualquier desubicado: "Entiendo más a la tripulación y lo que está pasando en el avión justo porque también fui comisario de abordo. No digo que los pilotos varones tengan una dificultad ahí, pero sí que yo lo siento como un plus en mi formación". Jennifer es una de las 10 pilotos y 41 copilotos que vuelan con Gol. Todavía es una rara avis: sólo el 3% de los pilotos del mundo son mujeres. La diferencia la marca como siempre, el gender gap. No es solo que no nos enseñen a soñar con ser pilotos o astronautas, no es que el cielo sea en lo cotidiano y en el cine territorio de varones intrépidos como mi amado Maverick de Top Gun. Es que para ser comandante hay que pagarse horas y horas de vuelo. Las mujeres, en general, tenemos que gastar esas horas en otras cosas: crianza, trabajos que paguen menos, pero que aseguren las cuentas de la familia. Volar no es un sueño de varoncitos, ¡es un sueño caro!

Y además, claro, como en Top Gun: en el origen, la aviación era exclusivamente militar, y sabemos que ese oficio también estaba reservado a los señores; pues bien, una vez que se popularizó la aviación civil, muchos de esos pilotos militares pasaron a los vuelos comerciales. Ahí también hay una respuesta de las aerolíneas acerca de por qué el oficio se hizo de varones sin tener en cuenta que, en cambio, recién ahora hay varones cubriendo el rol de comisarios de abordo, una licencia que llegó junto con otros cambios a la altura de estos tiempos: ya no hay medidas reglamentarias, ni uniforme con falda obligatoria.

Jennifer conduce el avión con sus pantalones puestos, y el pelo largo, larguísimo y rubio, solo se devela al final del vuelo.

"¡Dios mío! ¡Es una mujer!", Nancy "Bird" Walton (1915-2009), primera mujer piloto australiana y pionera de la aviación comercial, tituló así su autobiografía. Fue lo que le dijo un señor cuando vio que ella estaba al mando en la cabina de un vuelo comercial. En 1990, la aerolínea Qantas bautizó un avión con su nombre, el mayor honor que puede recibir un piloto. Como parte del regalo, Gol cambió las luces celestes por violetas y, en el aire, la copiloto, Patricia Procopio, contó que, por ser 8 de marzo, la tripulación del vuelo a Buenos Aires estaba integrada 100% por mujeres. Los argentinos, tan dados al aplauso, apenas si exclamaron. Tal vez les ganó la preocupación por el coronavirus y las medidas de seguridad en vuelos y aeropuertos. O tal vez, a más de diez años de la partida del ave de los cielos australianos, una mujer piloteando un avión todavía asusta casi tanto como una pandemia.

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