El concurso Mejor Sommelier del mundo y mi sueño de trabajar con Alain Ducasse

El restaurant en el que yo soñaba con trabajar en Mónaco
El restaurant en el que yo soñaba con trabajar en Mónaco Crédito: Latinstock
Agustina de Alba
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21 de octubre de 2016  • 00:00

El año que pasé en Londres fue uno de los mejores de mi vida: viajé a lo loco, probé vinos de todo el mundo, conocí gente de todos lados, y comí en lugares increíbles. Parecía que todo estaba al alcance de la mano, ahí listo, esperándome a mí.

Lo que más me costó fue el idioma. Me acuerdo cuando tenían que pagarme mi primer sueldo y yo no tenía cuenta en el banco... Me fui a uno para abrir una cuenta sueldo y terminé dibujando en una hoja para hacerme entender. El idioma los primeros meses era un estrés: llegaba la noche y estaba más cansada que nunca, porque pensaba en español, traducía e intentaba decir algo que tuviera algún sentido. Por suerte recuerdo que a los pocos meses sentí un click, y empecé a pensar en inglés y todo empezó a fluir... ¡Hasta soñaba en inglés! Ya ahí por suerte sabía que por problemas con el idioma no me iban a restar puntos en el siguiente Mundial de Sommeliers.

Sí, el concurso a Mejor Sommelier del Mundo 2010 fue la razón por la cual volví a Buenos Aires: para viajar a Chile a representar a Argentina en el certamen. La experiencia fue maravillosa: toda una semana en la que te encontrabas y tenías la posibilidad de conocer a los mejores Sommeliers del mundo, porque había un representante de cada país. En esos concursos conocés gente, conocés otros estilos, formas de ver el vino, su técnica, etc. Fue alucinante y abrumador a la vez, al menos para mí. Me acuerdo de estar en shock, observando, boquiabierta, todo lo que ocurría. Siempre sentí que podría haberlo aprovechado más si hubiese sido más consciente de antemano... Pero bueno, por algo me tocó a esa edad (entonces tenía 21 años y el concursante que me seguía en edad tenia 38) y en ese momento de mi vida.

Al terminar el concurso, solamente se sabían los 10 finalistas, pero si quedabas fuera de estos 10 nadie te decía en qué puesto habías quedado: si estabas 12 o 38… Así que si bien todos me decían que me había ido muy bien, nunca supe con certeza. Yo siempre que terminé concursos, más allá de los resultados, sentí un vacío enorme. Te preparás, estudiás, dedicás tu tiempo, te esforzás y de repente, termina... ¡Qué angustia!

Después de este concurso yo quería volver a Londres. De hecho, me estaban esperando para seguir en Gaucho, pero por un tema de visado se me complicó. Y eso que lo intenté, pero no hubo caso y entendí quizás no había que volver.

Y ahí empecé con una nueva idea, un nuevo sueño para perseguir: quería trabajar en un restaurant con Estrella Michelin. Y, a través de un amigo, logré aplicar para una búsqueda de Sommelier Junior para el grupo de Alain Ducasse, el gran Chef francés. Yo quería irme a trabajar a su restaurant en Mónaco... Pero eso nunca sucedió. En vez de eso, me terminé yendo a otro lugar nada que ver... ¡Ya se enterarán a dónde!

Mi recomendado de la semana

Esta es una época del año en la que está bueno elegir los vinos del año. Con esto me refiero a que es una época en la que se encuentran los vinos de la última cosecha (2016) y si buscás en pequeños productores que hacen cantidades limitadas, en estos meses antes de diciembre ¡los conseguís seguro! Por eso siempre digo a los restaurantes que asesoro que de estos vinos hay que comprar 20/30 cajas y guardarlos, porque en pocos meses se fueron, se agotaron y tenés que esperar otra añada para volver a conseguirlos.

Estos son dos vinos que a mí me encantan, que podría tomarlos todas las semanas ¡y que siempre se agotan! Así que les recomiendo que se apuren si quieren seguir mis sugerencias:

El vino del tio: Matias Michelini

Montesco Verdes Cobardes 2016, Sauv blanc- Semillon - Viognier- Chardonnay, Bodega Passionate Wine, Tupungato, Valle de Uco, Mendoza, $185

El vino del sobrino: Manuel Michelini

Plop rosado de Cabernet Franc 2016, Tunuyan, Valle de Uco, Mendoza, $220

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