El desafío de rendir examen y dar explicaciones ante la mirada ajena

Jack Smart
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15 de noviembre de 2014  

¿Y si lo pensás mejor y hacés un plan un poco más prolijo?"

Sutil y políticamente correcto, un amigo me dio su consejo tras escuchar mi idea de renunciar a la carrera corporativa y cambiar de profesión a los 43 años, sin saber muy bien qué pasaría en el medio.

Su planteo -racionalmente irrefutable- dejaba en ridículo a mi relato, sustentado en una corazonada con poca lógica y sin previsiones. Vale decir que no fue el único -las personas solemos amurallarnos ante ideas ajenas que cuestionan las propias- y durante un tiempo me sentí rindiendo examen y armando explicaciones. Mi cambio, por lo visto, agitaba fantasías y fantasmas ajenos.

Distintas voces me hablaban de "locura", "piletazo", "inconciencia", "disparate", "utopía"... Algunas calificaciones encontraban eco en mi interior. En ocasiones, frente al espejo, me las decía a mí mismo. Me preguntaba y me respondía, y me volvía a preguntar, y callaba. Otros, en cambio, destacaban algo de "valentía", "osadía", "coraje".

"Se te hace fácil porque tenés tu futuro económico arreglado", me desafiaron algunos. "Si querés te lo cuento...", les decía, y les refregaba mi situación: inversiones y ahorros para vivir doce meses sin ingresos. Achicando gastos, sin cambiar ni casa ni colegio de mis hijos, llegaba a un año y medio. Para la mayoría, era poco; para mí, suficiente.

De tanto en tanto, los planteos ajenos sacudían mi proceso de discernimiento, por supuesto, pero por dentro me sentía en creciente serenidad y convencido del paso que estaba por dar.

"¿Hiciste los números?", era la pregunta clásica de los maestros en el dominio del Excel. "En principio, dan mal -me gustaba provocar-, tengo claro cuánto sale, pero ni idea de cuánto va a entrar. Los números están rojos, pero las letras van tomando una forma bonita. Además, no sé usar el Excel".

Mi año sabático duró unos cincuenta meses. No pude darme el lujo de ponerle una pausa total a mi trabajo, ya que en casa éramos seis cada noche frente a la mesa, y en mis manos estaba el sostén económico familiar. Además, tenía una linda ansiedad de iniciar la nueva etapa profesional. ¿Crisis de la mediana edad? ¿Cuarentazo? ¿Mitad de la vida? Sí, todos juntos y en fila.

Cambio, giro, reinvención... que cada cual lo llame como prefiera; para mí fue la oportunidad de escuchar y responder a mi deseo más profundo. Y, aclaro, no quería huir de donde estaba, sino correr hacia un nuevo proyecto, sintónico con mis anhelos más profundos. Hacer "mi" vida, y no la vida de otros; dando espacio a mi pasión. Así lo registré, lo imaginé y decidí vivirlo.

Counselor Psicológico en Eolic People. En 2011 se retiró de Unilever Cono Sur, siendo Director de Asuntos Públicos

Por: Jack Smart
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