Educación Libre: "Armé un espacio educativo alternativo”

Crédito: Florencia Trincheri
Al no encontrar ningún colegio que le gustara para sus hijos, Malala Erhart creó un espacio donde los chicos aprenden en libertad.
Camila Bretón
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19 de agosto de 2017  • 00:00

Era 2011 y Malala Erhart se pasaba los días recorriendo colegios para su hija, Antonia, de 6 años. Después de hacer la típica rotation por distintas instituciones, ninguna le terminaba de cerrar. Tenía la sensación de que todas hacían mucho hincapié en el nivel académico y ninguna de ellas mencionaba las palabras “jugar” o “amigos”. Cansada, terminó anotándola en la escuela más cercana a su casa y, al tiempo, le propuso al colegio algunas ideas, tomadas de su experiencia como maestra en un jardín Montessori. Fue entonces cuando empezó a buscar información: “Leía investigaciones científicas que demostraban que los niños que habían pasado por experiencias innovadoras de aprendizaje crecían con un fuerte sentido de la autoestima y que, gracias a eso, podían encontrar realmente lo que les gustaba hacer”.

Y a fines de 2012, Malala y un grupo de cinco familias decidieron jugársela y abrir un espacio para que sus hijos pudieran aprender en libertad , a través de distintas actividades, juegos y el contacto con materiales como la madera, la pintura o los libros. “Estudiamos mucho, invitamos a distintos educadores y adoptamos algunos conceptos Montessori, basándonos en los principios de la educación libre”.

Crédito: Florencia Trincheri

Tierra Fértil abrió sus puertas en marzo de 2013, en un quincho prestado, y si bien no está aprobado por el Ministerio de Educación –como la mayoría de las escuelas alternativas–, están luchando por una ley que las incluya. “Mi deseo es que estos espacios de educación no queden como pequeñas burbujas. Hoy se habla de innovación educativa en Finlandia o en EE. UU. , pero acá existen muchos lugares donde se trabaja con herramientas parecidas”.

¿Cómo lo hizo?

1. Se vinculó con gente con las mismas inquietudes. “Empecé a hablar del tema con otras familias, conocí gente que se había animado a abrir espacios educativos alternativos; científicos, maestros, pedagogos y emprendedores”.

2. Investigó proyectos innovadores de aprendizaje . “Busqué pedagogías y metodologías de aprendizaje distintas de la tradicional, y me di cuenta de que la idea no era tan difícil ni revolucionaria como creía”.

Crédito: Florencia Trincheri

3. Armó una cooperativa. “Diseñamos un plan de acción para financiar el proyecto y encontrar educadores, voluntarios y talleristas”.

4. Consiguió un espacio. “Abrimos en una casa, con un jardín divino donde los chicos aprendían tanto adentro como afuera, en pleno contacto con la naturaleza”.

Los consejos de Malala

  • Mirá el documental La educación prohibida. Está disponible en educacionprohibida.com.
  • Trabajá en red. En la página web Reevo.org hay un mapa con este tipo de espacios que existen en el mundo y mucha información actualizada sobre seminarios, charlas y encuentros.
  • Informate bien. Sabé que si el día de mañana estos niños eligen ir a un colegio secundario tradicional o quieren seguir sus estudios en la universidad, pueden hacerlo rindiendo un examen en Capital Federal.

En números

$6000 fue la inversión inicial.

8 familias hacen un aporte monetario para mantener los gastos fijos mensuales.

Crédito: Florencia Trincheri

2 educadoras trabajan en la escuela.

11 niños de entre 6 y 12 años van todos los días a Tierra Fértil.

El 100% de las cuotas se reinvierte en los salarios docentes, mantenimiento y materiales. •

¿Qué te inspiró esta historia? ¿Serías capaz de crear lo que buscás? También leé: A Hillary Duff no la detiene el body shaming y Crianza: el difícil equilibrio entre calidad y cantidad de tiempo compartido

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