El amor es un domingo eterno

¿Si el amor es un domingo eterno se vuelve aburrido o es el estado ideal?
¿Si el amor es un domingo eterno se vuelve aburrido o es el estado ideal? Crédito: Pixabay
En otro de sus diálogos socráticos nuestro filósofo profundiza en sus indagaciones sobre el amor.
Darío Sztajnszrajber
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18 de febrero de 2018  • 00:58

X: Puede ser. Igual, todo depende de cómo te pegue el domingo...

D: Obviamente. Y en ese sentido, no hay mucho acuerdo. Hay, por un lado, un cierto imaginario optimista que hace del domingo un día muy esperado, ya que nos permite concentrarnos en lo que realmente deseamos. Por ejemplo, estar con los nuestros o poder hacer lo que queremos por fuera de los imperativos cotidianos, sobre todo dejar de trabajar, despertarse temprano, cumplir obligaciones.

X: Bueno, pero eso es un domingo. De hecho, así nace, ¿no?, como una herencia religiosa. Aunque, ¿no era el sábado el día que Dios descansó según la Biblia?

D: Sí, según la Biblia era el sábado. Así lo consagra el judaísmo. Pero la tradición cristiana modifica el día y, según parece, lo traslada al domingo sacralizando el acontecimiento de la resurrección de Jesús. Luego, cuando Occidente se vuelve cristiano, el domingo queda como día semanal de descanso.

X: Excelente. Con lo cual tu afirmación de que “el amor es un domingo eterno” es una manera de decir que uno en el amor busca encontrar permanentemente una interrupción a sus preocupaciones cotidianas y vincularse con el otro desde un lugar auténtico y menos reglado. ¿Puede ser por ahí?

D: Vos mismo lo dijiste: según cómo te pegue. Sabrás que para muchos el domingo es todo lo contrario: un día de pesar. Básicamente, un día de cierto sopor, de cierto tedio, de cierta sensación ambigua. Un día en el que irrumpe intempestivamente la angustia y, cuanto más se acerca la tardecita, más nos vamos sintiendo en un vacío sin explicación; o peor: vamos sintiendo que cuanto más querés explicarlo, más ahondás ese vacío.

X: Muy depre, esa visión...

D: Muy naíf la otra. Fijate que asociarlo a la resurrección, de alguna manera, incorpora la figura de la muerte; y en ese sentido, el domingo tiene algo de un final y un renacer eternos. Sin contar que, como decíamos antes, al descansar y dejar de trabajar, en realidad te vas dando cuenta de que el trabajo cotidiano que hacés en la semana no te realiza para nada. O sea, ¿por qué angustiarte si podés dejar de trabajar? Justamente, porque el domingo tomás conciencia de lo inauténtico de la semana, de cómo desperdiciás tu labor cotidiana enajenado en un hacer que no es propio. O, por lo menos, en trabajos que se encuentran siempre condicionados: la libertad del domingo marea.

X: Es cierto. No lo había pensado así. ¿Y qué tiene que ver con el amor?

D: Todo. Primero, la sensación de ambigüedad, presente siempre en el amor. Esa sensación de plenitud y, al mismo tiempo, de falta: muy dominguero. Segundo, porque en el amor se juega la posibilidad o no de cierta realización: hay amores burocráticos y amores que buscan todo el tiempo sustraerse a la normalización semanal. Tercero, porque se supone que el amor es aneconómico, o sea, que, a pesar de ser un vínculo de a dos, debería poder despojarnos de la lógica del intercambio: no amamos porque nos aman o no amamos para ganar algo.

X: Ya me estoy deprimiendo...

D: Muy de domingo, lo tuyo. Igual, por último, no te olvides de algo: que caiga domingo es un hecho absolutamente cultural. Nada hay en la astronomía que determine directamente el carácter humano.

X: Es cierto; tampoco hay nada en la naturaleza que determine directamente el amor, ¿no? Amar es salirnos permanentemente de nuestra naturaleza. Por eso da vértigo.

D: Claro. Como el domingo... •

¿A vos cómo te pega el domingo? ¿Te va asociarlo con el estado del amor? También leé: "Dejamos todo y nos fuimos a recorrer el mundo" y Cuáles son los mejores destinos para conseguir pareja

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