Durante 10 años recorrió más de 50 países, pero ahora dice que se cansó de viajar

Aniko Villalba, a los 32 años, después de recorrer el mundo a bajo costo, decidió asentarse en Amsterdam
Aniko Villalba, a los 32 años, después de recorrer el mundo a bajo costo, decidió asentarse en Amsterdam Crédito: Gentileza
Laura Gambale
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22 de septiembre de 2018  • 00:22

Todo empezó con un sueño y la decisión de dedicarse por completo a aquello que la hacía feliz: viajar (de manera permanente) Y no se trataba de recorrer dos o tres playas, algún museo, una ciudad antigua y regresar a la comodidad de una casa. Su búsqueda iba más lejos: Aniko necesitaba recorrer el mundo y comprobar que era mucho más amigable de lo que imaginaba antes de animarse a dejar el confort y unas cuantas "seguridades". Y por sobre todas las cosas, quería comprobar que se puede viajar con poca plata si se aplica la creatividad y se tiene confianza en una misma. Así fue como a los 22 años -recién egresada de la carrera de Comunicación Social- se propuso recorrer Latinoamérica por cuenta propia, con ahorros y buenas ideas para vender sus escritos a cambio de algo de dinero.

Viajando por ahí

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Desde entonces, y hasta hace muy poco, se dedicó a "viajar lento, llenar cuadernos y disfrutar de los detalles cotidianos de cada lugar que visitaba", así lo explica en el blog Viajando por ahí, un sitio casi de culto para los viajeros, donde escribe crónicas, consejos e ideas para llevar adelante un viaje.

Durante esa década tuvo algunas revelaciones relacionadas a lo que implica viajar sola. Ya sea en Indonesia, China, Marruecos o Perú (por nombrar solo alguno de los 50 países recorridos) las mujeres se muestran más solidarias y se acercan con mayor facilidad cuando la ven sola. Aniko lo definió como "un acuerdo silencioso de cuidado entre nosotras". También descubrió que por ser extranjera y estar sola, a mucha gente le dio ganas de ayudarla invitándola a sus casas a modo de hospedaje gratuito, acompañándola a encontrar el medio de transporte correcto, ofreciéndole comida y ayudándola con la comprensión del idioma local. "Tengo un montón de madres y hermanas sustitutas por el mundo".

Llegó la necesidad de parar

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Volviendo al presente, hoy sabemos que esa escritora itinerante de 22 años nunca se hubiera imaginado que 10 años más tarde, y luego de haber cumplido el sueño que había decretado en su infancia ("cuando sea grande quiero ser viajera") sentiría la necesidad de parar y establecerse, al menos por unos años, en un sitio como Ámsterdam (Holanda).

Pero sí, ocurrió. Cansada de trasladarse y mudarse cada semana, de armar y desarmar valijas a cada rato, de cumplir con el horario de arribo de los trenes y de buscar dónde dormir, la decisión de parar de viajar decantó. Y en seguida continuaron cayendo las fichas: la necesidad de un espacio propio, de sostener algunas rutinas diarias, proyectos de trabajo a mediano y largo plazo, un grupo estable de amigos, una biblioteca, y hasta un buzón donde recibir correspondencia. "Me siento igual que en el 2008, cuando miraba fotos y soñaba con viajar, pero al revés: ahora miro casas y sueño con vivir ahí".

Ahora se mueve en bicicleta, mantiene rutinas diarias de escritura en un mismo escritorio, entrena natación tres veces por semana y dedica gran parte de su día a crear talleres vinculados a sus conocimientos y experiencias viajeras. Cuando le preguntan si fue una decisión muy pensada explica que no, que fue su cuerpo el que sintió la necesidad de parar. "Amo viajar, no es que me haya dejado de gustar, lo que me cansó es vivir viajando y no poder dedicar tiempo a mis proyectos creativos por falta de espacio o de herramientas", entre otros argumentos que apoyan este cambio de 180 grados.

¿Y por qué Ámsterdam para vivir?

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Cuenta que se dio de casualidad, a raíz de una propuesta de trabajo que le llegó a su marido poco tiempo después de haber ido junto a él a esa ciudad y haber quedado encantados. Por eso decidieron probar de qué se trataba esta nueva rutina, sin asegurar que sería algo definitivo. A esta altura se presentan dos nuevas conclusiones: que no hay lugar para la inercia en su vida, y que lo único permanente sigue siendo el movimiento. "Así como me escuché cuando soñaba con viajar, también decidí escucharme cuando empecé a soñar con quedarme quieta. Y mi felicidad tiene que ver con eso: con escucharme y respetar cada etapa".

Actualmente dicta workshops presenciales y talleres online de relatos y escritura de viaje, y hace pocos días arrancó su primer laboratorio de hábitos de escritura creativa durante 30 días que realiza junto a Carolina Chavate, especialmente dedicado para todos aquellos que piensan que "no son creativos". Además, a fin de año espera publicar su cuarto libro titulado "Usted está aquí", con historias, apuntes, reflexiones y observaciones de sus diez años de viajes, y más de 50 consignas creativas para completar por el lector. Y con el tiempo que le queda, planea enfocar sus energías para seguir inspirando a todos aquellos seguidores que la leen desde que empezó su blog, compartiendo todo lo que aprendió acerca de viajar, de escribir y de ser nómade digital.

Sus Redes

Viajandoporahi.com

Escribir.me

Instagram: @anikovillalba

¿Qué te pareció esta historia? ¿Sos de espíritu viajero o te tira más el sillón de tu casa? También leé: Son madre, hija y nietas corren juntas en San Martín de los Andes y "Somos jóvenes pero los findes nos quedamos en casa como dos abuelos"

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