El desarrollo temprano, un derecho y una buena inversión

Mariano Sigman
Mariano Sigman PARA LA NACION
(0)
9 de abril de 2016  

Creer que mandar a un bebe de tres meses a la guardería mejorará su sociabilidad de adulto es un mito infundado. No es cierto, en general, que el ejercicio temprano de una función sea una manera de promoverla en el futuro. Por lo tanto, conviene dirimir la discusión práctica acerca de la efectividad de la escolaridad temprana sobre datos y no sobre creencias, mitos o intuiciones. ¿Será acaso mejor que todos los chicos empiecen antes la escolaridad?

Para responder esta pregunta primero hay que definir, en letras claras, cuál es el objetivo que esperamos –como sociedad– de la escuela. ¿Chicos más educados? ¿"Mejores" ciudadanos? ¿Aptos para los oficios actuales? ¿Más felices? ¿Más creativos? Ninguna ciencia puede dirimir estas preguntas que deberían decantar de un acuerdo social plural y de gran consenso. Lo que puede hacer la ciencia es, fijada una de estas premisas, ver cómo hacerla más efectiva.

Sobre la premisa de que un programa educativo es exitoso en tanto y en cuanto genera adultos con más inclusión, con menos propensión a la enfermedad y a accidentes, con menos incidencia de violencia, con mejor estatus laboral... hay mucha evidencia de que la educación temprana es efectiva. Es más barato para el Estado invertir en educación temprana que luego asumir los costos por no haberlo hecho.

Desde una perspectiva cultural, midiendo a grosso modo el éxito de la escuela como un bagaje de conocimiento adquirido, también ayuda enormemente la escolarización temprana. Y esto no es tanto por el efecto de la acumulación de conocimiento, sino por el rol de la escuela en el desarrollo de funciones ejecutivas que son una suerte de mínimo común múltiplo de todo el pensamiento.

Lo que en ocasiones se olvida es que la educación funciona, en gran medida, afuera de la escuela. Teniendo en cuenta medias jornadas, vacaciones, feriados, fines de semana, un chico pasa el 85% del tiempo fuera de la escuela. Ahí, en los peloteros de la vida, también se educa. La recuperación de espacios públicos, de clubes (en un momento en que se clama por privatizar lo que ha sido un bien social histórico de nuestro país) o de bibliotecas es también parte de un piso mínimo de acceso a la educación, que el Estado debiera garantizar no sólo porque es digno, sino también porque le conviene.

Doctor en Neurociencia, investigador de la UTDT y autor de La vida secreta de la mente

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.