Eduardo Costantini. "Mi recurso más escaso es el tiempo"

El empresario, coleccionista de arte y creador del Malba, asegura que en Las Garzas, Uruguay, encontró su lugar en el mundo
Silvina Ajmat
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7 de febrero de 2015  

Abre las puertas de su casa en Punta Piedras con una gran sonrisa para recibir a sus invitados, a los que llevará a recorrer los distintos espacios de su mansión con entusiasmo. A Eduardo Costantini le sienta bien el rol de anfitrión. Pasea por el living engalanado por exquisitas obras de arte contemporáneo, y desde el comedor contiguo muestra cómo se puede disfrutar de una vista privilegiada del mar. En el parque verde, que a los pocos metros se interrumpe por la playa, se asolean dos Aston Martin. No son suyos, "aunque no estaría mal", comenta. Se exponen allí en el marco de uno de los tantos eventos que tienen lugar en Punta del Este, esta vez, en la casa del dueño del Malba, Nordelta, y un puñado de emprendimientos más, entre los que se cuentan su desembarco en Bal Harbour, y en Uruguay, el complejo Las Garzas, del otro lado de Laguna Garzón. Lejos de todo, la zona donde se levanta Las Garzas es campo y mar en su máxima expresión.

-¿Qué tiene el agua que siempre está presente en tus proyectos?

-Yo amo el mar, la naturaleza, el cielo, la energía del mar? Siempre estoy cerca del agua, en todos mis proyectos. En Miami, en Nordelta. Me gusta más que la montaña. Por el movimiento. El viento hace que el mar cambie todos los días, y es como una obra cinética. Por ejemplo, me atrae más el mar de La Brava que el de Miami, por el movimiento.

-Excepto Buenos Aires, las grandes ciudades del mundo están atravesadas por agua...

-Buenos Aires, históricamente, le dio la espalda al río. Era lo marginal, la zona pobre, pero eso se está revirtiendo, y últimamente, con Puerto Madero y San Isidro, con las casas que dan sobre el río, cambió el paradigma.

-¿Qué tiene de especial instalarse en Las Garzas?

-Las Garzas es un lugar virgen enclavado entre dos lagunas. Es una zona que siempre va a tener un movimiento muy moderado, no tiene ningún punto de concentración de gente como tiene La Brava, La Mansa, La Barra. Estás en contacto con la naturaleza. Es un sector más virgen, en el cual tenés un fenómeno natural, las cárcavas y, en el caso de Las Garzas, son 240 hectáreas que tienen 2 kilómetros de playa.

-La polémica por el puente está quedando atrás? ¿Se garantizó la conservación de esa zona?

-Toda esta zona es reglamentariamente de última generación y las leyes toman en cuenta la sustentabilidad. El 65% no lo podés tocar. De ahí, cada terreno no puede tener menos de 2500 metros cuadrados, en los que la superficie máxima edificable permitida es de 700 y la altura máxima que puede tener una casa es de 17 metros. Eso ya está legislado. Cuando se discutió el puente, la preocupación de los pobladores era el impacto del puente en el desarrollo urbanístico al norte o al este del puente, no el puente en sí mismo.

-¿Siempre estás trabajando? ¿Cómo te relajás?

-La gente tiene sobre todo esa impresión de que estoy todo el tiempo trabajando. Yo tengo una filosofía integral. La actividad de uno cubre simultáneamente todas las dimensiones que tiene el hombre de lo social, lo estético, lo profesional, lo familiar, lo deportivo. Siempre he buscado un equilibrio entre todas esas situaciones. Cuando era mucho más joven no tenía manera de lograr ese equilibrio. Ahora tengo mayor libertad, vengo a Punta del Este un mes y medio, me lo permito, tengo mi actividad social, mis amigos. Estoy conectado con la computadora y el teléfono, pero cuando levanta el viento yo estoy en el agua. Me pasa que cuando estoy cansado de un año de mucho trabajo, llega diciembre y mi reloj biológico me dice que tengo que estar acá, que ya falta poco. Además, tengo una agenda que abarca tantas cosas... Mis ocupaciones son muy variadas. Los temas familiares. Los chicos. Lo mío no es 12 horas de trabajo. Es integral.

-¿Cuál es la base de esa filosofía? ¿Alguna fe?

-Mi familia era muy religiosa. En ocasiones de extrema peligrosidad de vida refiero a un dios. Pero yo creo en los valores. Con la religión está todo perfecto. Pero empecemos por los valores. La honestidad y la ética. Después sí decime cuáles son tus creencias.

-¿Qué deseás para el país en este año electoral?

-No en este año. Desde que tengo 20 años deseo tener un país coherente, con valores, que sea consistente en el largo plazo, que no haya egos, que crezca institucionalmente, que los presidentes se quieran ir, que haya recambios presidenciales y alimenten la democracia y la república. Y eso lleva luego a una mejor educación, a menor marginalidad, mayor integración.

-¿Hay alguna etapa de la Argentina con la que te identifiques políticamente?

-No. Desde que yo nací, al menos. Dejando ideología de lado? Siempre hay una porción ideológica. Pero hablame de tus valores. Vos podés ser súper de derecha y ser un tremendo ladrón o súper de izquierda y ser un tremendo ladrón. Entonces, yo no creo en la ideología. Creo además que es una mala consejera. Amo este país, y no lo puedo dejar. Pero desde el punto de vista político es una enorme decepción.

-¿Alguna vez pensaste en irte a vivir a otro lado?

-No pensé en irme porque tengo mi historia, mis afectos y mis proyectos. No podría. Sí tengo proyectos afuera.

-¿El déficit de tiempo le quita lujo a tu vida?

-Mi déficit de tiempo es la vida. Mi recurso más escaso es el tiempo. Eso te resta posibilidades concretas. Pero creo que con el tiempo podés hacer lo que quieras. La vida es continua hasta que te morís. La libertad no es la capacidad de elegir. Es que una vez que elegiste, puedas ser feliz. Cuando sos feliz con lo que hacés, sos libre, porque no tenés ese inconveniente de que hay cosas que no podés hacer y que decís me gustaría tener más tiempo.

-¿Te considerás una persona feliz?

-Desde ese punto de vista siento que soy feliz. He cambiado muy poco a lo largo de las décadas. Siempre tuve esa concepción.

-¿Cuál es tu próxima ambición?

-Poder seguir materializando proyectos. Que aparezca un terreno en Nueva York, sería un crecimiento profesional. Poder comprar un cuadro espectacular? Ahí sería como un niño en la juguetería.

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