El arte diferente

Jonathan Lerman es un es-tadounidense de 14 años cuyos dibujos se cotizan en el mercado de arte de Nueva York; además, es autista
Jonathan Lerman es un es-tadounidense de 14 años cuyos dibujos se cotizan en el mercado de arte de Nueva York; además, es autista
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27 de enero de 2002  

En el extraño mundo del arte marginal, Jonathan Lerman ya es, a los 14 años, un personaje central. Autista, pero un artista prodigioso, a la manera de los savants (del francés, savoir, saber), empezó a dibujar a los 10 rompiendo los muros del autismo con un diluvio de rostros intensos, a veces cómicos y extrañamente familiares, que han sido comparados por los críticos con las obras de George Grosz y Francis Bacon.

Ya realizó dos muestras individuales y varias grupales, y este mes participará nuevamente en la Feria de Arte Marginal del Soho, que exhibe por décima vez creaciones de artistas autodidactos, incluyendo discapacitados, visionarios, presos y ermitaños.

"Los artistas autistas en general no pintan rostros", dijo Kerry Schuss, cuya galería de Leonard Street ha representado a Jonathan durante cuatro años y ha vendido 60 de sus dibujos a un precio que oscila entre los 500 y los 1200 dólares.

Jonathan, que tiene un coeficiente bajo de 53, está inusualmente dotado, según Schuss, que también exhibe obras de otro pintor autista, Chris Murray, y de Aaron Birnbaum, un artista folk que murió en 1998, a los 103 años. "¿Cómo hace este chico para dibujar esas cosas –se pregunta Schuss–. Es algo que casi da miedo."

La obra de Jonathan todavía no ha sido evaluada críticamente por especialistas, pero John Thomson, director del Departamento de Arte de la Universidad de Bringhamton, cercana a Vestal, donde viven los Lerman, dijo que la obra del joven "no desentonaría en mis aulas", por su "calidad excepcional y la ausencia de estereotipos frecuentes en los dibujos de gente de todas las edades".

Lyle Rexler, un crítico de arte, ha dicho que la obra de Jonathan tiene elementos de Grosz y Bacon, "sin todo el horror y la vergüenza", y la comparó con las caricaturas del satirista mexicano Miguel Covarrubias, los dibujos de Carroll Dunham y Al Hirschfeld.

Al igual que Jonathan, el arte marginal desafía cualquier definición. A veces se superpone con el arte folk, y no sólo incluye a los artistas discapacitados o descastados, sino también a los artistas étnicos y campesinos, como el caso de Grandma Moses y el de Horace Pippin.

La Feria de Arte Marginal de este año también exhibe la obra fantástica del recluso Henry Darger y de otros maestros sin maestros: un pastor tunecino que hizo sus primeros dibujos con carbón en el muro de una panadería, un inglés que empezó a pintar luego de una experiencia mística en un cemen-terio, y un rumano que cruzó a nado el Danubio para escapar del comunismo, y que está ob-sesionado por pintar platos voladores.

La ciencia todavía lucha por entender lo que dos neurólogos de Harvard han denominado la patología de superioridad: el vínculo entre ciertos dones particulares y la incapacidad de comunicarse, algo que explique por qué personas incapaces de realizar tareas sencillas pueden, al mismo tiempo, calcular sumas astronómicas o producir extraordinarias obras musicales o pictóricas. Algunos estudios han revelado que el daño fetal en el hemisferio izquierdo del cerebro da como resultado una sobrecompensación en el hemisferio derecho, que podría justificar los dones especiales.

Las personas con severas deficiencias mentales y dones particulares han sido denominadas savants (y antes, idiots savants). Algunos renombrados niños savants incluyeron a Wang Yani, de China, que pintó un asombroso panel con figuras de monos a los 5 años, en 1980, y otras 4000 obras, muy aclamadas, en el transcurso de tres años, y a la escolar inglesa Nadia, que en 1973, a los 5 años, bocetó un jinete a caballo digno de un maestro renacentista.

Jonathan, según su madre, Caren (enfermera de cirugía), parecía normal cuando era recién nacido. Pero el niño lloró incontrolablemente en su primera fiesta de cumpleaños y pronto empezó a caer en largos silencios.

Sabía unas pocas palabras, pero se expresaba mayormente por medio de gestos. "Cuando venían amigos de visita –ha escrito Caren en su libro de memorias, todavía inédito, The Solitary Heart–, Jonathan se sentaba frente a una pared y la miraba durante horas. Empezamos a preguntarnos por qué no respondía cuando lo llamábamos por su nombre, por qué todos sus progresos de crecimiento se esfumaban."

Sus padres lo llevaron de especialista en especialista, hasta que, cuando el niño tenía 3 años, un neuropsiquiatra de Long Island diagnosticó un intenso autismo de crecimiento, afección que le impediría comunicarse adecuadamente y entender lo que viera, oyera o sintiera.

Los Lerman, doloridos, deseaban más niños, pero, temerosos del riesgo, adoptaron a una recién nacida, Alyssa, que actualmente tiene 9 años. La muerte del abuelo materno, en 1997, trastornó muchísimo a Jonathan. Poco después, el niño fue inscripto en un programa del Centro Comunitario Judío del vecindario, y la encargada telefoneó a Caren pidiéndole que fuera a ver lo que Jonathan estaba haciendo. Dibujos. Y qué dibujos. Enormes, intensos rostros, vivos, llenos de candor y comicidad.

"No sabía bien qué hacer", dice la señora Lerman. Buscó direcciones de galerías que pudieran ver los trabajos de Jonathan, hasta que dio con Schuss, que le aconsejó que tuviera paciencia y le diera tiempo al niño. A los 2 años Jonathan tuvo su primera exhibición individual.

Según Schuss, en sus últimas obras Jonathan ha empezado a expresar más lo que tiene en mente. "Hay fondos más complejos, referencias sexuales, gente fumando, referencias a la adolescencia y al rock de la MTV", explica.

Nadie sabe hasta qué punto el propio Jonathan entiende que sus dibujos son un éxito, pero, según Caren Lerman, "le dije que a la gente le encanta su arte, y él se sintió feliz".

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