El acto fallido de Thelma: "Sanar habla"

Soledad Simond
Soledad Simond LA NACION
Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Inés Auquer
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1 de marzo de 2019  • 14:07

Lo dijo Thelma en el fallido más perfecto cuando, junto con Euge Castagnino, charlábamos con ella en el living de mi casa. "Hablar sana", quería decir. Pero las tres nos quedamos recalculando esa deconstrucción semántica. Saboreamos ese limbo que produce el vacío de lo que está siendo pero todavía no es. Sumergidas en el vértigo de encontrar las palabras correctas cuando algunas cosas todavía no tienen nombre o cargan con nombres viejos y también en la frustración de que a veces las palabras no son suficientes para hacer justicia.

Nos encontramos el 14 de febrero y, sin darnos cuenta, arrancamos el día de San Valentín comiendo scones caseros que amasé a las 9 a. m. mientras con Euge repasábamos una hoja de ruta de los temas que queríamos charlar con ella. Estábamos emocionadas porque esta tapa era un sueño secreto que había implicado algunas charlas previas, porque esta es la primera nota que da a una revista y su gran preocupación es honrar el símbolo que hoy le toca representar.

Es tanto más de lo que imaginó.

El primer día que la vi me quedé impactada, porque parece tan joven –todavía hoy, no quiero pensar a sus 16– y, a pesar de eso, se convirtió en el instrumento de un despertar revolucionario. Pero lo que terminó de maravillarme es su inocencia mezclada con la más exquisita inteligencia. Es de ese tipo de inteligencia capaz de repensarse y desde el asombro y el silencio adquirir formas nuevas. Las certezas de Thelma la atraviesan mientras su sanar pone palabras y viceversa. Pero va tan respetuosa ante la vida, como quien sabe que el dolor puede sorprendernos a la vuelta de la esquina y, a la vez, que la vida es tan bella.

En la previa, una persona que quiero me preguntó con cierta vergüenza: " ¿Y si es mentira lo que ella dice?". La duda es parte de esta existencia, la verdad se batalla día a día. Nunca dudé de su relato, pero le respondí: "Ella es tanto más grande que esa historia, la verdad es lo que genera". La verdad es el 700% más de llamados que recibieron en el 144 esa noche que la convirtió en Thelma y la despojó de su apellido. Es tanto más. Sin embargo, le está poniendo el cuerpo y el costo que implica, la migraña insoportable que la atacó una noche por la que tuvo que suspender una de las entrevistas que habíamos agendado, las placas en la garganta, los antidepresivos que combina con terapias alternativas.

"Cuando sana una, sanamos todas", me dijo para esta misma edición Zulma Moreyra, terapeuta menstrual (pág. 92). Y de eso se trata. Su historia sanó la mía, la tuya, la de tu amiga, la de tu vecina, la de la compañera de oficina, y esto recién empieza. Pero lo más lindo es que cuando sanamos las mujeres, también sanan los hombres, de nosotras depende esa alquimia, y al mismo tiempo los necesitamos para que el conjuro suceda.

Esa mañana en mi casa, con el llanto tantas veces atragantado por la emoción, la miré a los ojos y, después de tres horas de charla, solo pude decirle un mantra. No le dije ni "gracias", sino que me salió un "jai gurudev". Jai significa "victoria"; guru, "maestro"; y dev, "grande". Este sonido nos recuerda la maestría que reside en cada uno de nosotros. No solo en Thelma.

Por eso, esta edición nos preguntamos: ¿cuál es tu mensaje?, porque todos podemos ser sanación que habla. •

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