El deseo de las alas

Cerca de Luján se pueden realizar vuelos de bautismo, paseos aéreos y cursos de aladeltismo
Cerca de Luján se pueden realizar vuelos de bautismo, paseos aéreos y cursos de aladeltismo
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31 de marzo de 2000  

Desde hace seis años, los zorros tienen alas. Al menos los Zorros del Aire, como se autodenominan los instructores del centro de vuelo libre que actualmente tiene sede en Carlos Keen, un pueblo vecino a la ciudad de Luján.

Los sábados y domingos, después del amanecer, Miguel Angel López abre las puertas corredizas de un viejo vagón de tren ubicado en el predio, una pieza codiciada que los "zorros" compraron en remate para convertirla en original centro de recepción.

La mayoría de los intrépidos que se acercan hasta allí cada fin de semana lo hacen con el pretensioso deseo de transformarse en hombres-pájaro, aunque sea por unos minutos. Y, ni bien cumplen su objetivo, ya comienzan a extrañar esa indescriptible sensación de volar como un ave que sólo se logra en un viaje en aladelta.

Gracias a los bautismos biplaza, cualquier persona puede prestarle su cuerpo al viento con la seguridad de que trepará en altura, bailará y volverá a poner sus pies en la tierra cuando quiera. Pero antes, deberá prestar atención a una serie de recomendaciones técnicas y de seguridad para que la experiencia sea exitosa.

Sujetados de los tobillos y la espalda con arneses, novato e instructor quedan unidos entre sí -abrazados, sin inhibiciones- y colgando del parante principal de la nave, boca abajo, con la mirada clavada en el césped.

Hasta hace un par de meses, el remolque corría por cuenta de un malacate o torno estático, pero ahora un trike (como se llama a las aladeltas con motor) es el responsable del despegue. Así, enlazados por una cuerda, las dos alas cobran altura juntas y se separan cuando el altímetro marca los 600 metros.

Recién entonces es tiempo de vuelo libre; una modalidad en la que están permitidos los gritos -más por admiración que de miedo- entre planeos, volteretas y sutiles movimientos en la nave. Las variaciones de velocidad dependen exclusivamente de los deseos de la dupla: un simple desplazamiento de los cuerpos y la barra de comando regala prontos resultados. Así, la odisea se extiende por veinte excitantes minutos, sin vértigo, con mucha emoción.

Un vuelo que ruge

Es cierto que todos los bautismos aéreos resultan apasionantes para los copilotos. Pero también es verdad que el vuelo libre tiene una cuota extra de adrenalina que marca la diferencia con los viajes a motor.

Sin embargo, las salidas en trike brindan una opción a la medida de quienes todavía no se animan del todo a desafiar a los vientos aunque sueñan con dar un paseo por el cielo.

"Por la posición del cuerpo (aquí se viaja sentado) y por la altura que se alcanza, los más grandes prefieren esta disciplina antes de arriesgarse a una aventura completa", considera Leonardo Bruno mientras compara al carreteo de esta clase de ala delta con "dar una vuelta en moto". Pero la semejanza desaparece ni bien se advierte. El motor ruge cada vez con más fuerza y las ruedas del trike se separan del suelo tanto que, en pocos minutos, se lee en los indicadores 400 metros y 60 kilómetros por hora.

Sin grandes sobresaltos -excepto por los altibajos que causan los desprendimientos térmicos- la experiencia resulta ideal para contemplar el paisaje, distinguir la basílica entre los campos verdes y disfrutar del trayecto poniéndole la cara al viento.

Zorros del Aire. Informes, 4585-4424 y 15-4148-6594. Para acceder al centro de vuelo hay que tomar la ruta 7, rumbo a Luján. En el kilómetro 72, doblar a la derecha en dirección a Carlos Keen. El camino de tierra que conduce al predio está señalizado. Los sábados y domingos, desde la mañana y hasta el atardecer, se pueden realizar vuelos de bautismo en aladelta ($ 50) y en trike ($ 30). También se programan tours aéreos para sobrevolar San Andrés y Luján ($ 30, el cuarto de hora).

Clases de iniciación para aprender a volar

Después del debut, hay quienes no aceptan despedidas. Es el caso de los que, después del bautismo, se interesan por descubrir los secretos de esta disciplina poco convencional.

Sin necesidad de contar con el equipamiento básico es posible acercarse al deporte mediante los cursos básicos. "El ABC consiste en aprender a desplazarse en tierra con las alas puestas, como si fueran propias", explica el piloto Miguel Angel López. Por supuesto, el curso práctico se complementa con módulos teóricos para conocer el nombre y la función de las partes de la nave, abordar conceptos de aerodinamia y conocer la acción de los vientos. En la segunda o tercera clase, los aprendices logran la prueba fundamental: comandar su primer vuelo solos. Después vendrán las prácticas que permitan alcanzar el último desafío: saludar al profe con la mano, a 500 metros de altura.

Los cursos de iniciación constan de diez encuentros y cuestan $ 600, con equipamiento, remolques y material teórico. Una vez superada la etapa elemental, se organizan viajes a Córdoba, La Rioja y El Bolsón para aprender vuelo en montaña.

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