Educación libre sin fronteras

Guillermo Tomoyose
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26 de julio de 2015  

Nadie quiere comenzar las clases cuando casi todo el mundo decide ocupar su tiempo en actividades mucho más gratificantes para el segundo receso del año. O tal vez sí: con la energía y las herramientas necesarias, una computadora o dispositivo electrónico con acceso a Internet basta para ampliar nuestros conocimientos.

Sin requisitos previos ni las habituales matrículas de inscripción, incluso gratis, miles de alumnos se agolpan en los escritorios de las aulas virtuales de los MOOC (Massive Open On Line Courses, cursos masivos online). Eso fue lo que ocurrió en 2012 cuando los profesores Peter Norvig y Sebastian Thrun, conocido por la persona detrás del proyecto de los vehículos autónomos de Google, decidieron abrir sus clases para más de 160.000 interesados en aprender más sobre inteligencia artificial.

Los pupitres virtuales, sin fronteras ni horarios, se llenaron de especialistas en robótica, expertos en neurociencias y de entusiastas estudiantes de la escuela secundaria de todo el mundo. Así de variada fue la cursada de Thrun, una versión muy libre de lo que ya se conocía como educación a distancia mediante Internet.

Idiomas, historia, arte, ciencias exactas y sociales, la oferta de los MOOC es casi ilimitada. Con un buen conocimiento del inglés, aunque ya existe una amplia oferta de cursadas online en español, uno puede convertirse en un activo oyente de los cursos organizados por prestigiosas instituciones como las universidades de Stanford, Yale o Princeton.

¿Demasiado fácil y tentador? Algunos toman evaluaciones simples, otros aseguran un certificado al final de la cursada, pero aun así la tasa de deserción suele ser muy alta. Se estima que poco más del 10 por ciento del auditorio virtual logra tener la disciplina necesaria para completar los objetivos propuestos por los responsables de los MOOC.

Las bajas barreras de entrada y las pocas exigencias en las evaluaciones son algunos de los argumentos que suelen esgrimir los detractores de esta modalidad. Sin ser un reemplazo de la educación formal y tradicional, esta modalidad de aprendizaje, caótica, desenfadada y libre, se convierte en uno de los tantos puntos de partida que Internet ofrece para que toda persona ávida de nuevos conocimientos pueda construir su propio camino.

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